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Ficha temática

El legado colonial

 EL LEGADO COLONIAL (1600 a 1810)

El concepto de Colonia denomina así a uno de los periodos más largos de la historia de Chile, también el concepto es extensible a la Historia General de América. La colonia podemos dividirla claramente en dos siglos: A). Siglo XVII, entre 1600 y 1699 con la muerte del último rey de la Casa de Habsburgo o Austria, Carlos II, denominado el hechizado. Esta etapa ve la decadencia del imperio forjado por los Reyes Católicos , Carlos V y Felipe II. Durante el Siglo XVII, la mayoría del continente americano esta subyugado y está bajo la administración del Real Consejo de Indias y del Derecho Indiano. B). El Siglo XVIII, ve la llegada de los reyes Borbones de origen Francés, siendo el Primero de Ellos Felipe V, llegando España durante el reinado de Carlos III (1759 – 1788), a alcanzar un sitial casi tan importante como durante el siglo XVI. Durante este etapa hay un importante cambio administrativo, los problemas de América, los ve ahora la Secretaria de Marina e Indias. Durante este periodo se producen a nivel mundial la revolución de las ideas, lo que se llamo el siglo de las luces, como así también la Revolución de Independencia de Estados Unidos, 4 julio de 1776, colonia de Inglaterra. Además la Revolución Francesa el 14 de julio de 1789. Con ello llegan tímidamente a América ideas de libertad e igualdad. Podemos decir que es en la Colonia cuando Chile, define su ser nacional. Este breve resumen ha dejado afuera algunos aspectos importantes como la cultura, la educación, el arte, la literatura, las relaciones con otros países, la llegada de piratas, corsarios y otros viajeros, no podemos olvidar que el gentilicio chileno, se debe precisamente a la denominación que dieron los corsarios europeos a los indígenas del sur de nuestro país, cuando intentaron durante el siglo XVII, hacer una alianza para derrotar a los españoles.

Economía: En cuanto a la economía imperial, durante el siglo XVII esta la manejaba La Casa de Contratación ubicada en Sevilla y luego en Cádiz. El sistema económico era el del monopolio, que tenía su expresión en el sistema de Flotas y Galeones, que venían dos veces al año y traían todos los productos que los americanos necesitaban, y compraban los productos que desde aquí se producían, claro que el precio de compra y ventas lo ponía España. Durante el Siglo XVIII este monopolio viene a romperse, primero con la introducción de productos de contrabando ingleses y franceses, luego con el sistema de Navíos de registro del Cabo de Hornos, en 1740. Luego vendría el decreto de libertad de comercio dictado por Carlos III en 1778. En Chile fue la Hacienda la principal Unidad Económica, durante el siglo XVII, fue el periodo ganadero, usándose la carne y especialmente el sebo y el cuero. Durante el siglo XVIII, fue el periodo de la agricultura, exportándose el trigo en especial al virreinato del Perú. Además se comienza a desarrollar ya fuertemente la minería.

La Guerra de Arauco: Esta mantuvo toda su dureza durante todo el siglo XVI y parte del XVII, Desde 1601 se había instalado por parte de Alonso de Ribera el Río Bío Bío, como frontera permanente, se había formado un ejército regular y para ello se había conseguido el financiamiento real, mediante un impuesto llamado Real Situado, que era enviado desde el Perú. Luego hubo distintos sistemas de Guerras, la defensiva, propuesta por el jesuita Luis de Valdivia, y la de esclavitud, que consistía en hacer esclavos a los indios mayores de 9 años y a las india mayores de 8 años, este fue el sistema favorito de los españoles, ya que así lucraban con la guerra. También se ensayaron los Parlamentos, que eran grandes conversaciones intercambio de presentes y se firmaba la paz, este no tuvo mucha validez, por la fragilidad política de los mapuches. Pero, lo cierto es que desde mediados del siglo XVII se estableció una relación de frontera, primero de tipo económico y luego social, amical e incluso familiar, que modero mucho la guerra.

Sociedad: Por sociedad podemos entender el conjunto de personas que forman el tejido social, y como estos se organizan para poder desarrollar su vida. En ocasiones la sociedades pueden ser de clase, casta , educación u otro factor. El siglo XVII vio constituir una sociedad Pigmentocrática, es decir basada en el color de la piel. En el vértice de esta pirámide social, se encontraba el grupo blanco, compuesto por peninsulares y criollo, luego el grupo moreno donde destaca los mestizos, que ya son un grupo demográfico de gran importancia, también aquí se cuentan los pueblos originarios, como también los mulatos y los zambos, por último también estaban los negros, que en Chile fueron bastante minoritarios, por lo caro de su internación al país. Podríamos decir que el siglo XVIII mantiene una estructura similar. Aquí aparece un grupo que a la postre se convertirá en fundamental para el proceso de independencia, la unión de los vascos con los criollo chilenos, Francisco Antonio Encina, acuño el concepto de Aristocracia Castellano Vasca, para denominar a este grupo. Lo cierto es que este grupo formo la oligarquía criolla y fueron ello el grupo más dinámico en los procesos de independencia.

La consolidación del Derecho Indiano: La colonia representa el momento histórico de mayor duración, por lo que es la etapa de la historia americana donde se acrisolan la mayoría de las costumbre y tradiciones de nuestra cultura. En este contexto el Derecho indiano, concebido como el conjunto de leyes y normas jurídicas que rigen y regulan la vida de las colonias, adquiere su mayor expansión y se enraizaran en nuestra tradición jurídica, hecho que se ve reflejado posteriormente en todo el aparataje constitucional, político y legal de Chile y de la mayoría de los países de habla hispana.

Administración Española en América

La administración de sus dominios en América bajo los siguientes principios:

• Centralismo: la monarquía absoluta gobernaba sus dominios desde Madrid con un rígido sistema de leyes que era puesto en práctica por una burocracia bien jerarquizada.

• Reglamentarismo: todas las actividades y funciones de los súbditos y de los funcionarios estaban reglamentadas mediante leyes, cédulas reales, acuerdos de las audiencias y resoluciones de los cabildos.

• Intervencionismo: el Estado intervenía en todas las actividades cotidianas como profesiones, educación, vestidos, armas que se podían llevar y en la comercialización de todos los bienes.

• Uniformidad: se aplicaban normas y se tenían instituciones comunes para todo el territorio colonial.

• Casuismo: se legislaba para responder a las necesidades del momento.

• Burocracia: el Estado era el principal empleador y además entre españoles y criollos existía un marcado rechazo al trabajo manual por lo que éstos sólo aspiraban a vincularse con la administración pública. La burocracia se caracterizó por su falta de preparación, propensión a la corrupción y recibir numerosas prebendas.

• Concentración de poderes: el Rey concentraba todo el poder, pero delegaba en sus funcionarios algunas facultades para legislar, gobernar y juzgar.

• Control recíproco: la administración colonial se basaba en la desconfianza y el temor al abuso del poder, por lo que las instituciones se vigilaban mutuamente e influían en las decisiones de las otras. Esto se complementaba con medidas de control sobre ciertos funcionarios, así se usaba el juicio de residencia y la visita.

La administración colonial estaba organizada de la siguiente manera:

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Rey: era la principal autoridad gobernaba en España y parte de América en calidad de monarca absoluto, en su persona se reunían los tres poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial). El vasto poder que el rey tenia significaba dominar América desde España, ahí la necesidad de contar con autoridades que lo representaran en territorios de ultramar.
Para gobernar España crearon dos organismos importantes que funcionaban en España:

Casa de contratación: fundada en Sevilla en 1503, su cargo era todo lo relativo con las expediciones, conquista, colonización, comercios y navegar entre España y América. Otorgaban los permisos de emigración, organizaba la información geográfica para elaborar mapas y rutas marítimas, preparaban pilotos para dirigir la escuela de navegación, juzgaba delitos de contrabando, recaudaban los impuestos llamado quinto real.
Consejo de Indias: fue creado en 1519 como parte del Consejo de Castilla. En 1524 se reorganizaron de forma independiente. Su función era la organización de leyes, ordenanzas y reales cédulas aplicables en América. Examinaban la conducta de los funcionarios salientes en cargos importantes en territorio y eran múltiples funcionarios (juristas, cosmógrafos, oidores (jueces) y cronistas entre otros.


 División político-administrativa de las colonias americanas.

El virreinato: era la unidad territorial más grande en América. El más importante fue el virreinato del Perú, creado en 1542. Podían ser capitanías generales, cuando dicha jurisdicción se encontraba con problemas de sublevación como en el caso de Chile y Venezuela, había sido plenamente sometida por los españoles.

Autoridades en América.

El Virrey: era la más importante autoridad enviada por el rey a las colonias, tenia poder ejecutivo, judicial, militar y económico, pero tenía prohibiciones como contraer matrimonio en América, los gobernadores y oidores de la Real Audiencia, debía someterse a juicios de residencia al final de su mandato.

Los gobernadores: eran nombrados por el rey y dependían administrativamente de los virreyes.
Los oficiales reales eran quienes vigilaban los pagos de impuestos y rentas de la Corona, también los corregidores que tenían a su cargo los partidos o subdivisiones de una gobernación.

La Real Audiencia: era un tribunal superior de justicia.  Este tribunal informaba al rey sobre la conducta de los funcionarios y velaba por la protección de los indígenas. En Chile, el primer tribunal de este tipo se creó en Concepción en 1567. Comenzó a funcionar en forma permanente en Santiago desde 1609.

Los Cabildos: Representaban a los habitantes de las ciudades en las cuales se emplazaban, en el siglo XVIII, algunos de estos cargos comenzaron a tomados, designados por los reyes.
Los funcionarios de los cabildos eran: Alcaldes, cuatro regidores, un alguacil mayor, un alférez real, un fiel ejecutor, un alarife y un mayordomo, quien cuidaba el edificio del cabildo. Las funciones del cabildo eran velar por el aseo, el ordenamiento de calles, paseos y plazas.
Se realizaba clases de reuniones:
Cabildos cerrados, los que participaban solo miembros oficiales.
Cabildos abiertos, a los cuales se invitaba a los principales vecinos para tratar un tema grave de orden.

Corregidor: Dirigía los corregimientos o unidades territoriales menores, similares a las provincias actuales. Reunía poderes administrativos, judiciales y militares, y resolvía los litigios locales y dictaba fallos en casos criminales.

La ciudad Colonial:
Otro aspecto destacado de la sociedad colonial lo constituyó la organización de la ciudad, donde se materializó la mentalidad urbana de la Europa renacentista, que albergó todos los estratos sociales, étnicos y culturales. La ciudad colonial sirvió para controlar la sociedad, facilitó la comunicación y la diferenciación social a través de celebraciones civiles y religiosas; de igual manera fue el lugar del mestizaje étnico y cultural, gracias al contacto cotidiano de todas las clases sociales. Allí se consolidaron todas las profesiones nobles y los oficios, de menor consideración social, aunque de gran valor productivo.
Los habitantes de la ciudad se dividieron en vecinos o propietarios que concentraron el poder local y moradores que eran todos los habitantes españoles y criollos de la ciudad pero sin propiedad.
Las ciudades coloniales se construyeron siguiendo las orientaciones de la Corona y manteniendo la idea de la cuadrícula española, originada en el campamento romano, que permite el crecimiento urbano a partir de la plaza central.

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La Cultura Colonial

Desde la llegada de los europeos a América, se impusieron sus valores, principios y manifestaciones culturales. Toda la cultura de los pueblos indígenas fue relegada a un segundo plano e incluso prohibida tal como sucedió con las manifestaciones y fiestas religiosas nativas, de manera que se implantaron las lenguas peninsulares, es decir, el castellano y el portugués, la religión católica, las costumbres y todas las formas de expresión folclórica de los colonizadores blancos. En general, los peninsulares y criollos impusieron sus valores culturales gracias a la influencia de la Iglesia católica que, además de tener gran poder económico, controlaba la educación, la evangelización y por lo tanto las festividades y el arte. Sin embargo, es importante anotar que con el correr de los años se fueron consolidando una serie de manifestaciones culturales mestizas, producto de la mezcla de expresiones peninsulares con algunas manifestaciones de la cultura indígena y de los aportes introducidos por los esclavos africanos.

Sincretismo cultural

La asociación entre las creencias y costumbres indígenas y españolas resultó en lo que se conoce como sincretismo, es decir la fusión de elementos de culturas distintas, que se manifiesta en diferentes ámbitos de nuestra vida cotidiana.

Sincretismo religioso

El sincretismo cultural se manifestó principalmente en las prácticas religiosas, ya que la imposición del cristianismo no logró eliminar las concepciones religiosas de los indígenas.
Así, por ejemplo, algunas creencias indígenas fueron vinculadas con ritos cristianos, dando origen a nuevos cultos, como el de la Virgen de la Tirana en el norte de Chile, en el que tras la adoración a la madre de Jesús aparece la figura de la Pachamama o Madre Tierra.

Sincretismo en la alimentación

El sincretismo también se manifiesta en la dieta, la que pasó a incluir la papa y el maíz, productos de origen americano.

Sincretismo lingüístico

También en la lengua española se verifica la inclusión de voces indígenas como canoa, hamaca, batea, cacique y ají, entre otras, las que aparecieron desde muy temprano en las cartas y relatos de los cronistas españoles.
Es común, por ejemplo, que muchos topónimos (nombres propios de lugares) sean de origen indígena.

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La Economía colonial

La economía colonial entre España y América desde el inicio de la Conquista, España estableció un estricto monopolio comercial con sus colonias americanas, que se fundamentó en tres principios:
• El derecho de conquista, ratificado por las bulas papales.
• El principio de exclusividad que decía relación con el legítimo derecho de España a limitar los intercambios de sus colonias con la metrópoli, con exclusión de las demás naciones.
• El principio mercantilista que sostenía que la acumulación de metales preciosos constituía la riqueza de una nación.
Todo producto obtenido de las colonias debía ser traspasado a la metrópoli, la que además mantenía la soberanía económica y jurisdiccional sobre ellas. Los principales productos explotados en América fueron el oro y la plata. Potosí, por ejemplo, en el Alto Perú (actual Bolivia) produjo enormes cantidades de plata, al igual que Zacatecas en Nueva España (actual México).
Los impuestos aplicados sobre las actividades comerciales financiaban la administración  monárquica, mientras que la Iglesia obtenía sus recursos del diezmo cobrado a los criollos, y las órdenes religiosas se mantenían con donaciones de los fieles.
El monopolio funcionó centralizando todo el comercio de las Indias en un solo puerto, una forma de facilitar el control sobre el tráfico de mercancías y el cobro de impuestos. La sede de este sistema fue hasta 1717 la ciudad de Sevilla y luego se trasladó a Cádiz, ambas ciudades españolas. La migración hacia América también fue supervisada con el objetivo de evitar el arribo de personas de otras potencias europeas o de creencias distintas a la cristiana. Todos estos controles estuvieron a cargo de la Casa de Contratación.

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La soceidad Colonial:

La podemos dividir en tres fases

a. La Aristocracia.
En esta sociedad los conquistadores constituyeron  un grupo de privilegiados que disfrutaban del oro de los lavaderos, de la tierra que les fue otorgada en merced y de la mano de obra indígena que les entregó el sistema de encomiendas.
Sus descendientes gozaron esos mismos privilegios. Este grupo, pequeño en un principio, se vio incrementado considerablemente con la llegada de nuevos contingentes de guerreros y servidores que pasaban a la nueva tierra, a la vera de gobernadores y capitanes.

b. El Grupo Medio.
Estaba compuesto en su mayoría por  los descendientes de villanos que ejercían oficios manuales; por mayordomos y empleados de confianza, artesanos, escribientes, alguaciles, soldados, oficiales de baja graduación, inquilinos.
Eran españoles de nacimiento o criollos, y algunos mestizos que no acusaban rasgos indígenas.

  c. Los Grupos Bajos.
Está constituido por la gran masa formada por mestizos indios, negros y mulatos. Durante la Colonia la ordenación jerárquica de la sociedad impidió la movilidad social y estos sectores quedaron sumidos en el más completo anonimato.

La Hacienda:
A partir del siglo XVII, la unidad productiva fundamental en Chile fue la hacienda, una propiedad o finca de gran extensión, en la que se desarrollaban actividades agrícolas, ganaderas, artesanales e incluso mineras. Las haciendas de esta época eran trabajadas principalmente por indígenas de encomienda, indios esclavizados y un número reducido de esclavos africanos.
Las haciendas provenían de las antiguas mercedes de tierra, grandes extensiones de territorio que
la Corona concedió, durante el siglo XVI, a los capitanes o militares de las empresas de conquista y a algunos funcionarios destacados por sus méritos o servicios. En Chile, solo un grupo reducido de
españoles recibió este tipo de recompensas, las que heredaron a sus familias y a sus sucesores. La mayor parte de estas mercedes fueron otorgadas al sur del río Maule y en los valles del Norte Chico, entre La Serena y el río Aconcagua. La Iglesia también fue una activa propietaria de haciendas, las que provenían de donaciones, legados, o incluso compras. La producción de las haciendas durante gran parte del siglo XVII estuvo destinada principalmente al consumo interno y, en segundo lugar, al comercio exterior con el virreinato del Perú, principal comprador de productos chilenos.
La tierra empezó a adquirir un alto valor, lo que llevó a una gran presión por ocupar los terrenos que quedaran disponibles. Esta consolidación de la hacienda hizo necesario contar con mayor cantidad de mano de obra, para lo que se contrataron peones libres -en su mayoría mestizos-, que trabajaban a cambio de alimentos y algo de dinero.
Además de bienes agrícolas, la hacienda encerraba faenas artesanales, para satisfacer las necesidades de quienes tenían menos recursos, como los aborígenes, los campesinos y los mestizos. Las mujeres se dedicaban a la elaboración de ponchos y frazadas; se fabricaban objetos de cerámica con greda y se trabajaba la madera, el hierro y el cuero.
Durante este siglo se estableció una nueva estructura social agraria, donde la cabeza, en orden jerárquico, era el hacendado o patrón de la hacienda; bajo él se encontraba el resto, entre capataces, peones, inquilinos y vaqueros. En esta nueva estructura, cada cual se distinguía del otro por su vestimenta.
Dentro de la misma hacienda, existía también un sistema de préstamo, donde el patrón entregaba a crédito productos como azúcar, yerba mate, tabaco y aguardiente. Los peones recibían esto a cambio de su trabajo futuro, manteniéndose constantemente endeudados con su patrón, lo que los llevó a estar siempre por debajo del hacendado, ejerciendo este un fuerte poder a nivel social.
En 1687, un devastador terremoto en el sur de Perú desató una peste de polvillo negro que arruinó por varios años seguidos las cosechas de trigo en esa región. Esta situación aumentó la demanda por el cereal hacia regiones cercanas, lo que impulsó a las haciendas chilenas a reorientar su producción hacia el cultivo del trigo, respondiendo de esta manera a la demanda del virreinato. Así, en el siglo XVIII, el trigo se convirtió en el producto principal de la economía del reino, que los mercaderes exportaban exclusivamente a Perú. El intercambio se completaba con
la importación de productos de consumo cotidiano y artículos de lujo que eran adquiridos por los grupos más acaudalados de la sociedad chilena. Este intercambio estuvo liderado al principio por los comerciantes limeños, que controlaban también el comercio con España. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVIII, los comerciantes chilenos comenzaron a disputar ese mercado, una vez que fue permitido el intercambio directo entre puertos españoles y americanos en la Ordenanza de Libre Comercio de 1778.

Sistema de trabajo en la hacienda:

Durante el siglo XVII era frecuente que esas tierras se entregaran a los inquilinos, que eran trabajadores mestizos, indígenas libres y españoles pobres, para que se asentaran en ellas. Allí criaban ganado y cultivaban la tierra, marcando de esta manera los límites de las grandes propiedades. En un principio, la cosecha de esas tierras servía para su propio consumo a cambio de un pago en dinero o especies al dueño. A partir del siglo XVIII, comenzó la práctica de que los inquilinos pagasen con trigo y ganado a los propietarios, además de la obligación de asistir a rodeos y trillas, faenas que se realizaban, respectivamente, para la marcación del ganado y la separación de los granos de cereal de trigo. Ello aumentó la dependencia del inquilino respecto de los dueños de tierras. El inquilinaje se extendió como forma de tenencia de la tierra y de trabajo, coexistiendo con los esclavos y los peones, trabajadores mestizos que recorrían el campo ofreciendo su mano de obra en las haciendas.
Era frecuente que los inquilinos se endeudaran con los hacendados por compras a crédito que realizaban en las pulperías, almacenes de propiedad de los mismos hacendados, donde se vendían diversos productos, como mate, azúcar, tabaco y aguardiente, que los inquilinos terminaban pagando con más tiempo de trabajo. Este sistema derivó en una especie de servidumbre rural que se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX, pues los inquilinos quedaban sujetos a la hacienda al tener que pagar con trabajo extra y servicios a sus dueños.

EL HACENDADO:

Era el dueño o patrón, encabeza la pirámide social y es el dueño de la tierra, para asegurar su pertenecía y legado existe el mayorazgo Son cuando heredan todas las propiedades de los criollos a su hijo mayor, solo podía ser hombre y el mayor. El objetivo del mayorazgo era mantener la misma cantidad de tierras y no dividirlos.

PEÓN DE HACIENDA:

Se contrataba a cambio de comida y jornal, trabajan por temporadas, constituyen la marginalidad rural.
El control social lo tiene en poder la hacienda, pero no pueden controlar a los peones ya que son libres. El peón vive en ranchos, luego se van a otro lugar a la misma rutina de siempre
Desde la segunda mitad del siglo XIX, el valle central chileno se transformó como consecuencia del auge cerealero. Una de las transformaciones sociales más visibles que éste generó fue el aumento de la población flotante en los medios rurales. La tierra se volvió un medio altamente rentable, lo que incentivó la inversión en bienes de capital y la expulsión de buena parte de la población que vivía en las haciendas bajo el sistema de inquilinaje. Miles de hombres fueron forzados a migrar en busca de trabajo en obras públicas, servicios urbanos, minas o en la temporada de cosecha, período en el cual las haciendas cerealeras contrataron a un gran número de peones temporales que trabajan en las haciendas a cambio de alimentos.

INQUILINO: 

Ellos obtienen un pedazo de tierra y vivienda del hacendado pueden tener allí animales propios. A cambio ellos deben trabajar gratuitamente en la cosecha, trilla, cuidando animales. Etc. Todas las labores para obtener productos agrícolas y ganaderos .El inquilino llega con su familia a vivir en el territorio que le entrega el hacendado. El inquilino que obtiene la mayor confianza del hacendado se queda como el capataz

PARCELEROS O LABRADORES:

Obtenían  un pedazo de tierra y lo siembran. Pagan un arriendo mensual o anual, o también entregaban la mitad de su cosecha. Algunos parceleros  obtenían pequeños pedazos de tierra afuera de las haciendas por motivos especiales

 

La explotación minera colonial

Se estructuró fundamentalmente en torno a los tres metales tradicionales: el oro, la plata y el cobre. Durante el siglo XVI, la producción de oro repuntó en el siglo XVIII, reemplazando a los lavaderos por las minas de Andacollo, Chucumata, Copiapó, Inca, Catemu y Petorca. Por su parte, la minería de la plata sólo adquirió importancia durante el siglo XVIII, cuando comenzó la explotación de minas en Copiapó, las que apoyadas por las de Uspallata y San Pedro Nolasco y las minas de azogue de Punitaqui y Quillota, permitieron generar una pequeña producción de plata. Por último, la minería del cobre comenzó a fines del siglo XVII, cuando se trabajaron minas en pequeña escala en Coquimbo para enviar cobre al Perú para la fabricación de cañones, luego se sumaron diversas minas en la zona de Atacama y Aconcagua.
De esta manera, a fines del siglo XVIII, las ordenanzas mineras y el auge de la plata y el cobre en Atacama y Aconcagua, permitieron el desarrollo de un gremio minero, el cual era apoyado por el gobierno colonial a través del denominado Real Tribunal de Minería. Esta misma institución encargó al jurista Juan Egaña un informe sobre el real estado de minería en la Capitanía General de Chile, cuyo resultado, presentado en 1803, informó sobre la lamentable falta de tecnología de los mineros y la pobreza de su gremio. Esta preocupación por la minería siguió durante el siglo XIX, iniciándose un nuevo ciclo en la minería nacional.

Sistema de trabajo minero:

Cuando los españoles llegaron a América, venían con la intención de enriquecerse rápidamente a costa de lo que esta tierra les ofreciera, para lo que obligaron a los aborígenes a trabajar en todo tipo de faenas. Los gobernadores, a nombre del rey, encomendaban grupos de aborígenes a cada dominador español, para que estuviesen bajo su tutela y mando. Este sistema fue más conocido como encomienda, y cada español a cargo de un grupo de indígenas recibió el nombre de encomendero. Según las intenciones de cada gobierno español, los aborígenes debían pagar tributos al encomendero, en especies o dinero. Pero ellos no se conformaban con eso; además los obligaban a trabajar arduamente, lo que se mantuvo constante durante esta época en Chile.
Sin embargo, a cambio de los beneficios que recibían los encomenderos, debían cuidar a sus aborígenes, proporcionarles alimentos, ropa e integrarlos a la fe cristiana. Pero esto nunca se cumplió; solo se encargaron de hacerlos trabajar muy duro para obtener la mayor cantidad de beneficios personales, cometiendo grandes abusos en contra suya.
Con el tiempo, los aborígenes fueron disminuyendo, por lo que a la encomienda se le restó importancia, hasta su abolición, aprobada por el rey y puesta en práctica más tarde por el gobernador Ambrosio O'Higgins.
Al finalizar el período colonial, los mestizos se habían convertido en la principal fuerza de trabajo. Los esclavos negros tuvieron menor importancia, dado su alto precio y el riesgo que significaba que pescaran alguna enfermedad o murieran.

 

Reformas Borbónicas:

Eclesiásticas:
A lo largo de los siglos XVI y XVII la corona, gracias al Real Patronato, ejerció un poderoso control sobre la organización financiera, institucional y judicial de la Iglesia en América.
En el siglo XVIII estas prerrogativas del monarca aumentaron aún más en virtud de la aplicación de la doctrina regalista. Ésta concedía al rey de España el derecho a desempeñar la función de vicario general de Dios en la Iglesia americana, a expensas de la autoridad papal.
Mediante real cédula del 14 de julio de 1765 se dio carácter oficial al regalismo que implicó, asimismo, el traspaso al rey de todos los aspectos de la jurisdicción eclesiástica. Sólo la potestad de orden (facultades sacramentales adquiridas por los clérigos al ordenarse) no podía ser ejercida por el rey, por ser ésta de naturaleza sacerdotal.
Así por ejemplo, mientras antes el rey nombraba a las dignidades eclesiásticas tras recibir una propuesta, ahora podía sustituirlas a su soberana voluntad.
En el marco de esta política hay que comprender la brusca expulsión de América de la Compañía de Jesús en 1767. Tal como señala acertadamente John Fisher, "lo que realmente se pretendía con la expulsión era eliminar el imponente obstáculo que constituían los jesuitas para el nuevo regalismo de Carlos III y sus ministros".
A esto debemos agregar otras razones, entre las cuales figuran el inmenso poder económico, materializado en la posesión de enormes haciendas, y el temor al influjo que sobre la masa indígena ejercían los jesuitas.

Administrativas:
Las reformas introducidas por los Borbones, una vez finalizada la guerra de sucesión, modificaron sustancialmente la estructura administrativa encargada de los asuntos americanos. La intención de los reyes de la nueva dinastía era básicamente la de unificar y administrar todo el territorio perteneciente a sus dominios europeos y ultramarinos a través de organismos centralizados, encabezados por personas de su exclusiva confianza.
Para obtener un diagnóstico de la realidad americana, a lo largo del siglo XVIII se enviaron a las Indias una serie de funcionarios a realizar las denominadas visitas. Sus informes constituyeron la base de las reformas implementadas. Una mención especial merecen el rey Carlos III (1759-1788) y sus principales colaboradores, entre los cuales destacan el conde de Floridablanca y José de Gálvez.
Los organismos peninsulares que habían regulado las relaciones entre España y sus colonias entre los siglos XVI y XVII, poco a poco fueron perdiendo sus prerrogativas en favor de nuevas instituciones.
En 1714 se crearon en España cuatro ministerios o secretarías de despacho. El mundo colonial quedó a cargo de uno de ellos que se denominó Ministerio de Marina e Indias. Este heredó la mayoría de las atribuciones del Consejo de Indias como por ejemplo las de gobierno, hacienda, guerra, comercio y navegación, además de la facultad para nombrar a los funcionarios con responsabilidades políticas en las colonias hispanoamericanas. El Consejo de Indias quedó reducido a la asesoría del monarca y a la materia judicial y, despojado de sus principales poderes, vegetó casi sin destino hasta su definitiva abolición en 1834.
La Casa de Contratación, por otra parte, tampoco se libró del reformismo borbónico. En 1717 fue trasladada a Cádiz lo que en la práctica significó el fin de la supremacía de la ciudad de Sevilla en los asuntos comerciales. Más adelante, con la promulgación del decreto de reglamentación del libre comercio de 1788, la Casa perdió su razón de ser y fue eliminada tras 285 años de funcionamiento.
Pero la gran innovación borbónica fue el establecimiento de las intendencias de origen francés. En las ordenanzas del 13 de octubre de 1749 se definió al intendente como magistrado cuya misión era incrementar la agricultura, fomentar el comercio, activar la industria, estimular la minería y lograr, por todos los medios, "la felicidad de los vasallos indianos". El intendente reemplazó a los antiguos gobernadores y los subdelegados a los corregidores. En tanto, el virrey conservó sus facultades y pasó a denominarse superintendente.
El cometido principal del intendente será el de terminar con el fraude fiscal de contribuyentes y funcionarios, para transformar la recaudación de impuestos en un proceso honrado y eficiente. En virtud de ello, en cada provincia el intendente será el responsable de los asuntos fiscales y rendirá cuentas al superintendente de la capital virreinal quien, a su vez, lo hará al Ministro de Indias de Madrid.
Esta nueva estructura se implantó de modo experimental en Cuba (1764) y más adelante en todos los virreinatos. Para 1803 el sistema estaba vigente en la casi totalidad de la América española con doce intendencias en Nueva España, cinco en Guatemala, una en Cuba, una en Puerto Rico, cinco en Nueva Granada, una en Venezuela, nueve en Perú, ocho en el Río de la Plata y dos en Chile.
Si bien la recaudación de impuestos mejoró notablemente y el funcionamiento administrativo se agilizó en ultramar, las reformas borbónicas no alcanzaron a rendir los frutos deseados por la monarquía, debido al estallido de las guerras de emancipación americanas en la primera década del siglo XIX.

Jurídicas:
La reforma del sistema judicial se debió al deseo de los monarcas de erradicar la corrupción y la incompetencia en las Audiencias americanas, de reforzar la autoridad de la corona a costa del fuero eclesiástico y, por último, de mejorar la calidad y honradez de la administración de justicia, especialmente en las regiones de mayor población indígena.
Para cumplir los objetivos mencionados, la corona terminó con la designación de criollos para los cargos en las Audiencias y además agregó un regente, proveniente de España, que informaría al ministro de Indias de las resoluciones más importantes. Estas medidas pretendían generar una burocracia judicial más eficaz y, sobre todo, independiente de la sociedad colonial y los intereses locales.
La modernización de la justicia implicó también un perfeccionamiento de las técnicas administrativas, vale decir, la buena letra, ordenada contabilidad e información expedita a los superiores.

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Estructura familiar de la colonia

Estructuras familiares y vida cotidiana Las familias criollas habitaban en grandes casonas localizadas en las haciendas y en las ciudades. Por lo general, eran construcciones de una o dos plantas, hechas de adobe, ladrillo y tejas apoyadas en cimientos de piedra. La planta tenía forma cuadrada o rectangular, con muchas habitaciones dispuestas en torno a tres patios, y corredores sostenidos por pilares. En los patios traseros había huertas junto a las dependencias de la cocina y la servidumbre, además de caballerizas, corrales y establos. Frecuente fue el uso de rejas de hierro para las ventanas, así como gruesos portones de madera con pesada quincallería.
Las viviendas del campesinado y los grupos populares urbanos, en cambio, eran de materiales livianos, levantadas con ramas, troncos y barro, generalmente de pequeño tamaño, con uno o dos cuartos en los que convivían varias familias.

La mujer
La sociedad española era patriarcal, es decir, se cimentaba en la figura del padre como base del parentesco, de la subsistencia y de la jerarquía familiar. La mujer estaba bajo la tutela del hombre, pues se consideraba que requería de su supervisión. Entre las familias criollas e hispanas, la mujer
cumplía el rol de esposa y madre, dedicada a los hijos y al hogar. La castidad se estimaba como virtud femenina esencial, además de la fidelidad como esposa y la dedicación en la crianza de los hijos. Todos estos atributos correspondían a una estructura social y familiar católica, modelo que
seguían los grupos de la élite. Las faltas a la norma tenían sanciones sociales, morales y eclesiásticas como la excomunión.
Las mujeres indígenas y mestizas, en cambio, provenían de una sociedad con rasgos matriarcales, en la que las madres conservaban y transmitían la cultura. Asumieron el rol de sostenedoras de sus familias, situación que se agudizó en los momentos que siguieron a la Conquista, así como durante el período colonial. Enfrentaron los rigores del trabajo en la encomienda y en algunos casos se unieron con hombres españoles y criollos, lo que propició el mestizaje.

Organización colonial

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El legado colonial

Los elementos básicos del legado cultural español, y que nuestra sociedad comparte con la mayoría de los países americanos, son el idioma castellano y la religión católica.

El legado lingüístico
El idioma es un instrumento esencial, pues a través de él se expresa, se transmite y se crea la cultura. El castellano se extendió rápidamente como lengua común en todos los territorios conquistados por España en América. Esto contribuyó a unificar la identidad de una amplia región comprendida entre México y Chile, así como a mantener el nexo cultural con la propia España.
El legado político
Una parte importante del legado español lo constituyó la herencia político-social, que tuvo una presencia importante en la sociedad chilena del siglo XIX. Por ejemplo, el concepto de autoridad fuerte y centralista, que caracterizó a los gobiernos de la primera mitad del siglo XIX, es una herencia del monarquismo absolutista del siglo XVIII que se plasmó en las disposiciones de la Constitución de 1833.
El legado religioso
La Iglesia católica fue una institución fundamental en la formación sociocultural de la nación chilena. Su estrecho vínculo legal y político con la monarquía española (Patronato Real) afianzó la extensión del catolicismo en América y en Chile, institucionalizó la fuerte influencia eclesiástica sobre la sociedad y restringió la difusión de otras religiones en el continente.
Durante el período colonial, el catolicismo se difundió gracias a la actividad de las órdenes religiosas, así como por efectos del sincretismo, proceso que configuró una nueva cultura en la que se fusionaron divinidades indígenas y santos cristianos, situación que sobrevive sobre
todo en los grupos populares urbanos y rurales.
El legado familiar
Asimismo, se mantienen en la estructura de las familias chilenas los rasgos del patriarcado que caracterizó a la sociedad española y que fuera transmitido a la sociedad colonial a través de la influencia de conquistadores y encomenderos, heredado luego por los jefes o padres de familias de la élite aristocrática criolla y de los grupos populares.
El legado económico
Aunque menos visible, el legado económico-social tuvo cierta importancia durante gran parte del siglo XIX. La hacienda se mantuvo como pilar básico de la economía interna, siendo el fundamento material del poder e influencia de la élite conservadora en el Chile republicano.
También fue importante en la formación del campesinado chileno de la época, que a través del inquilinaje mantuvo, por un largo período, la cultura, el modo de vida, las condiciones de existencia y las relaciones con la élite que había en la Colonia. Asimismo, la supervivencia de ciertas tradiciones, como la trilla y el rodeo, se debió al auge en las haciendas de la agricultura del trigo y de la ganadería. El trigo fue, además, un producto importante del comercio exterior chileno hasta mediados del siglo XIX.

 

 

 

Información

Técnica

Fecha de Modificación02/10/2014
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IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile
Clasificación Curricular
NivelSectorUnidad o eje
1° medioHistoria, Geografía y Ciencias SocialesLos procesos de urbanización en el siglo XX

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