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Educación en América Latina, avances y rezagos

Terminar de solucionar los graves problemas que todavía persisten en los sistemas educativos de América Latina y enfrentar los nuevos desafíos que la sociedad de la información y el conocimiento les impone, se torna decisivo si la región quiere avanzar en su desarrollo en este nuevo siglo.

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Cuando a fines de los años '80 y comienzos de los '90 los países de América Latina asumieron la necesidad de introducir profundas reformas a sus sistemas educacionales, lo hicieron en respuesta a dos fenómenos: por un lado, la existencia de un nuevo modelo de desarrollo -de economía abierta- que obliga a los países a competir en la arena global; por el otro, el reconocimiento que el patrón histórico de desarrollo de la educación adoptado desde los años '50 del siglo pasado ya no podía funcionar. Dicho patrón se organizó en torno a tres ejes principales:

1. Tardía universalización del nivel primario, con bajo gasto por alumno y escasa eficiencia (alta deserción).

2. Limitada oferta secundaria, la que recién empezará a ampliarse en los años '90.

3. Gasto por alumno de nivel terciario relativamente alto, pero con baja tasa de participación (reducido número de alumnos ingresa al nivel).

La agenda reformista se propone responder a los desafíos que presentan ambos fenómenos mencionados más arriba -nuevo modelo y patrón histórico- y obtiene rápidamente un amplio consenso en los países de América Latina. Contempla, en lo general, objetivos y medidas para mejorar la equidad de la educación (de acceso, de tratamiento y de resultados), su calidad (adecuación de contenidos más eficacia de los métodos en la sala de clase) y su eficiencia ("interna" o de gestión, es decir, escuelas autónomas en regímenes descentralizados, y "externa", o habilitar a los egresados para proseguir estudios avanzados, ingresar al mercado de trabajo, ejercer la ciudadanía y vivir en comunidad).

Mirado en perspectiva, el esfuerzo desarrollado durante los últimos quince años a lo largo y ancho de la región fue enorme:

1. Acceso. Un número significativo de países logró universalizar la educación primaria, se amplió fuertemente la cobertura del nivel secundario y se incrementó la tasa de participación de la enseñanza terciaria.

2. Equidad. En particular, aumentó la equidad de género en los sistemas educativos y adicionalmente, en varios países, disminuyó la brecha urbano/rural.

3. Calidad. La calidad de la enseñanza mejoró en algunos segmentos del sistema en varios países.

4. Eficiencia. La retención y la graduación oportuna han mejorado.

Como muestran diversos estudios recientes, sin embargo, los resultados están lejos de ser satisfactorios.

La acumulación de capital humano sigue siendo baja: apenas por encima de cinco años promedio de escolarización de la fuerza de trabajo. Adicionalmente, América Latina ha perdido posiciones en la arena global. En los años '70 el promedio de escolarización de la fuerza de trabajo equivalía a la media de los países en desarrollo con similares niveles de ingreso. En los años `80, en cambio, la diferencia era un año menos en América Latina, y en los '90, dos años menos.

Hoy, la fuerza de trabajo latinoamericana tiene apenas la educación promedio que tenían Hong Kong, Taiwán, Corea y Singapur en 1970. Y los siguientes cuatro países asiáticos en la carrera hacia el desarrollo, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia, que en los años '60 sólo tenían algo más de la mitad de educación que América Latina, la igualaron en los '80 y ahora la sobrepasan.

El desperdicio de talento es grande todavía: más de un tercio de los alumnos que ingresa a la enseñanza básica no la completa. Esto afecta especialmente a los niños de poblaciones indígenas y de segmentos con menos recursos.

Las inequidades persisten: entre la población de 21 años, los jóvenes del decil de mayores ingresos tienen en promedio 5 años más que los del 30 por ciento de menores ingresos en Argentina, Brasil y Costa Rica, y más de cuatro años de diferencia en Chile, México y Panamá.

Los resultados del sistema escolar subsidiado -administrado por entes público o privados- son pobres: Chile está entre las posiciones más bajas del examen internacional TIMMS del año 1999; el año 1996 ese desgraciado lugar lo ocupaba Colombia. A su turno, en el laboratorio Unesco para América Latina, Colombia y Chile se ubican en el promedio de los resultados, lo que sugiere que en la arena global la región estaría por debajo no sólo de países desarrollados, sino de todos los países del Sudeste Asiático y de Europa Central y del Este.

¿Cuáles son los problemas básicos que explican tan magros resultados? A nivel del sistema, según señalan recientes informes, hay cuatro que merecen destacarse:

a) Baja calidad de la docencia: -mala preparación inicial de los docentes. -débil profesionalización de los docentes (poca autonomía y escasa responsabilidad sobre resultados de su trabajo). Rigidez del estatuto que regula a los docentes. -remuneraciones no competitivas y poco estimulantes, con poder sindical centralizado nacionalmente de negociación.

b) Falta de estándares exigentes (respecto de los contenidos y de las competencias esperadas) que presionen para un continuo mejoramiento de calidad y escaso desarrollo de procedimientos permanentes de evaluación.

c) Limitada autonomía de los establecimientos y falta de accountability.

d) Insuficiencia de recursos: durante los años '80 la inversión en educación disminuyó, durante los `90 ella se recuperó. Pero en ambos períodos aumentó la matrícula. Por lo mismo, el gasto por alumno no se ha incrementado, salvo en pocos países, como es el caso de Chile. Pero aún aquí una escuela privada pagada -que recibe hijos de familias con alto capital cultural- invierte entre 5 y 10 veces más que las escuelas subsidiadas, que reciben al 90 por ciento de los niños y jóvenes, incluyendo a los más pobres.

Hay también problemas externos al sistema que son altamente gravitantes. Aquí sólo enumero algunos:

a) Pobreza extrema: dificulta enormemente la tarea educativa (basta pensar la dificultad que tiene un país como EE.UU. para educar a los hijos de las familias pobres y de las minorías étnicas)

b) A pesar de los consensos de objetivos y medidas existen debilidades en la implementación.

c) Los Mineduc se encuentran habitualmente poco modernizados.

d) Hay una escasa cultura de la innovación en la sociedad que se refleja también dentro del sistema, y en ínfima inversión en R&D educacional.

En este punto nos encontramos ahora en América Latina. Al comienzo de un serio esfuerzo de reforma educacional pero con resultados aún pobres o escasos.

Lo dramático de la situación, si se quiere poner así, es que a la agenda aún no completada de la reforma educativa del siglo 20 se sobrepone ahora la nueva agenda del siglo 21, que viene con la globalización, la revolución científico-tecnológica y el papel cada vez más relevante que el conocimiento juega en todas las esferas de la sociedad.

En efecto, vamos hacia un nuevo escenario -una nueva configuración del mundo- donde el uso y la aplicación del conocimiento son cruciales para el crecimiento económico y el manejo de la información es decisivo para las sociedades.

La creciente importancia económica del conocimiento se manifiesta en el valor cada vez mayor que la educación tiene para las personas y para los gobiernos. La matrícula mundial total ha pasado de 253 millones a mil 154 millones entre 1950 y 1997, y la de educación superior en particular de 7 millones a 88 millones. Esta última cifra representa una tasa bruta escolarización de un 19 por ciento a nivel mundial.

A la vez, el rol cada vez más importante de la información en todas las esferas de la sociedad aparece con nitidez en el volumen que circula anualmente y en la inversión (de tiempo, recursos y imaginación) que las personas y las naciones realizan para conectarse y participar en la revolución de las tecnologías de información, particularmente Internet. La Red contiene hoy más de 5 mil millones de páginas electrónicas y diariamente se agregan 7 millones.

En ese nuevo escenario, la educación jugará un rol decisivo para el desarrollo de las naciones y el progreso de las personas. Las tendencias muestras que el sector se moverá en adelante en torno a tres ejes, fundamentalmente:

a) Educación continua para todos como una necesidad del mercado laboral, de los cambios tecnológicos y del derecho de las personas a participar en el conocimiento y la cultura.

b) Generar mayor diversidad y flexibilidad en el sistema escolar, post-secundario y de capacitación de manera de permitir a cada alumno desarrollar sus propias estrategias y trayectorias formativas, conforme a sus necesidades y talentos.

c) Aprovechar intensamente las nuevas tecnologías de información y comunicación, en particular, Internet y la World Wide Web con el fin de proporcionar amplio acceso a oportunidades de educación siete días a la semana, 24 horas al día, desde cualquier lugar en que uno se encuentre.

Carlos Fuentes dijo una vez que América Latina ha ido siempre en el furgón de cola de la modernidad. Ahora existe la posibilidad de ir más rápido. Para ello la educación es lo más esencial, junto al crecimiento de las economías. Si no logramos combinar esas dos hebras de la modernidad -crecimiento y educación- podemos caernos del tren y quedar en el camino.

(Por José Joaquín Brunner. Artículo publicado en el diario electrónico "El Mostrador".)

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Técnica

Descripción BreveArtículo de José Joaquín Brunner acerca de las políticas educativas en América Latina.
IdiomaEspañol (ES)
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