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¿Invirtiendo las clases?

"El foco (...) debería estar no en el soporte tecnológico, sino en la incorporación de competencias didácticas que permitan utilizar lenguajes multimodales que apoyen el aprendizaje de los alumnos".

Ana María Raad es comunicadora social y magíster en antropología y desarrollo social. Con estudios en Estados Unidos, Ecuador y Chile. Docente del magister de comunicación y educación, Pontificia Universidad Católica de Chile. Trabajó anteriormente en la ONG brasileña CDI (Comité para la Democratización de la Informática), a través de su oficina de Chile, como directora de desarrollo y luego en Ecuador como directora nacional.

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Que los cambios que necesitamos para nuestra educación tienen que reflejarse al interior de la sala de clases es una afirmación que comparto. Sabemos que el gran desafío de innovar con metodologías mucho más efectivas, implica poner el aprendizaje de los alumnos en el centro de nuestras estrategias, por ello, ante la pregunta de cuánto pueden aportar aquí las tecnologías de información y comunicación (TIC) no deja de ser relevante.

Con el fin de cambiar los modelos pedagógicos dentro del aula, han surgido un sinnúmero de experiencias que buscan poner en jaque la forma como las clases se desarrollan apelando a una manera distinta de invertir los tiempos y las relaciones docente-alumnos al interior del aula. Una de las más emblemáticas es la denominada “clases invertidas” (Flipping classrooms) promovida por plataformas como youtube, la iniciativa Kahn academy  o el TED-ED , entre otras. La idea detrás de este modelo es justamente alterar la estructura básica de las clases que buscan linealmente pasar por  las “lecciones” o explicaciones conceptuales, seguido por los ejercicios prácticos en clase, la retroalimentación y el envío de tareas para desarrollar en casa.  Aquí lo que se busca “invertir” es que los alumnos conozcan el contenido “duro” (disciplinares) fuera del salón de clases, mediante el uso de soportes tecnológicos, de manera de despejar al docente de ese tiempo e invertirlo en procesos de participación y colaboración en clase, así como en el reforzamiento y tutoría con los alumnos. La idea de revisar esos contenidos fuera del aula permitiría a los estudiantes ir a su propio ritmo y de acuerdo a sus necesidades concretas, de manera que al llegar al aula el foco sea la discusión, el trabajo en torno proyectos, la retroalimentación y el reforzamiento por parte del docente.

Dada la fascinación que estos modelos han despertado, por su increíble crecimiento y facilidad para replicar la experiencia en varios países es importante considerar los supuestos sobre los cuales se asienta y analizarlos a la luz de nuestra realidad.

Por un lado están quienes desacreditan el impacto de este modelo, dado la brecha que existe entre estudiantes con respecto al acceso a internet desde sus hogares. De cierta forma no es equitativa la forma como “llegan” estos contenidos a los hogares. Por lo que en nuestra región siguen siendo las escuelas un factor determinante para la reducción de la brecha de acceso a la tecnología. De acuerdo a los datos presentados por el estudio sobre los aportes del sistema educativo a la reducción de las brechas digitales(1), el 100% de los estudiantes de quince años en Chile tiene acceso a internet desde los establecimientos educacionales. Sin embargo, sólo la mitad tiene acceso desde el hogar. Esto implicaría que para promover un modelo como el de clases invertidas se deberían considerar al menos, horas adicionales de acceso como indica el estudio publicado por CEPAL(2)  el mismo que sugiere “aumentar la frecuencia de usos en el centro escolar en general, pero especialmente en los grupos ESCS más bajos para nivelarlos con la frecuencia con que usan las TIC los grupos más altos en el hogar”.

Otro factor clave son los docentes, el supuesto detrás de este tipo de iniciativas está en que el docente se libera de tiempo al interior del aula. Me parece interesante mirar a las “clases invertidas” como una manera de asegurar tiempo para el desarrollo de dinámicas innovadoras, significativas y que promuevan la colaboración. Es una oportunidad para ser más activos y flexibles. Sin embargo, el escenario en donde estas nuevas metodologías se incorporan, aún tienen el desafío de contar con docentes que efectivamente puedan potenciar estas oportunidades. Si observamos los resultados de la prueba Inicia , el 42% de los egresados de educación básica y parvularia tienen habilidades tics de nivel aceptable. La misma prueba evalúa cuánto conocen de la disciplina que imparten, al respecto, el 69% de los Egresados de Educación Básica  tienen conocimientos insuficientes en Lenguaje, Matemática, Ciencia y Ciencias Sociales.

De acuerdo a estadísticas del portal educarchile(3), el 68% de sus visitantes corresponde a docentes en servicio, de estas visitas más del 70%(4)  corresponde a consultas al centro de recursos, es decir a contenidos curriculares en formatos digitales, tanto para la preparación de las clases como para el desarrollo de las mismas. Hoy podemos afirmar que los docentes sí están necesitados de un apoyo disciplinar concreto y sin duda un modelo que permita acercarlos a estos de manera fácil y con la calidad que demanda, podría lograr un impacto positivo.

El foco, por tanto, debería estar (una vez más), no en el soporte tecnológico, sino en la incorporación de competencias didácticas que permitan utilizar lenguajes multimodales que apoyen el aprendizaje de los alumnos, como se sugiere en los nuevos estándares para docentes.

La convergencia de contenidos multimodales (audiovisuales, digitales, vía celulares) es una realidad en nuestras aulas. Sin embargo, junto con aumentar la cobertura de internet desde los hogares, se requiere el desarrollo de contenidos audiovisuales e interactivos concordantes con los desafíos curriculares de las disciplinas, así como un soporte y desarrollo de competencias de docentes para poder incorporar metodologías que los desplacen del centro basado en contenidos y lecciones y los acerquen más hacia el desarrollo de innovaciones en términos de dinámicas participativas, mucho más creativas y diferenciadas para trabajar personalizadamente con los alumnos. Solo así habremos invertido realmente el sentido de las prácticas al interior del aula.

Notas:

1 Magdalena Claro; Andrés Espejo; Ignacio Jara; Daniela Trucco (2011) Aporte del sistema educativo a la reducción de las brechas digitales. Una mirada desde las mediciones PISA. CEPAL – Colección Documentos de proyectos.

 2 Magdalena Claro; Andrés Espejo; Ignacio Jara; Daniela Trucco (2011) Aporte del sistema educativo a la reducción de las brechas digitales. Una mirada desde las mediciones PISA. CEPAL – Colección Documentos de proyectos

 3 Estudio de Segmentación usuarios portal Educarchile.cl 2010. Data Voz - educarchile

 4 Certifica.com (Comscore)

Información

Técnica

Fecha de Modificación26/09/2012
Descripción Breve"El foco (...) debería estar no en el soporte tecnológico, sino en la incorporación de competencias didácticas que permitan utilizar lenguajes multimodales que apoyen el aprendizaje de los alumnos".
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

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