Docentes de Chile y Latinoamérica compartieron con Educarchile las prácticas que ya no aplican como antes. Sus respuestas revelan un cambio profundo en la forma de entender la enseñanza y el aprendizaje.
Hay prácticas que las y los docentes hacían sin cuestionarlas: dictar contenido, aplicar la misma prueba a todos, corregir con un “eso no se hace”. Hoy, muchos de esos hábitos han cambiado, o incluso desaparecido del aula, no porque alguien lo ordenara, sino porque quienes enseñan decidieron educar de otra manera.
A 25 años de su creación, Educarchile invitó a docentes, educadores y educadoras a compartir qué práctica que usaban antes ya no utilizan o la aplican de forma distinta. Las respuestas llegaron desde distintas regiones de Chile y otros países de América. Lo que emergió no fue nostalgia, sino una profunda reflexión profesional.
De transmitir a construir
La práctica más mencionada fue la clase magistral: esa estructura en que un docente expone y las y los estudiantes escuchan, copian y memorizan. Muchos señalaron haber abandonado ese modelo, o transformado profundamente su rol dentro de él, para dar paso a experiencias donde las y los alumnos tienen un papel activo en la construcción de los aprendizajes.
“Hoy más que nunca, educar implica enseñar a pensar, no solo enseñar contenidos”, señala el docente Gerard Figueroa Stanga. Su reflexión sintetiza algo que aparece, con distintas palabras, en casi todos los testimonios: el foco ya no está puesto en cuánto se cubre, sino en qué se comprende y cómo se aprende.
Eso también implicó dejar atrás el texto guía como eje único de la clase. “Llenar todas las guías mata cualquier ansia de conocimiento”, indica la docente Margarita Herrera. “Hoy educo más en ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), en aprendizaje vivo, con experiencias más que el clásico leer y completar. Flexibilizar el aula es necesario”, complementa.
Ese giro también tuvo una dimensión física. El docente Fernando Saavedra, describió el cambio así: “La disposición del mobiliario rígido en hileras. Terminé aplicando: disposición flexible, mesas colaborativas, rincones, estaciones de trabajo”, detalla.
Algunos docentes fueron más lejos y transformaron no solo cómo enseñan, sino qué tipo de práctica validan. Javier Alonso Jaque, profesor de lenguaje, lo formuló con un concepto propio: “He transitado desde una pedagogía de la producción textual aislada hacia una pedagogía de la curaduría crítica. No eliminé la escritura, la reorganicé para asegurar que la agencia humana y la creatividad del estudiante sigan siendo el motor del aprendizaje frente a la automatización”.
En otras palabras, el estudiante ya no solo escribe, sino que aprende a pensar, seleccionar y construir conocimiento a partir de múltiples fuentes.
La evaluación como herramienta, no como veredicto
Otro giro importante tiene que ver con cómo se evalúa. Varios docentes describieron el paso de una evaluación que medía y sancionaba, hacia una que orienta y acompaña.
“Antes, todas las pruebas eran para calificar. Ahora las uso para determinar cómo ayudar a los estudiantes a superar sus brechas. Y en esa misma línea, antes todos respondían el mismo instrumento. Hoy promuevo las adecuaciones”, revela la profesora Susan Lazo.
Este cambio también alcanzó las formas de demostrar el aprendizaje. Grimanessa San Martín, profesora, lo describió así: “Antes no diversificaba las evaluaciones. Hoy soy más flexible y evalúo las habilidades y capacidades de los estudiantes. Puede que no todos diserten, pero también cantan, escriben o actúan. Lo importante es que con lo que hagan puedan demostrar el logro de los objetivos planteados”.
Disciplina que pregunta en lugar de prohibir
Menos evidente, pero igualmente significativo, es el cambio en cómo se abordan las conductas en el aula. La docente Luz Hernández, describió una transformación sutil pero poderosa: “Al educar a un estudiante ya no le digo qué es lo que no puede hacer, le pregunto cuál es la forma correcta. La mayor o totalidad de veces saben cuál es la conducta correcta. Entonces, se autocorrigen y reflexionan”.
Detrás de ese cambio hay una convicción que varios docentes compartieron: que los estudiantes aprenden más cuando se les reconoce como capaces de pensar y decidir.
Una enseñanza que se reinventa para cada contexto
Algunos testimonios fueron más allá de prácticas específicas para hablar de una transformación más amplia en la forma de concebir la enseñanza. Jorge Zuñiga Guiltres, docente costarricense, lo resumió con claridad:
“He dejado de concebir mi trabajo de manera individual para avanzar hacia prácticas más colaborativas, tanto con otros docentes como con los propios estudiantes. El trabajo en equipo, la reflexión pedagógica compartida y la sistematización de buenas prácticas se han vuelto ejes centrales de mi ejercicio profesional”, explica.
Esa mirada también aparece en docentes que trabajan con estudiantes en situaciones más complejas. José Aguirre, docente de educación diferencial, lo formuló en estos términos: “He ido dejando de lado la idea de enfocarme en las dificultades, para comenzar a potenciar las fortalezas de cada estudiante, creyendo genuinamente en sus capacidades”.
Esta mirada, la del docente que aprende, se cuestiona y se transforma junto a su comunidad, es, quizás, la que mejor define el cambio de fondo que expresaron los testimonios. No se trata solo de actualizar herramientas o metodologías, sino de revisar qué tipo de experiencia educativa se está ofreciendo.
A 25 años del nacimiento de Educarchile, estas voces recuerdan que la educación no es estática. Y que quienes más la transforman, día a día, son quienes están dentro del aula.