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De 2 a 3 años: cimientos para la vida

Comer solo, separase de a poco de los padres, disfrutar de sus primeros gustos. ¡Bienvenida independencia! Pero, atención: también es el momento de la disciplina y de inculcar valores.

El niño de 2 a 3 años es, invariablemente, egoísta.Todavía no ha interiorizado valores básicos como la generosidad. El rol de los padre es imprescindible para darle a conocer todos lo valores, como, respetar, amar, compartir.










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Es el momento de enseñarle a comer solo. En esta tarea, los padres deben ayudarle sin que él o ella lo note mucho para que pueda comer solo y tenga la sensación de que lo hace muy bien.










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Los padres a veces sobreprotegen demasiado a sus hijos y consiguen transmitir su ansiedad al niño. Lograr personas autónomas implica adoptar actitudes que les ayuden a separarse de sus seres más cercanos.











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Estamos ante una edad crítica en la formación de los niños y niñas, ya que este es el momento adecuado para imponer disciplina e inculcar valores y conceptos que modelarán su visión del mundo. Pensar que son demasiado pequeños como para reprenderlos es un error que a la larga puede salir muy caro.

Es normal que el niño empiece a desobedecer y a decir que "no" a todo. Esta comenzando a ser más independiente y está tratando de llamar la atención (quizás los padres están pendientes del niño sólo cuando se porta mal). De todas formas, no es bueno ser demasiado permisivos y hay que ver si no será que no hace caso simplemente porque se distrajo, porque está recibiendo demasiadas órdenes a la vez, porqueno entiende lo que se le pide o sabe que sus padres acabarán haciendo por él lo que le piden.

Un buen consejo que da la sicóloga Susana Kohan para lograr que los niños de 2 a 3 años colaboren es hablar en un lenguaje positivo. Es decir, podemos decirle "cuando te pongas la chaqueta, podrás salir a jugar" o "cuando te hayas ido a la cama, te contaré el cuento que tú prefieras". Es importante que nosotros cumplamos con lo pactado. "Además es importante usar un tono de voz agradable. Es mejor si nos ponemos a la altura de nuestro hijo (en cuclillas) y le miramos directamente a los ojos (asegurándonos que él también nos mira)", dice la experta, quien añade que el niño responderá mejor ante recompensa que ante castigos. "Le recompensaremos cuando haya obedecido nuestra petición, no antes. Cuanto más inmediata sea la recompensa más efecto tendrá. Deberemos acostumbrarlo a recompensas afectivas y no solamente materiales".

Susana Kohan también hace hincapié en la importancia que le dan los niños de esta edad al orden y la regularidad en sus rituales: la puntualidad, la rutina, su sitio en la mesa, etc. Ese tipo de cosas les tranquilizan y les dan seguridad.

El niño de 2 a 3 años es, invariablemente, egoísta. Hay que comprender que a esta edad todavía no ha interiorizado valores básicos como la generosidad. El rol de los padre es imprescindible para darle a conocer todas las experiencias posibles. Experiencias como las propias conductas (respetar, amar, compartir) y actitudes (tener paciencia, ser coherentes, comprensivos, ) son las que mostrarán un modelo familiar claro para el niño. Élirá aprendiendo a su ritmo.


Cuando ha cumplido 3 años, por lo general el niño ya es capaz de

  • Disfrutar aprendiendo nuevas habilidades.
  • Puede llevar un vaso de agua sin derramarlo, chutear una pelota, saltar con los pies juntos, caminar sobre los talones.
  • Está siempre activo y en movimiento.
  • Adquiere mayor control de manos y dedos.
  • Se frustra con facilidad.
  • Actúa con mayor independencia, pero sigue siendo dependiente.
  • Representa escenas familiares.
  • Ya no se hace pipí(casi nunca).
  • Es capaz de ir incorporando un segundo idioma.

Es el momento de enseñarle a comer solo. En esta tarea, los padres deben ayudarle sin que él o ella lo note mucho para que pueda comer solo y tenga la sensación de que lo hace muy bien. Algunos consejos prácticos:

  • Proporcionarle un plato, un vaso y unos cubiertos que sean "sus" utensilios.
  • Cortarle la carne a trocitos para que le sea más fácil comer solo.
  • Proporcionarle un vaso con asas para que pueda cogerlo sin problemas.
  • No regañarle si se mancha la ropa, el mantel o se le cae comida al suelo.
  • En cuanto a lo que come, no es motivo de preocupación si no quiere comer algunos alimentos.
  • Hay que procurar evitar entrar en guerra con él o ella, ya que sólo conseguiríamos empeorar las cosas.

DESAFÍOS

El niño o niña antes de los tres años requiere de oportunidades de elegir por sí mismo, de participar en juegos teatrales, de cantar sus canciones favoritas y resolver rompecabezas sencillos.

A partir de los dos años, y ya preparados para utilizar el tenedor, los niños empiezan a imitar a los adultos con mucho deleite. Es un momento excelente para enseñarle cómo debe comportarse en la mesa pero… ¡cuidado! En lugar de explicarle las normas, debemos predicar con el ejemplo: es mejor que nuestro hijo nos vea comiendo a todos juntos en la mesa, hablando tranquilamente, sirviéndonos todos la misma comida y acabando lo que tenemos en el plato, que echarle el sermón acerca de lo que está bien y lo que no.

Además, nuestro hijo se encuentra en un momento en el que siente una gran curiosidad por todo lo que le rodea, y empezará a probar muchos platos diferentes. Es un momento ideal para introducir nuevos alimentos. Eso sí, debemos hacerlo cuando esté tranquilo y no abusar de estas novedades: una cada vez, siempre en el momento oportuno. Y sin caer en el error de preguntarle qué prefiere para comer: además de curioso está profundamente indeciso. Si le dejamos escoger no sabrá lo que quiere. Por eso es mejor que escojamos la comida por él y no le demos todavía demasiada libertad para decidir lo que prefiere.


SEÑALES DE ALERTA

Los padres a veces sobreprotegen demasiado a sus hijos y consiguen transmitir su ansiedad al niño, y con ella una dependencia que le ayuda muy poco. Lograr personas autónomas implica adoptar actitudes que les ayuden a separarse de sus seres más cercanos, lo cual ocurre gradualmente.

Pero esta tendencia a ir 'despegándose' de la madre o de la figura familiar más importante no siempre se desarrolla como debería. En algunos casos, el niño no puede soportar la idea de que la mamá vaya a trabajar o salga sola. También puede negarse a ir al jardín infantil, a dormir solo o fuera de casa. Esto puede ocurrir porque no ha habido una separación gradual y progresiva de los padres con su hijo durante el curso evolutivo, o bien el niño ha sufrido en algún momento una experiencia traumatizante a raíz de una separación, o los padres han reforzado la dependencia de sus hijos.

El comportamiento de los padres es fundamental para que el niño supere el miedo a la separación.

Algunos consejos para evitar esta situación:

  • Propiciar separaciones, primero breves y cada vez más largas, diciéndole siempre que nos vamos y cuándo tenemos previsto volver. Al principio le costará aceptarlo, pero poco a poco, cuando se dé cuenta de que separación no significa abandono, lo irá asumiendo.
  • Aprender a controlar nuestra ansiedad.
  • Evitar desde las primeras semanas que el niño o niña duerma en la misma pieza con sus padres.
  • Cuando el hijo no quiera separarse de sus padres no hay que recompensarlo, porque eso reforzará la idea de que mantenerse a nuestro lado le reporta beneficios.


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Descripción BreveArtículo que incluye algunos consejos útiles de una psicóloga para la buena formación de los miños.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile

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