El mundo está cambiando a gran velocidad, planteándole nuevos desafíos a la humanidad. Para abordarlos, es clave estar preparados para resolver problemas, una capacidad que los establecimientos están desarrollando mediante lo interdisciplinario. Conversamos con docentes del Colegio Alberto Blest Gana para conocer su experiencia trabajando con colegas de distintas asignaturas para conocer su experiencia bajo ese enfoque.
La falta de gestión eficiente de recursos como el agua y la energía y el manejo de las áreas verdes, junto con la escasa conciencia ambiental en la comunidad educativa y territorial inmediata, en un contexto de la crisis climática global, inspiró a docentes del Colegio Alberto Blest Gana a diseñar el proyecto interdisciplinario “Ecoinnovación Urbana y Ciudadanía Global: Soluciones Tecnológicas para Espacios Sostenibles”.
El desafío que le plantearon a sus estudiantes fue idear e implementar soluciones tecnológicas sustentables que respondieran a problemas socioambientales del entorno local, comunicando el impacto a un público internacional. El proyecto comenzó con un diagnóstico socioambiental territorial para identificar necesidades concretas de la comunidad y el análisis impacto de la escasez hídrica o la falta de áreas verdes.
Continuaron con el diseño y construcción de prototipos funcionales, como sistemas de riego automatizados con sensores, huertos sustentables y calentadores o sistemas solares. Para optimizar la gestión de recursos naturales y monitorearlos, utilizaron herramientas de programación o aplicaciones digitales, en tanto, para comunicar las soluciones y su impacto, realizaron una campaña de difusión y presentaciones en inglés.
Ese proyecto es un reflejo de lo que la UNESCO viene planteando para el futuro de la educación. En su informe Reimaginar juntos nuestros futuros, que propone un nuevo contrato social para la educación, el organismo sostiene que el mundo seguirá cambiando y que la escuela puede prepararse para eso cultivando de manera intencionada la capacidad de niñas y niños para reconocer y resolver problemas. Es decir, a través de proyectos que los lleven a trascender los límites entre disciplinas para encontrar soluciones viables e imaginativas.
¿Cómo se organizaron para implementar este proyecto?
Cristián Pino Molina, profesor de Historia y Ciencias Sociales del establecimiento, relata que la interdisciplinariedad se organiza a través de una matriz de articulación curricular y planificación conjunta, estructurada mediante espacios de reflexión pedagógica para analizar los Objetivos de Aprendizaje (OA) y las competencias transversales, con el apoyo de la plataforma Swarmob.
Además, se articula una temática común. "Se adopta un marco global, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como el eje integrador que vincula la perspectiva de las distintas asignaturas. De acuerdo a la Unidad Curricular que estemos trabajando con los estudiantes, decidimos un Desafío, un Planteamiento de Problema, un Objetivo General de Investigación con Objetivos Específicos e Indicadores por asignatura", explica.
De esta forma, la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, aportó la delimitación de la problemática territorial, el análisis histórico del impacto socioambiental en la comunidad local y el enfoque de participación ciudadana y derechos socioambientales; Ciencias para la Ciudadanía, los principios científicos, ecológicos y tecnológicos aplicados a la creación de prototipos, e inglés, las competencias comunicativas requeridas para elaborar la documentación técnica del prototipo, redactar manuales de uso (technical sheets), grabar cápsulas explicativas (pitching) y presentar las propuestas ante un panel o feria comunitaria internacional/global.
Lo interdisciplinar
Romina Iturriaga, profesora de Educación General Básica del mismo establecimiento, relata que en lo interdisciplinar es clave la promoción el trabajo colaborativo entre docentes, generando los tiempos, espacios de planificación, formación, acompañamiento y reflexión pedagógica. Tal como indica su colega, en esas instancias es posible identificar objetivos curriculares y habilidades comunes entre asignaturas, diseñar proyectos y construir rutas de aprendizaje en torno a preguntas o desafíos compartidos que permitan articular los objetivos curriculares y las habilidades de las distintas asignaturas.
Uno de los proyectos interdisciplinares en los que participó, “Desafío Metamorfosis en escena: historias que nacen y suenan”, pasó por ese proceso. La experiencia articuló Ciencias, Lenguaje, Artes, Música (con inteligencia artificial) y Tecnología, e incluyó una entrevista a una paleontóloga. “Ninguna asignatura podía resolver sola el desafío, y los proyectos pueden crecer y transformarse con la creatividad de los propios estudiantes”, sostiene Romina.
Se trataba de una experiencia inmersiva. Las profesoras presentaron una misión que invitaba a los estudiantes de segundo básico a convertirse en exploradores de la vida, investigar cómo nacen, crecen y se transforman los seres vivos y crear un espectáculo para compartir sus descubrimientos. Las y los alumnos recibieron sus credenciales de científicos y realizaron un juramento, comprometiéndose a investigar, colaborar, respetar las ideas de otros y perseverar, mientras que las docentes, caracterizadas como científicas, los invitaron a crear un espectáculo para compartir sus descubrimientos.
¿Existen evidencias de que funciona esta manera de enseñar?
Eder Pinto, académico del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de O'Higgins (UOH), se refiere particularmente al enfoque STEM, que integra ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, como uno de los ejemplos más concretos de interdisciplinariedad, que requiere adoptar modelos pedagógicos flexibles.
"Respecto de su efectividad, contamos con evidencia científica que muestra resultados favorables. Por ejemplo, Becker y Park (2011), en un metaanálisis de 28 estudios, encontraron efectos positivos de este enfoque sobre el aprendizaje de los estudiantes. Más recientemente, Zhou y colaboradores (2025), en un metaanálisis de 40 estudios con más de 15.500 estudiantes, también identificaron efectos positivos en el rendimiento académico", indica.
A su juicio, estos hallazgos son relevantes porque muestran que la interdisciplinariedad no consiste simplemente en reunir asignaturas, sino en generar oportunidades para que los estudiantes conecten conocimientos de distintas disciplinas y los utilicen para comprender y abordar problemas significativos. "Por supuesto, esto también nos recuerda que la interdisciplinariedad, por sí sola, no garantiza mejores aprendizajes: lo fundamental es cómo diseñamos e implementamos estas experiencias educativas", agrega.
Formación inicial
Pensando en los futuros profesores, Pinto añade que es clave que la formación inicial docente forme competencias que les permita interpretar lo que ocurre en las aulas, reflexionar sobre la propia práctica y tomar decisiones pedagógicas fundamentadas: “Si queremos formar profesores y profesoras capaces de desarrollar una enseñanza flexible, interdisciplinar e inclusiva, debemos procurar que ellos mismos tengan la oportunidad de experimentar esas formas de aprender durante su formación universitaria”.
De este modo, señala que en la Escuela de Educación de la Universidad de O’Higgins rediseñaron las siete carreras de Pedagogía, fortaleciendo una formación pedagógica común basada en un enfoque interdisciplinario que permite a los futuros docentes compartir experiencias de aprendizaje, integrar distintas perspectivas disciplinares y desarrollar herramientas para abordar colaborativamente los desafíos de la educación actual.
Prácticas pedagógicas De acuerdo con Talis 2024, un 58,9% de docentes en Chile presenta tareas para las cuales no hay una solución obvia; y un 74,2% asigna tareas que requieran que los estudiantes piensen de manera crítica. En tanto, un 65,4% pide a los estudiantes que decidan por sí mismos los procedimientos para resolver tareas complejas.
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