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Decía el escritor Rafael Alberti que, "Lorca, cuando cogía unos lapicillos de colores o la misma pluma con la que escribía sus poemas, seguía teniendo una frescura de fontana, una gracia como de juego en la calle, de sonrisa de patio, de gallo de veleta, de todo aquello que había visto -u oído- no sabía cuándo con los ojos de su niñez granadina: jarrones con peces y flores, vírgenes atravesadas por puñales, niñas en las ventas y azoteas, ángeles de las torres, manolas, arlequines, bandoleros y marinerillos ebrios y enamorados, todos los temas y figuras de su poesía lírica y dramática, hasta el momento del "Romancero Gitano", un año antes de irse a Nueva York, época en que cambia su estilo, contagiado sin duda por la atmósfera surrealista que ya se expendía por casi toda Europa."
Los dibujos de García Lorca van paralelos a sus escritos. En realidad son expresiones inspiradas en lo que escribe, ya sea poesía, drama, o simplemente cartas a sus amigos o conocidos.
Como en el resto de su obra lírica y dramática toma los temas que obsesionaban a Lorca: la naturaleza vista en la vega de Granada; también retratos, de amigos, de gitanas, de marineros, de payasos. Hay vírgenes, expresión pictórica del folklore que tanto sedujo a García Lorca y "la muerte", otro tema recurrente que incluso lo llevó a representar delante de sus compañeros de la residencia de estudiantes de Madrid su propio entierro. Hasta su muerte, Lorca nunca dejó de dibujar: bailarinas, gitanas, marineros, damas con mantilla. Casi siempre trasluciendo dolor, "dolor de enamoramiento", han dicho sus biógrafos, "el dolor del amor que sufre".
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