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Historia de una explotación irracional

El bosque nativo chileno ha estado, históricamente, sujeto a criterios de explotación comercial. Salvo las últimas dos décadas, el bosque fue "consumido" o destruido sin ninguna planificación.

Tronco de árboles talados y desparramadosLo que hoy entendemos por "manejo", es decir, la aplicación de criterios comerciales, técnicos y científicos para el cultivo y explotación del bosque, ha sido una práctica que se ha aplicado en Chile recién en los últimos años. Si miramos la historia, la tala indiscriminada, la quema y el nulo respeto por valiosas especies nativas ha sido la tónica. Hoy, la vulnerabilidad del bosque chileno hace necesario que tomemos conciencia de la importancia de protegerlo y cuidarlos. De ello depende, y mucho, nuestra propia sobrevivencia en el planeta.

El bosque durante la conquista española


Debemos imaginar que durante miles de años los cambios que intervinieron en el bosque nativo fueron exclusivamente naturales, es decir, cambios en el medioambiente que alteraron la composición y la distribución de los bosques. La llegada del hombre a las regiones boscosas del territorio chileno habría ocurrido hace 11.000 años. Sin embargo, estas poblaciones humanas eran muy pequeñas y de tecnología muy rudimentaria, por lo que su efecto sobre el bosque fue mínimo.

Las crónicas históricas lo verifican, ya que la acción humana se habría reducido sólo a la quema de vegetación para la preparación de campos de cultivo, y para el pastoreo de animales tales como llamas, alpacas y guanacos traídos por los incas a la zona central de lo que hoy es Chile. Se sabe que a la llegada de los españoles, existían numerosas zonas "despejadas" y utilizadas para la agricultura y la ganadería entre el Bíobío y el seno de Reloncaví (Puerto Montt).

Como es fácil de imaginar, con la llegada de los españoles al territorio chileno, la acción del hombre sobre el bosque se hizo más intensa. La destrucción por medio del fuego de grandes extensiones de territorio para desarrollar la agricultura y la ganadería aumentó considerablemente respecto del período prehispánico (antes de la llegada de los españoles). Es, precisamente, durante el período colonial cuando se inicia la llamada "tala selectiva", es decir, la explotación de determinadas especies para su empleo como madera, usos medicinales, frutas o corteza. Algunas de éstas especies fueron el quillay (Quillaja saponaria), el canelo (Drimys winteri), el boldo (Peumus boldus), la palma chilena (Jubaea chilensis), el ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis)o el roble pellín (Nothofagus obliqua),entre muchos otros.

Los "nuevos colonizadores"


La resistencia del pueblo mapuche a los conquistadores españoles durante tres siglos en el territorio comprendido entre el sur del Bíobío y el Calle-Calle, constituyó una "frontera natural" para el avance español hacia el sur del territorio. Asimismo, resultó ser una reserva natural debido al "aislamiento" del que fuera, afortunadamente, víctima dicha región. Con la derrota de los mapuche en la llamada "Guerra de Pacificación" en 1881, se inicia un nuevo proceso de colonización, esta vez protagonizado por italianos y suizos, lo que significó nuevas necesidades de territorio cultivable, madera y transporte.

Más al sur, entre el río Calle-Calle (Valdivia) y el Seno de Reloncaví (Puerto Montt) los españoles lograron doblegar a los huilliches que habitaban el llano central (entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa), quienes abandonando estas áreas despejadas y habilitadas para el cultivo agrícola y la ganadería, permitieron una natural reforestación con el crecimiento de renovales de roble, laurel, lingue, olivillo, entre otras especies arbóreas.

Distinto fue el destino de los bosques situados en las riberas del Seno de Reloncaví y la Isla de Chiloé, ya que los colonizadores españoles iniciaron una importante tala de bosques de alerce (Fitzroya cupressoides), tarea que continuarían dos siglos más tardes los colonos alemanes traídos por Vicente Pérez Rosales a partir de mediados del siglo XIX.

Conocidos son los relatos de las dantescas quemas de alerzales en los territorios aledaños a la ciudad de Puerto Montt a partir de 1850. Bosques enteros de alerce ardían durante días para dejar terrenos despejados y aptos para el cultivo agrícola de la nueva "hornada" de colonizadores.

Es así como, a partir de la llegada de los españoles en el siglo XVI, aumenta rápidamente la población y, en consecuencia, las necesidades de alimento, transporte y construcción. Por ende, aumenta la necesidad de subdividir las tierras, el cultivo agrícola en grandes proporciones, la construcción de durmientes para las vías férreas, madera para casas y puentes, etc. Es decir, la destrucción masiva del bosque fue víctima directa de la sucesiva llegada de colonos a Chile.



El bosque chileno hoy

Una de las causas más importantes para la destrucción del bosque nativo es el creciente reemplazo de éste por plantaciones exóticas. A este fenómeno se le ha llamado "sustitución". Dicha sustitución se concentra en la Cordillera de la Costa, entre la VIII y la X Región y afecta primordialmente a bosques nativos jóvenes o renovales.

La sustitución de bosque nativo por especies exóticas puede ser irremediablemente dañina para el medioambiente. Ésta se realiza primero a través de la "tala rasa", es decir, la corta total del bosque. Luego, se extrae la madera que se puede aprovechar y, más tarde, se quema todo el material de residuos (astillas, ramas, etc.). A menudo se aplican herbicidas, los que "matan" los nutrientes naturales del suelo. Es así como el rico suelo, lleno de vida, minerales y elementos nutritivos, sufre pérdidas inmensas. La quema, por otro lado, destruye la capa vegetal y, en consecuencia, la microfauna y microflora (minúscula vida animal y vegetal).

Otro problema de la sustitución con pino y eucalyptus es la pérdida de agua. Por ser éstas especies de rápido crecimiento, consumen gran cantidad de agua (aproximadamente un 60% más que un bosque natural). Ello no sólo erosiona el terreno por medio del "secado" de él, sino, también, repercute en los habitantes de lugares con plantaciones exóticas y sus cultivos, quienes ven disminuida la cantidad del precioso y necesario recurso agua. A todo este proceso se le ha denominado "erosión".

Una de las especies forestales más polémicas debido a lo rápido de su crecimiento (rentabilidad en su producción) y lo dañino de sus efectos sobre el terreno, entre otros, es el pino insigne o radiata (Pinus radiata). Originario de California, Estados Unidos, entre sus ventajas está la de una excelente capacidad de adaptación al clima y el suelo del país. Además, alcanza mejores niveles de crecimiento, y en menos tiempo, que los de su país de origen.

El pino insigne fue introducido en Chile en la década del los `80 del siglo XIX, y hasta principios del siglo XIX fue cultivado con fines estrictamente ornamentales. Inmediatamente después, comenzó a ser utilizado por primera vez de manera masiva en las minas de carbón de Lota, debido a la creciente escasez de maderas nativas que ya se empezaba a experimentar en ésa época. Así es como en la localidad minera de Lota comienza la carrera del pino insigne como una especie requerida y popular entre los productores de madera. A partir de la década de los `40 su producción aumenta aceleradamente, registrándose su mayor superficie en las costas de Arauco y Concepción.

Otra especie exótica de gran aceptación en nuestro país, es el eucalyptus (Eucalyptus Globulus Labill). Originario de Australia, existen más de 600 especies reconocidas en el mundo. Al igual que el pino insigne, el eucalyptus muestra un crecimiento de extraordinaria rapidez y gran adaptabilidad al clima y suelos chilenos.

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