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“Nosotros pusimos fin a la violencia”

Al asumir como directora de la Escuela Araucarias de Chile, en Conchalí, María Isabel Carmona se encontró con un panorama complejo: la violencia escolar era parte de la vida de los alumnos. No se rindió y logró lo que pocos hubieran imaginado: en 4 años las agresiones disminuyeron de un 30% a un 0%.

Directora de la Escuela Araucarias de Chile, de Conchalí, María Isabel Carmona egresó de la Escuela Normal “La Reina” en 1973, con la mención “Desarrollo de la Comunidad”. Desde entonces ha buscado y trabajado en escuelas vulnerables y en sectores de alto riesgo social, pues está convencida que en estos lugares están los grandes desafíos para educar con una formación social, donde se desarrolle la preocupación por el otro.

El ajedrez es utilizado en la escuela Araucarias de Chile como un motor educativo y de prevención de conflictos de convivencia.

María Isabel ha dado un fuerte impulso a los alumnos de cada curso para que establezcan, en conjunto con los docentes, sus propios “reglamentos de convivencia”, los que son presentados a la dirección.

fotografía Isabel Carmona jugando ajedrez con alumno

Cuchillos, pistolas a fogueo, un revolver y punzones son sólo algunos de los elementos con que María Isabel Carmona, profesora normalista, se encontró el 2005 al asumir como directora en la Escuela Araucarias de Chile. Los alumnos traían estas armas al  “Gallinero”, nombre con que en ese entonces la comunidad vecinal y la comuna de Conchalí designaban al colegio.

Tal como recuerda María Isabel, el “Gallinero” era el “lugar de encuentro de todos los conflictos académicos que la Corporación Municipal históricamente resolvía enviando a este establecimiento a los estudiantes problemáticos de otros colegios, a aquellos que eran expulsados o a los que se les había cancelado la  matrícula”.

Los actos de violencia eran bastante serios: se producían principalmente en los recreos, en el patio común o simplemente en los baños y también a la salida del colegio. “Teníamos accidentes con llamadas a la ambulancia prácticamente una vez al mes, porque los niños jugaban a las patadas, a los combos, a la fuerza física que busca menoscabar la integridad de los contrincantes, acompañado con un lenguaje primitivo y ofensivo que generaba más violencia entre los estudiantes”.

La tarea que tenía María Isabel Carmona por delante no era fácil. Al alto nivel de violencia escolar se sumaban otros problemas: poca participación de los apoderados en la formación de sus hijos e hijas, falta de comunicación entre profesores y directivos, profesores desmotivados y desvalorizados por la comunidad escolar, carencia de espacios de encuentro entre profesores para el desarrollo de un trabajo técnico, escasos recursos pedagógicos y tecnológicos, más la ausencia visible de un trabajo en equipo. Y como si lo anterior no fuera suficiente, la comunidad escolar tenía un serio prejuicio frente al cargo de la dirección, pues percibía en éste una falta de credibilidad originada por una profunda crisis de liderazgo.

Cómo mejoró la convivencia escolar

En primer lugar, la directora de la Escuela Araucarias de Chile estableció una política de puertas abiertas, que se traduce en que los alumnos/as se atreven a acudir más veces a su oficina que a cualquier otro lugar de la escuela.

Ella se da el tiempo para escucharlos y acogerlos, especialmente si han experimentado un conflicto de convivencia, ya sea en el colegio o en sus casas. Reconoce que muchas veces los debe tranquilizar: “Son como hijos e hijas, sufro por lo que ellos sufren, me interesa que se resuelvan los conflictos en justicia, es por ello que estoy siempre resolviendo problemas. Por ejemplo, un alumno de segundo ciclo básico permanentemente acude a mi oficina para contarme la situación que está viviendo, su madre consume pasta base y yo trato de orientarlo. Además, trato de estimular su rendimiento y le asigno distintas responsabilidades. Incluso recibo a alumnas que llegan acompañadas de la madre porque tienen sospechas de embarazo; en esos casos, las derivo a los canales correspondientes y las oriento en los procedimientos a seguir para que no abandonen sus estudios”.

En segundo lugar, ha logrado que docentes y apoderados se sumen a una misión que es transformar ese establecimiento en una escuela comunitaria, es decir, formar niños/as solidarios y comprometidos con su comunidad.

Pero para que eso sea posible, se requería de una comunidad escolar participativa y activa, capaz de establecer redes con el entorno y de trabajar por el bien de los demás. Poco a poco, y con esa mirada como eje central, María Isabel Carmona logró convencer a sus docentes para que elaboraran proyectos comunitarios y algunos de ellos, sin duda, contribuyen en forma directa a mejorar la convivencia escolar. Por ejemplo, la profesora Nieves Aedo va todas las semanas con un grupo de alumnos de quinto básico al consultorio Bachelet; llevan cuentos y juegos para entretener a los niños de las mamás que van a consulta. De esta manera, este grupo de alumnos aprende a relacionarse mejor con otros chicos de su edad. Asimismo, reparten folletos en los que destacan buenos hábitos para cuidar el consultorio. 

Finalmente, se ha preocupado de transmitir a los alumnos que ellos son importantes para el colegio.
Es justamente en ese contexto que ha dado un vuelco al trabajo de la Inspectoría. Actualmente, profesionales de esta unidad o departamento visitan los hogares de aquellos alumnos que no asisten al colegio o presentan problemas de disciplina; y esa información queda registrada en un cuaderno en el Departamento de Convivencia Escolar. Es una excelente oportunidad para que los docentes conozcan los hogares en los cuales viven sus alumnos. 
Además, la dirección del colegio ha entregado a los alumnos la responsabilidad de crear sus propios reglamentos de convivencia escolar (ver recuadro) y un grupo de docentes desarrolla dinámicas de trabajo con los estudiantes para potenciar el diálogo como herramienta principal de comunicación.

El juego: motor de prevención

María Isabel Carmona también utiliza el “juego” como herramienta para que sus alumnos puedan desenvolverse con éxito en una convivencia democrática: aprenden a respetar reglas, a relacionarse  con el otro, a desarrollar la paciencia y el autocontrol.

En ese contexto, puso en marcha el proyecto “Al jugar yo aprendo a ser persona”, para lo cual implementó distintos rincones de juego en el patio: de arte, ajedrez, taca-taca y ping pong. Así, los niños que llegan temprano a clases pueden jugar mientras esperan el toque de campana para ingresar a la sala y tienen actividades entretenidas para desarrollar durante los recreos.

¿Qué tienen que ver estos juegos con la disminución de los problemas de convivencia escolar? Mucho más de lo que a primera vista alguien pudiera creer. Tal como explica María Isabel Carmona: “Antes de instalar los juegos, visité a los niños, sala por sala, contándoles lo que íbamos a hacer. Y les dije: “van a existir muchas actividades, ustedes van a poder elegir la que les guste, pero van a tener que respetar los turnos para jugar. El que no respeta el turno o las reglas, va a ser sancionado de acuerdo a las reglas que tiene el juego”.

Lo más importante, agrega la directora, es que “al implementar estos juegos había un adulto presente: un profesor o incluso yo misma. A mí me correspondía hacerme cargo del rincón de taca-taca. De esta manera, si un alumno se enojaba y le decía garabatos a su compañero, el adulto podía intervenir y decirle que no lo hiciera, es decir, estaba permanentemente mediando”.

Hoy día ya no es necesario que haya un adulto en cada rincón de juego, los alumnos aprendieron a respetar a sus compañeros. Pero aún así la directora se preocupa de que siempre haya dos profesores presentes en el patio: “Ellos aceptaron hacer turnos en el recreo. Aquí, en esta escuela, se ha logrado entender que la educación está en todas partes, sobre todo en los recreos”.  

Con estas medidas, la directora de la Escuela Araucarias de Chile puso fin a los problemas de convivencia en el patio, pero también se ha preocupado de poner fin a los conflictos al interior del aula. Con ese propósito, se ha encargado de apoyar a los profesores con mayores debilidades en el manejo de grupo. ¿Cómo lo ha hecho? Primero, instaló una jornada todos los miércoles donde hay un intercambio de experiencias docentes y además se invita a expertos en educación. Por ejemplo, el miércoles pasado vino un sociólogo quien abordó el tema de la convivencia afectiva dentro del aula. En segundo lugar, efectúa supervisiones permanentes a las salas de clase, pues está convencida que la presencia de la directora y/o de la inspectora contribuye a calmar a los estudiantes. Y, además, ha logrado que los profesores jefes permanezcan en la sala cuando llegan los profesores de inglés y religión a dictar su clase, lo que ha contribuido a tener una convivencia más ordenada.

Resultados concretos

En la Escuela Araucarias de Chile, la violencia física entre los estudiantes disminuyó en forma notable: en 2007 alcanzaba un 30% y en lo que va corrido de este año podemos afirmar que ha llegado a un 0%. Los casos de matonaje o bullying transitaron de un 15% a un 0%. Y en relación a la violencia psicológica, ésta era de un 25% el 2007 y hoy, aunque no está completamente erradicada, muestra una notable disminución llegando a un 2%.

Actualmente esta escuela es respetada por su comunidad, se evidencia un aumento de matrícula y un cambio de imagen hacia otras escuelas del sector. “El camino esta trazado”, asegura María Isabel Carmona.

Esto fue posible gracias a las estrategias que ella implementó y que se podrían resumir en una sola frase: “compromiso de todos y la firme convicción de creer que nuestro trabajo no debe morir en la escuela”.

Reglamentos de Convivencia Escolar

María Isabel Carmona, directora de la Escuela Araucarias de Chile, de Conchalí, ha dado un fuerte impulso a los alumnos de cada curso para que establezcan, en conjunto con los docentes, sus propios “reglamentos de convivencia”, los que son presentados a la dirección. Luego, en una ceremonia oficial, se hace entrega frente a toda la comunidad escolar de la aprobación final del modelo.

Se trata de una iniciativa muy concreta, que permite a los estudiantes tener muy claras las reglas del juego en materia de convivencia escolar. María Isabel señala que “esto nos ha permitido observar cambios en los niños y niñas, porque la agresividad va en retirada, sólo esporádicamente se producen algunos conflictos entre estudiantes que rápidamente se solucionan a través del diálogo y aplicando algún trabajo comunitario”

Un trabajo comunitario, explica la directora, es una actividad en servicio de los demás. Por ejemplo, hacer el aseo de la sala o cortar maleza que salió en la entrada del establecimiento.

Información

Técnica

Fecha de Modificación27/10/2011
Descripción BreveAl asumir como directora de la Escuela Araucarias de Chile, en Conchalí, María Isabel Carmona se encontró con un panorama complejo: la violencia escolar era parte de la vida de los alumnos. No se rindió y logró lo que pocos hubieran imaginado: en 4 años las agresiones disminuyeron de un 30% a un 0%.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

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