Anna Forés lleva décadas investigando cómo el cerebro aprende y cómo ese conocimiento puede transformar las aulas. Su mensaje para los docentes es tan simple como urgente: la neuroeducación no es una moda, es evidencia científica que no se puede ignorar.
Anna Forés llegó a Chile como exponente e invitada principal del 2° Seminario de Innovación Educativa, organizado por la Fundación Mustakis. Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universitat de Barcelona, dirige la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st y es una de las voces más reconocidas de la neuroeducación en el mundo hispanohablante.
Su visita fue también una oportunidad para poner sobre la mesa algo que, a su juicio, no debería seguir siendo opcional: la incorporación de la neurociencia en la formación inicial de las y los docentes. "Es imprescindible", afirma sin titubear cuando se le pregunta al respecto.
En esta entrevista habla sobre los neuromitos más arraigados en las aulas, el rol de la tecnología en el aprendizaje, por qué el trabajo colaborativo entre docentes es clave, y cuál es el cambio de mirada más profundo que la neuroeducación puede provocar en quien enseña.
- ¿Qué es la neuroeducación y por qué debería importarle a cualquier docente, independiente de la asignatura que enseña?
La neuroeducación es la ciencia que estudia cómo aprende el cerebro y eso lo lleva al aula. Integra saberes de la psicología, de la pedagogía y de las neurociencias para comprender este sistema tan complejo que es nuestro cerebro, y aplicar ese conocimiento de cómo aprendemos a las diferentes aulas.
- ¿Cuáles son los neuromitos más arraigados en los docentes hoy?
Hay muchos estudios sobre neuromitos, pero uno de los más arraigados es creer que hay diferentes estilos de aprendizaje: que los chicos pueden ser más visuales, más auditivos o más kinestésicos. Sabemos que nuestro cerebro es más holístico. Es como si a una persona solo la estuvieras reforzando un canal, cuando lo que interesa es que se unan todos los canales. ¿Cómo aprende una persona a tocar una guitarra? No solamente oyendo, no solamente viendo, no solamente tocando, sino integrando todos sus saberes. Cuanto más sentidos integremos, mejor aprendizaje habrá.
- ¿Qué cambia concretamente en la práctica de un docente cuando entiende cómo funciona el cerebro de sus estudiantes?
Lo que cambia sobre todo es el cambio de mirada, el cambio de entender el porqué hay cosas que funcionan en educación o por qué no funcionan. La neuroeducación te viene a demostrar ese porqué, y eso te da más fuerza para decir: lo que estoy haciendo tiene sentido por esto, o lo que estoy haciendo sé que no va a tener sentido por esto otro.
- ¿Cómo conversa la tecnología con la neuroeducación, con los docentes y con los estudiantes?
Sin atención no hay aprendizaje, por tanto, todo lo que nos distraiga, es malo para aprender. Pero sí es importante hacer un buen uso de esa tecnología. Hay tecnologías que sí nos van a ayudar, sobre todo para atender la neurodiversidad, y ahora hay algunas aplicaciones que nos ayudan a dar buenos feedbacks o con todo el tema de la evaluación, que siempre ha sido el gran hito de la educación. Si las sabemos utilizar bien, no tenemos que tener miedo de ellas. El problema es que no las entendemos y no hacemos un buen uso de ellas. Por tanto, hay que alfabetizar a los maestros para que ellos puedan alfabetizar a los chicos.
- Desde tu experiencia, ¿qué tres consejos le darías a cualquier docente?
El primero es creer en el potencial de tu estudiante. No incapacitarlo porque te han dicho que no servirá, sino darle esa oportunidad de que despliegue su potencial.
El segundo, que no estás solo en el aula como profesor. Apoyarnos como docentes los unos con los otros. Muchas veces pensamos que es un trabajo aislado, de llanero solitario. Justamente, si nos apoyamos, donde yo no llego o cuando no he visto una solución para ese niño, a lo mejor otra persona la ve fácilmente. Es nuestra incapacidad la que incapacita al niño, no es otra.
Y el tercero es implicar a las familias. Cuando las familias están más implicadas en la comunidad educativa, hay mejores resultados. Porque todos formamos parte de la comunidad y todos estamos trabajando por el niño o por la niña.
- ¿Cuál crees que es el principal desafío de la neuroeducación en la actualidad?
Que se la tenga en cuenta para las políticas educativas. Si ya sabemos cosas, porque hay una herencia científica detrás, porque hay estudios detrás, que se tengan en cuenta en las políticas educativas.
- ¿Por qué un docente que todavía no conoce la neuroeducación debería comenzar a explorarla?
Porque es un hallazgo que está ahí, y si lo ignoras es como si en el campo de la medicina alguien hubiera descubierto un tratamiento y tú dijeras: no, ese tratamiento no. Pero ese tratamiento va a salvar muchas vidas. No puedes ignorar eso. Si es un avance científico, no podemos negarlo.
- ¿En qué momento la neuroeducación pasó de ser una moda a convertirse en una ciencia consolidada?
El problema es cuando la gente la utiliza como moda y le pone a todo "neuro": neuroliderazgo, neuroderecho, neuroamor. Esa es la que no queremos. Lo que nosotros queremos es la neurociencia desde la evidencia científica, la que nos da esos aportes y esos apoyos para nuestras decisiones educativas.