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Cómo estimular el lenguaje en niños con TEL

Si tu hijo ha sido diagnosticado con TEL (Trastorno Específico del Lenguaje), aquí van unas recomendaciones prácticas que pueden resultarte muy útiles.

Geraldine Gibson, docente de la carrera de educación diferencial de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez, recomienda a los papás de un niño con TEL realizar juegos de secuencias de palabras. Por ejemplo, decirle: “auto, pala, pan” y pedirle que repita la misma secuencia, luego el niño puede agregar otra palabra hasta que uno de los dos participantes se equivoca.

Miguel Higuera, fonaudiólogo de la Universidad de Chile, señala que hay que recordar que muchos niños con TEL tienden a presentar dificultades de atención. Por lo tanto, propone a los padres no dejarlos mucho tiempo a solas frente a la televisión o al computador. “Es más útil ver televisión junto con ellos, jugar en el computador juntos, para así estar conversando acerca de lo que se hace y estimular la comprensión del lenguaje y la atención a las personas”.

El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) es una necesidad educativa de carácter transitorio, que puede afectar el aspecto expresivo del lenguaje (TEL Expresivo), y los aspectos expresivo y comprensivo (TEL Mixto).

La evolución suele ser exitosa, especialmente si hay un trabajo conjunto entre el docente de aula regular o educadora de párvulos, los profesionales de apoyo y la familia, considerando relevante también el trabajo a temprana edad. Así lo asegura Geraldine Gibson, profesora de educación diferencial con más de 10 años de experiencia en proyectos de integración de niños con necesidades educativas especiales (dentro de los cuales hay niños con TEL).

Ella destaca el rol de la familia a la hora de apoyar a un niño diagnosticado con TEL: “un niño, ¿dónde necesita el lenguaje? En la familia y en la escuela, en el mundo real. Entonces, cuando se cuenta con el apoyo de los padres, de su entorno social y escolar, más el de algún especialista (fonoaudiólogo), la evolución generalmente es muy positiva”.

Tres recomendaciones útiles

1. Verbalizar las acciones que están desarrollando en conjunto con el niño: describir, explicar y comentar hechos de la vida cotidiana. Por ejemplo, al preparar un jugo, podemos decir: “vamos a preparar un jugo de fruta”, “vamos a tomar la naranja”, “vamos a pelar la naranja” “vamos a preparar el jugo de naranja”. De esta manera, el adulto (el papá, la mamá u otra persona significativa de la familia) va modelando el lenguaje.

Además, al verbalizar distintas acciones se puede incorporar vocabulario que el niño hasta ese momento desconocía. Si van a hacer un dibujo, es distinto decir: “vamos a dibujar una rayita acostada” a decir: “vamos a hacer un línea horizontal”; en este último caso se está introduciendo a través del lenguaje dos conceptos nuevos: el concepto de línea y el concepto de horizontal.

Geraldine Gibson explica que si el adulto no ocupa el lenguaje para incorporar conceptos nuevos o para ampliar conceptos acerca de los cuales el menor tiene conocimientos previos, no se produce el andiamaje que se requiere. “Lo que yo le diría a los papás es que aprovechen los contextos naturales de la vida diaria para comentar hechos y hacer preguntas al niño, pero sin convertirse en un interrogador. A veces los papás creen que por hacer muchas preguntas van a estimular el lenguaje de los niños y en ocasiones es mejor esperar el tiempo necesario para que el niño responda o nos comente algo en forma más espontánea o dirigidas hacia un objeto, situación o acontecimiento. Hay que instarlo a hacer indicaciones o comentarios, más que generar un proceso de pregunta y respuesta que puede provocar ansiedad en el niño, sobre todo si tiene dificultades para la comunicación”. 

Además es fundamental proveer de experiencias para que el niño tenga contenido, es decir: “un qué comunicar”. El fonoaudiólogo Miguel Higuera, docente asociado de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Mayor, destaca que sobre todo hasta los 5-6 años, es conveniente hablar al niño con TEL de lo que se tiene a la vista o lo que se está haciendo, para ayudarlo a contextualizar la comprensión y no sobrecargar su memoria y atención. Asimismo, es muy importante tener en cuenta que el contacto ocular es fundamental dentro de esta comunicación.

2. Aprovechar las rutinas de la vida cotidiana para ordenar el pensamiento. El lenguaje está muy ligado al pensamiento y organiza el pensamiento. Todos los niños tienen rutinas: para lavarse los dientes (se pone pasta en el cepillo y luego se abre la llave de agua), para comer un plátano (siempre se saca la cáscara y luego se come el plátano), etc. "Eso es un script –señala Geraldine Gibson-: una secuencia de dos acciones que tienen un antes y un después y que siempre ocurren de la misma manera". En ese sentido, los papás pueden aprovecharse de los “script cotidianos” y hacer al niño preguntas como las siguientes: “Ahhh, ¿qué vamos a hacer primero?, ¿qué vamos a hacer después? Lo que hacen los papás es ir introduciendo secuencias a través del uso de las palabras: primero, luego, finalmente. Eso permite usar el lenguaje para secuenciar acciones, crear o construir un orden mental”.

3. Trabajar el aspecto pragmático de la comunicación desde muy pequeños. A veces lo que falla es justamente este ámbito de la comunicación: cómo usar el lenguaje, cuándo usarlo, en qué contexto usarlo. Geraldine Gibson explica que “hay niños con TEL que tienen dificultades al momento de respetar turnos en el habla, que no saben cómo reparar quiebres en una conversación, cómo ser atingentes en lo que dicen, manifiestan muchas dificultades para  mirar a los ojos a quien le está hablando, para seguir un diálogo o para preguntar algo si no lo entendió. Esas habilidades pragmáticas suelen estar descendidas en los niños con TEL. Po ejemplo, en el caso de respetar turnos en el habla muchas veces esto se produce porque no han practicado esta toma de turnos desde muy temprana edad. Aquí hay que recordar la importancia del lenguaje no verbal, cuando el bebé hace sonidos y mira a la madre y la madre le devuelve esa mirada; en ese momento, ella ya está estimulando estas habilidades que su hijo va a necesitar cuando sea más grande”.

Cómo ayudarlos a comunicarse mejor

Hay acciones muy concretas a través de las cuales los papás pueden apoyar a su hijo/a con TEL para que sea capaz de comprender mejor lo que escucha y, al mismo tiempo, que aprenda a iniciar y mantener un diálogo. Por ejemplo:

- Reducir la complejidad del lenguaje utilizado, en cuanto a la cantidad de palabras, el tipo de frase y la velocidad del habla. “Es bueno imaginar que hablamos con un extranjero, para así hacerlo de manera lenta y simple, para que nos entiendan”, explica el fonoaudiólogo Miguel Higuera.

- Dar instrucciones al niño. Primero son instrucciones muy simples: “pásame el lápiz”, después: “pásame el lápiz y cierra la puerta” (un enunciado con dos variables), luego una instrucción más compleja: “pásame el lápiz, cierra la puerta y tráeme un vaso de agua por favor”. Es importante que el papá o la mamá vaya observando cómo el niño va comprendiendo las instrucciones que él le da en la vida cotidiana. Mientras los enunciados son más complejos participa más la memoria de trabajo; y los niños con TEL generalmente tienen dificultades en la memoria y en la función ejecutiva; entonces, los papás pueden utilizar las instrucciones para estimular la memoria.

- Preguntar al niño qué hizo en el colegio. No es una tarea fácil, generalmente los niños no cuentan lo que hicieron en el colegio, pero el papá o la mamá puede pedirle que haga un dibujo para que él pueda apoyarse y a partir de ahí comentar algunos hechos del día. Aquí, tal como explica Geraldine Gibson, “lo más importante es el vínculo entre papá/mamá e hijo, darse el tiempo para la comunicación y aprovechar las instancias familiares de la vida cotidiana para conversar, dialogar, describir, observar. El lenguaje no sólo es lenguaje hablado, también es pensamiento, observar un comentario también es parte del lenguaje”.

- Desarrollar un diálogo con el menor. Por ejemplo, el papá al leer el diario puede mostrar al niño una imagen y hacerle un comentario en forma intencionada para iniciar un diálogo. Si sale una fotografía de fútbol, le puede decir: “Mira, el próximo domingo se realizará un partido de fútbol en el Estadio Nacional…” No algo complejo ni muy extenso, pero sí un comentario alusivo a esa fotografía para ver qué responde y así comenzar a generar un diálogo. El papá también puede mostrar esa fotografía al niño, pero sin hacer ningún comentario y esperar a que espontáneamente el niño diga algo. Si no reporta nada, puede decir una palabra inductora: “fútbol”. A lo mejor a partir de esa palabra, el niño dice algo. Si no dice nada, el papá va agregando más elementos. “El adulto siempre va dando apoyos, de menos a más. Hay que desafiar al niño para que vaya construyendo el lenguaje, pero para eso necesita escuchar y hablar , necesita modelos  en que apoyarse, que yo le repita ciertas frases o palabras y reforzarlas”, señala Geraldine Gibson.

- Ordenar y agrupar las palabras en categorías. Algunos ejemplos:
¿Qué fruta quieres? Ah! vas a comer una manzana, la manzana es una fruta, yo voy a comer una naranja la naranja también es una fruta. ¿Vas a jugar con tus juguetes? ¿Qué juguete vas a llevar? El auto, tu auto es un juguete.

- Hablar en forma correcta al niño. Si el niño dice al papá: “¡quiero la peota!”, el papá le puede repetir lo mismo que él dijo, con la correcta articulación: “Ahhh, quieres la pelota”. Le presenta el modelo correcto. Geraldine Gibson explica que en una instancia como ésta “el niño escucha, se siente acogido, porque el papá está diciendo lo que él dijo, pero además escucha lo que él dijo en forma correcta. Incluso, el papá puede ampliar la frase y decirle: “Ahhh, tú quieres la pelota roja, ¿o quieres la amarilla?”

Nuestros entrevistados coinciden en que si el niño dijo mal una palabra, no hay que corregirlo en forma explícita, sino aprovechar el error para generar una instancia de aprendizaje. “No es conveniente sancionar al niño y decirle: “No, no se dice así, no se dice peota”, porque esa corrección afecta la intención comunicativa y ésa es la base para que el niño con TEL se pueda sentir más seguro en relación con el lenguaje”, afirma Geraldine Gibson.

Miguel Higuera agrega: “Si el niño dice “me poní un zapato”, el adulto puede decir algo como “no te escuché, me poní o me puse un zapato?” Así el niño/a tiene la sensación de que le preguntan la alternativa correcta (y él o ella la sabe) y no que se ha equivocado.

Actividades simples, pero efectivas

- Jugar a las secuencias con el niño. Por ejemplo, decirle: “auto, pala, pan” y pedirle que repita la misma secuencia para estimular la memoria auditiva secuencial. “Los especialistas le ponemos ese nombre, el papá o la mamá no va a estar pensando en memoria auditiva secuencial, pero de lo que se trata es de que el adulto juegue con el niño repitiendo palabras en un mismo orden”, explica Geraldine Gibson.

- Potenciar el jugar a leer: leer cuentos al niño y escuchar el cuento que él me está “leyendo”. Para que el niño tenga interés en una actividad como ésta, es importante que vea a sus papás leer.

- Realizar juegos y actividades como gymcanas, circuitos motores y juegos de imitación para ayudar al desarrollo de la coordinación motora fina y gruesa. Asimismo, es importante dibujar, pintar, armar bloques o puzzles, para favorecer la atención, la memoria, la imitación y la capacidad de resolver problemas físicos o mentales.

Hay que recordar que es necesario graduar las actividades  y juegos, comenzando por lo que el niño puede hacer y aumentar de a poco la dificultad para proteger la autoestima y desarrollar la motivación necesaria, recordando que a los niños con TEL les cuesta más atender y comprender que a cualquier otro niño, al menos, en los períodos iniciales de estimulación.

Indicaciones útiles para los padres

Miguel Higuera, fonoaudiólogo de la Universidad de Chile, señala algunas breves indicaciones que pueden ser útiles para complementar el trabajo de los especialistas:
• Que los niños participen de rutinas cotidianas (limpiar, ordenar, organizar, comparar, poner la mesa, etc.) para desarrollar la capacidad de autoorganización, atención y memoria.
• Hablarles de manera simple, con frases y oraciones breves, claras y bien pronunciadas.
• Tener libros a su disposición para que nombren, señalen o busquen lo que se les nombra. También para que mantengan su atención en una interacción con el adulto por lo menos 10 minutos varias veces por día.
• Que el adulto se equivoque al nombrar o describir, al entregar lo que los niños piden, para aumentar su concentración en el lenguaje y en la interacción social.
• Jugar juegos verbales (veo veo, ha llegado un barco cargado de, etc.) que estimulan diferentes niveles de lenguaje.
• Que aprendan a respetar turnos en los juegos grupales.
• Estimular una alimentación saludable que favorezca el desarrollo cerebral y el aprendizaje.
• Cuidar los períodos de sueño nocturno para asegurar el desarrollo de la memoria y los aspectos emocionales.
• Hablar de lo que está haciendo, de lo que recién acaba de hacer y de lo que está por hacer en ese momento para desarrollar la comprensión de tiempos verbales (por ejemplo: estoy jugando, comí un pan, voy a pintar un mono).
• Felicitarlos cada vez que se esfuerzan por entender o aprender, con abrazos, sonrisas y cariño. “Lo principal en la vida de sus hijos/as es el cariño de sus padres. Juegue mucho con ellos, déles oportunidad de hablar, escúchelos y hágales sentir que lo que dicen es importante e interesante para usted. Intente disfrutar cada avance, cada momento de interacción, porque no se repetirá nunca más y es tan importante el viaje que emprendemos junto a ellos, como el destino al que queremos llegar”.


Sugerencias a partir de la experiencia escolar

• Columna de Patricia Estay Mena, educadora diferencial, docente Universidad y Centro de Formación Técnica Santo Tomás, educadora del Colegio Villa Aconcagua de Concón.

• Columna de Ximena Reuse Ramírez, fonoaudióloga de la Escuela de Lenguaje Villa Aconcagua de Concón.

Información

Técnica

Descripción BreveLa educadora diferencial Geraldine Gibson y el fonoaudiólogo Miguel Higuera entregan sugerencias prácticas a los padres que tienen un hijo diagnosticado con TEL. Además, se incluyen columnas de dos especialistas el el área: Patricia Estay y Ximena Reuse, del Colegio Villa Aconcagua de Concón.
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IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

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