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Formación Cuidadana, un tema controvertido de la educación


Abraham Mangendzon

La relación entre educación y ciudadanía es de vieja data, quizás está en la ontología genética propia de la educación. No podría ser de otra forma. La educación nació para formar ciudadanos. La pregunta que surge, y esta no es la primera vez que se formula, es de qué tipo de ciudadanía y de qué ciudadanos estamos hablando. La respuesta a esta pregunta ha tenido históricamente distintas expresiones en los espacios, tiempos y contextos sociales, económicos, culturales y políticos en los que la educación se ha desarrollado. Por consiguiente, pareciera que no hay una respuesta única y universal. Más aún no hay una respuesta neutra.


La carga valórico-ideológica estará siempre presente a la hora de referirse a la formación ciudadana. No debemos olvidar que está se vincula a los procesos de socialización que son el resultado de una trama valórica compleja que conceptualiza el rol que a la educación le toca jugar en la sociedad.

Ahora bien, referidos a Chile, dar una respuesta tajante y concluyente a la pregunta formulada no es del todo fácil. Esto es principalmente así, porque, a mi parecer, no existe en la sociedad chilena, un proyecto ciudadano de país, claro y nítido que nos interprete e interpele.

En efecto, no ha habido, por razones diversas, un amplio debate público que permita dilucidar qué significa ser ciudadano en el Chile de hoy, y con mirada de futuro, en el Chile de mañana. Hemos tenido serias carencias para conceptualizar qué es ser ciudadano en una sociedad que mira hacia el mundo global con deseos de competir, desde las insuficiencias y los grandes bolsones de pobreza; qué es ser ciudadano en una sociedad que contempla y acepta la impunidad a los derechos humanos y no se hace cargo de su historia; qué es ser ciudadano en una sociedad que no aceptando la corrupción, no se organiza para evitarla; qué es ser ciudadano en una sociedad que no se abre a la plena participación; que es ser ciudadano en una sociedad donde los jóvenes son marginados o se automarginan de la vida pública; qué es ser ciudadano en una sociedad que desacredita, por diversos medios, la política.

Los mensajes ciudadanos son confusos, ambiguos, a veces retrógrados, los problemas que afectan a la ciudadanía no se encaran con mirada ciudadana, con altura de miras sino con desconfianza, inclusive con mezquindad y obcecación: piénsense en los problemas del aborto, del divorcio, de la intolerancia, las discriminaciones, y muchos otros.

¿Estamos acaso en un circulo vicioso sin salida? ¿Es cierto qué la educación chilena no podrá intencionar una formación ciudadana mientras la sociedad no levante un proyecto ciudadano de país? ¿No hay otra salida más que esperar?

Mi respuesta es que si hay una salida alternativa. Es una salida un tanto atrevida. Algunos dirán un tanto utópica. La formación ciudadana siempre se moverá en la tensión entre la realidad y la utopía. La alternativa le exige a la educación que rompa con el circulo vicioso de la reproducción para asumir una postura más proactiva que reactiva y por sobre todo que se ubica en una posición crítica.

Lo atrevido de la propuesta radica en hacer un giro de 180 gados ubicando en el centro del curriculum la formación ciudadana, de suerte que esta se convierte en un conocimiento básico que no sólo dialoga con los otros saberes del curriculum sino que los convierte en componentes de la formación ciudadana.

Dicho de otra manera, el conocimiento de las disciplinas básicas, en especial aquellas que se vinculan con las ciencias sociales, la comunicación, las artes, la educación física, sin dejar de lado las ciencias naturales y las matemáticas y otras, se repiensan en función de su aporte a la formación ciudadana. Estas disciplinas se preguntan por la contribución que hacen para formar ciudadanos democráticos, empoderados, sujetos de derechos, vigilantes de su entorno, éticamente responsables, capaces de reconocer al otro como un legítimo otro, tolerantes, no discriminadores y respetuosos de la diversidad social y cultural.

En esta perspectiva, por un lado, los conocimientos curriculares básicos replantean su sentido en función de la contribución que están haciendo a la formación ciudadana. Por el otro lado, la formación ciudadana se transforma en un conocimiento básico y en este sentido se convierte en un factor preponderante de la calidad de la educación.

Una educación de calidad es aquella, entonces, que hace, por ejemplo, del conocimiento del lenguaje y la comunicación una herramienta de comportamientos ciudadanos como son la capacidad de defender ideas con fundamento, de formular promesas y cumplirlas, de establecer un diálogo comunicativo con otros en la busca de consensos y en el respeto de los disensos, de argumentar para hacer exigencias frente a los derechos propios y el de los demás. En esta misma línea, una asignatura como la historia y las ciencias sociales deja de ser una que está preocupada de fechas y acontecimientos, para transformarse en un espacio para identificar problemas sociales y contribuir a sus soluciones, para aprender a proponer políticas públicas a nivel nacional, regional y local. De igual forma, las artes se convierten en un lugar preferente para el conocimiento y respeto a la diversidad cultural y social; las ciencias en un conocimiento capaz de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida.

La propuesta que estoy haciendo podría significar repensar el curriculum de la reforma y preguntarse en qué medida los contenidos /objetivos seleccionados, en especial en el Marco Curricular de los OFCMO, contribuyen con la formación ciudadana. Bien podría ser que algunos o muchos de estos objetivos y contenidos en nada aportan. Entonces, desde nuestra óptica cabría preguntarse por su sentido.

Sin embargo, a sabiendas que esta postura podría ser rechazada por provocadora y por algunos tildada como subversiva, desearía, hacer una propuesta deseable y posible, para que no se me catalogue de anómico anárquico e insurrecto. No necesariamente estas denominaciones me preocupan, sino el hecho que no pueda tener espacio para hacer ninguna propuesta

En fin, una propuesta más tranquilizadora, pero no por eso menos innovadora para los propósitos de la formación ciudadana, sería invertir los términos de la ecuación que hemos estado manejando en la relación entre los objetivos /contenidos verticales y los transversales. Lo que hemos sostenido insistentemente es que los Objetivos Fundamentales Transversales (OFT) deben incluirse, integrarse, infundirse en los objetivos y contenidos de los diferentes sectores y subsectores de aprendizaje. En la perspectiva de esta propuesta, diremos que son los objetivos /contenidos verticales los que debieran integrarse, infundirse en los OFT. No estamos hablando de una diferencia semántica sino que una de sentido tanto para los objetivos /contenidos verticales como para los OFT.

Explícita e implícitamente, muchos de los OFT apuntan a la formación ciudadana. Lo que estamos insinuando es que cada uno de los sectores y subsectores de aprendizaje debiera preguntarse en qué medida está contribuyendo a la formación ciudadana que plantean los OFT. Esto obligaría, por un lado, a indagar por la concepción de formación ciudadana que subyacen en los OFT y por el otro hacer una análisis exhaustivo de los contenidos /objetivos de cada una de los sectores y subsectores de aprendizaje, desde la óptica ciudadana. Sin duda que una tarea de estas proporciones no puede ser abordada en este trabajo, pero desde ya desearía avanzar algunas hipótesis al respecto y señalar que en los OFT no hay sólo una sola concepción ciudadana sino que una combinación de concepciones que entran en contradicciones. Otra hipótesis es que hay grados distintos de contribución a la formación ciudadana, por parte de los sectores y subsectores de aprendizajes articulándose algunos con mayor fuerza que otros con los OFT y con una u otra de las concepciones ciudadana. Verificar estas hipótesis será materia de otro artículo.

Información

Técnica

Descripción BreveArtículo en el que Abraham Magendzo analiza la relación entre la educación y la ciudadanía.
IdiomaEspañol (ES)
AutorMangendzon, Abraham
Fuenteeducarchile

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