Sigue a educarchile en

Cantidad de usuarios online 1.500.000

Recursos educativos interactivos

compartir

Artículo

Introducción a la historia militar

La historia militar es muchas cosas. Para algunos, el estudio de los generales y su gestión de mando. Para otros, el estudio de las armas y los sistemas de armas, de la caballería, la artillería, de los castillos y fortificaciones, del mosquete, la ballesta, el caballero de armadura, del acorazado y del bombardero estratégico.

En ocasiones la historia militar ha servido como propaganda para construir mitos, de manera de crear o sostener emociones y creencias, como por ejemplo, la historia de un regimiento, enfatizando su gloria y apagando lo malo que pudo haber.

La labor del historiador militar, cualquiera sea su origen, es descubrir y registrar todo lo complicado y desagradable que las realidades de la guerra consideran.

Las campañas y batallas no son como juegos de ajedrez, ya que estos son llevados a cabo totalmente aislados de su entorno y bajo estrictas reglas

cañón

logo de la escuela militarGrandes Batallas es una serie de artículos elaborados por docentes de la Escuela Militar del Libertador Bernardo O'Higgins

La historia militar es, también, el estudio de las instituciones, de los regimientos, de los estados mayores, las academias de guerra, los ejércitos y marinas en general, de las doctrinas estratégicas con las cuales estos luchan y del ethos que los motiva. En un nivel más elevado, a través del estudio de la doctrina estratégica, se puede entrar en el mundo de las ideas y, en otra dirección, en el estudio de las relaciones entre civiles y militares. La guerra, en fin, es el gran escenario de la historia militar, donde el historiador es forzado a generalizar y a disectar, a calificar y particularizar y, sobre todo, a combinar análisis con narrativa, que es lo más difícil del arte del historiador. Así, entonces, también aparece la paradoja de que el estudio de las fuerzas armadas genera mayor interés en tiempo de paz, circunstancias en las que de alguna manera se pierde de vista la razón de existir de los ejércitos. Los ejércitos son para combatir, por lo que se debe inferir, entonces, que la historia militar, en último término, debe ser acerca de la batalla. 

Desde esta perspectiva, entonces, podemos decir que la guerra ha sido consustancial al hombre desde que este se organiza y su origen podemos ubicarlo en las primeras luchas entre cavernícolas rivales, buscando imponer sus voluntades, provocándose la muerte a golpe de palos y piedras. A través de los años, los medios y técnicas del conflicto han llegado a ser crecientemente sofisticadas y complejas. Sin embargo, se ha podido constatar, también,  que en todo este devenir no ha habido cambios en los objetivos fundamentales de las guerras. Es así que, pese al advenimiento de las armas de destrucción masiva, el hombre sigue recurriendo a la guerra para imponer su voluntad a los demás.

Tendencias en el estudio de la historia y sus efectos en la historia militar


Mucho se ha hablado sobre la nueva manera de ver la historia, producto, especialmente, de una reacción a la historia antigua, la de los acontecimientos. Ha sido la llamada Escuela de los Anales, la que mayor influencia ha tenido en el nuevo enfoque. La historia militar no ha estado ajena a los cambios, especialmente debido a que, justamente, fue parte afectada en la crítica original.
El objetivo esencial de la historia antigua o tradicional era la política nacional e internacional, donde la religión y la guerra-objeto de nuestro estudio-tenían un claro protagonismo. La nueva tendencia apunta, en cambio, a cualquier actividad humana, partiendo del supuesto de que todas ellas son importantes. Asimismo, se ha producido una intensa búsqueda de historias más comprensivas, de historia total, de historia de las ideas, de las realidades sociales y culturales  que se han ido constituyendo en la larga duración, al decir de Braudel.

Otro aspecto que incorpora la llamada nueva historia, es la toma de distancia de una visión narrativa tradicional, haciendo más énfasis en el análisis de las estructuras, la larga duración, los cambios económicos sociales y los geohistóricos.   Últimamente, sin embargo, se ha revitalizado el estudio de los acontecimientos y en el campo de la historia militar, estamos de vuelta al estudio profundo de las batallas y su significado en el devenir. Así, se ha pasado de la narración cronológica a base de los hechos destacados por los acontecimientos políticos y militares a una mirada diferente, y hay historiadores que vuelven a destacar la narrativa como una forma de relatar todos los acontecimientos verdaderos, cuyo actor es el hombre. Así, se considera a la historia como  una novela verdadera. La trama, entonces, es una pregunta de la vida real que el historiador despeja a su antojo y en el que los hechos mantienen relaciones objetivas y poseen, también, una importancia relativa sin requerir, necesariamente, un orden cronológico. La dificultad aparece cuando se trata de normar y totalizar las tramas. Los historiadores, entonces, cuentan historias que son como los itinerarios que han decidido seguir a través del campo objetivo de los acontecimientos.  Pero no se trata solo de relatar sino también de explicar, y para eso es necesario organizar las ideas en una trama comprensible.  En el campo de la historia militar se trata, un poco, de repetir el aprendizaje del militar de antaño a través de acontecimientos reales, ordenados de una forma en que se pueda explicar mejor lo que pasó.  

La mirada  tradicional acostumbraba a mostrar una perspectiva observando los hechos desde arriba, vale decir, alrededor de la acción de los líderes militares, los grandes capitanes, los mariscales, considerando que el resto tenía un papel menor.  La visión nueva considera, en cambio, una mirada desde abajo, una visión desde la cultura popular aplicada en nuestro ámbito, por ejemplo, en las experiencias, las costumbres, los anhelos, los temores y las metas de los soldados.

Asimismo, las fuentes que se usaban eran las tradicionales, como documentos, planes, disposiciones, órdenes, organizaciones, reglamentos, formularios, roles de pago, entre otros.  Lo nuevo no se queda solo en la historia, sino que retrocede a la prehistoria y utiliza como pruebas, los objetos y la tradición oral. También incorpora la fotografía y la pintura, en sus distintas versiones, para descifrar la trama que se busca establecer.     

Finalmente, en la busca de la objetividad, antaño la historia perseguía determinar, efectivamente, lo que había pasado.  Ahora hay mayor amplitud en la aproximación a este aspecto, se busca aplicar el concepto de hetero-gloria. No todo se debe a la acción de un gran capitán; puede haber un conjunto de voces diversas y opuestas a la hora de explicar los hechos. Alrededor de la guerra, entonces, esta perspectiva alcanza una mayor riqueza.

El análisis comparativo efectuado hasta aquí no agota, en absoluto, el vasto campo que la íntima relación de las ciencias sociales con la historia abre por delante y que muchos ya han intentado.  Hay nuevas formas de hacer, que arrojan muchas ideas para la historia militar. La historia de lo imaginario, por ejemplo, como ese conjunto de representaciones que desbordan el límite trazado por los testimonios de la experiencia y los encadenamientos deductivos que estos autorizan, dejando un campo abierto al historiador militar, donde no estarán ajenos cuentos y leyendas sobre el particular, junto con la observación de la permanencia y evolución de los temas antiguos en la vida de los militares.  

Asimismo, se hace aplicable el concepto de historia inmediata, es decir, las obras escritas sobre la marcha del acontecimiento, por sus propios actores.  Algo visto, vivido y creado.  Hay una vuelta, como hemos adelantado, al acontecimiento y, de  hecho, en el campo de la historia militar, este aspecto ha tomado relevancia en los últimos conflictos vividos, en que los historiadores se confunden con los periodistas. En cuanto a la historia de las mentalidades, esta puede entregar interesantes resultados sobre la manera de pensar de los militares en las diferentes épocas.   

Otro concepto relevante es el de la Historia de las Estructuras, que plantea que la vida diaria de una sociedad se descompone en un conjunto de estructuras que se mantienen vivas en el tiempo, aunque cada una evoluciona a un ritmo propio.  Los aspectos que tienen un carácter regular, repetitivo y, por lo tanto, previsible, permiten tener una especie de  memoria colectiva, especialmente válida en el estudio de la llamada mentalidad militar. Así, eligiendo adecuadamente los factores de seguimiento sobre la base de hechos y tendencias, ellos nos hablarán de ciertos referentes de conducta que se mantienen en el tiempo.   También una visión antropológica da una perspectiva nueva para reconstruir el pasado. De allí la importancia de la historia de las costumbres, que no es otra cosa que una constante mezcla de comportamientos heredados de carácter permanente y de fenómenos de adaptación o de inserción.  Aspectos, por ejemplo, relacionados con el hábitat, los uniformes, la alimentación, la salud y el comportamiento de los militares con respecto a la sociedad, nos permiten conformar un repertorio histórico de la vida cotidiana muy interesante. 

Otro enfoque es la historia de los marginados, aquellos que, por una u otra razón, son discriminados, rechazados, no tomados en cuenta. Estos aspectos  pueden seguirse, evidentemente, en las sociedades, centrando la mirada en los transgresores, como delincuentes, herejes o, simplemente, en los olvidados o pasados por alto por raza, condición social o casta.  Esta mirada al interior de las organizaciones militares, puede arrojar luces interesantes de aspectos, en general, poco estudiados y que podrían explicar, desde abajo, algunos fenómenos ya observados. 

El uso y el estudio de la historia militar


El estudio de la historia busca una verdad que nos permita comprender el dinamismo de la actividad humana y nos  sirva para contribuir a la configuración de un futuro mejor, aportando los argumentos y razones deducidas.  La idea no es demostrar cosas sino, por sobre todo, averiguar algo.

Sabemos que la guerra es una forma repetitiva de comportamiento humano, por lo que el estudio de ella, junto con todo lo que lleva asociado particularmente al mundo militar, puede entregar importantes enseñanzas, no solo a los uniformados, sino a la sociedad entera. Es el presente, nuestro presente, el que la historia militar enlaza con el pasado y el futuro.  Acudimos al pasado en función de las preocupaciones presentes, las cuales se encaminan hacia la configuración del futuro.
Así, podemos decir que la historia militar es un arte que supone la adquisición de una experiencia. Lo que nos engaña y nos hace seguir esperando que un día alcance un nivel verdaderamente científico, se debe a que está llena de ideas generales y de regularidades aproximadas, como ocurre también en la vida cotidiana. Se trata, entonces, de ir junto a los acontecimientos analizados desde la posición de un observador posterior, escuchando las voces diversas y opuestas de los muertos, para que se oigan de nuevo.

En ocasiones la historia militar ha servido como propaganda para construir mitos, de manera de crear o sostener emociones y creencias, como por ejemplo,  la historia de un regimiento, enfatizando su gloria y apagando lo malo que pudo haber. Esta visión básica y selectiva del pasado generó, en el tiempo, un distanciamiento entre los escritores militares y los académicos. Así, se estigmatizó este tipo de historia como "la del tambor y la trompeta” y desde el mundo académico se estableció la noción de que la guerra y lo militar no era en realidad tal como se pintaba, sino que estaba acomodada para servir otros fines.  Sin embargo, paradójicamente, muchos también han reconocido el valor del mito al que le dan una destacada función social.

Con todo, la labor del historiador militar, cualquiera sea su origen, es descubrir y registrar todo lo complicado y desagradable que las realidades de la guerra consideran. De allí que hay que acercarse al mito con mirada crítica, lo que puede desilusionar y causar dolor.  Se trata, en definitiva, de decir la verdad para conformar los valores por los que se luchó en la guerra y conocer por qué se defendieron, pero también  para preservar la eficiencia militar para el futuro.

Así, entrar en las mentes de las generaciones pasadas es difícil y requiere de entrenamiento y mucha lectura.  De allí que el esfuerzo hay que centrarlo en verificar la evidencia, a fin de establecer los hechos y, luego, ordenarlos en su conexión de causa y efecto.  El número de hechos relevantes puede ser infinito y la idea no es solo contestar algunas preguntas, sino dejar que los hechos hablen, escuchar las voces reales, no aquellas que nosotros queremos escuchar. No cabe la menor duda de que después de escoger, ordenar e interpretar, vamos a encontrar detrás de los hechos, detrás de Clío, a un historiador.

Las dificultades que nos encontramos no son menores. La evidencia, a veces, es confusa y contradictoria.  Los testigos, normalmente, no quedaron en las mejores condiciones psicológicas para dar testimonios confiables de sus experiencias.  A lo anterior, se agregan las dificultades propias que imponen la lealtad y la discreción que, a veces, pueden llevar a suprimir evidencias.  Así, también tratar de colocar orden artificial en el caos, haciéndolo racional, es una verdadera blasfemia de la verdad caótica.

La historia militar es útil para los profesionales de las armas. De allí que a través de su estudio podremos reconocer que las guerras se parecen entre sí, más que cualquiera otra actividad humana, por el peligro, el miedo, la confusión y por tratar de imponer la voluntad de unos sobre otros, con violencia.  Las diferencias, como lo hemos recordado en nuestro recorrido inicial por la historia militar, se producen por los cambios sociales y tecnológicos que hay que tener en cuenta.  También se puede observar la repetición de errores, especialmente por falta de decisión de los líderes, generando, con ello, una lenta reacción.

Michael Howard nos propone tres reglas de estudio que es conveniente considerar :

- Un estudio en el tiempo, que nos permita observar cómo la forma de guerrear se ha desarrollado a través de largos períodos históricos.  Así, viendo lo que ha cambiado, se puede deducir lo que no lo ha hecho y, también, aprender de las grandes continuidades en este campo, así como de las similitudes de las técnicas empleadas por los grandes capitanes, a través de los tiempos.  Los principios de la guerra se van haciendo claros, pero deben complementarse con un claro sentido del cambio, algo que solo puede entregar la luz de una amplia lectura.

- Un estudio en profundidad, vale decir, escoger, por ejemplo, una sola campaña y explorarla cuidadosamente, no solo con las historias oficiales, sino también con memorias, cartas, diarios e, incluso, la literatura imaginativa, hasta que se disuelva la bruma y se aclare la idea de la confusión y el horror de la experiencia real.  Así, dejar el orden atrás y recrear por un estudio detallado la misma presencia del caos, revelando la parte jugada no solo por la habilidad, la planificación y el valor, sino también por los golpes de suerte.  Así nos podemos acercar un poco más a lo que realmente sucedió.

- El estudio del contexto.  Las campañas y batallas no son como juegos de ajedrez, ya que estos son llevados a cabo totalmente aislados de su entorno y bajo estrictas reglas definidas anteriormente.  En el caso de las guerras, estamos ante conflictos de sociedades, por lo que pueden comprenderse si realmente se entienden las sociedades que están luchando.  Las raíces de las victorias o de las derrotas, es necesario buscarlas lejos de los campos de batalla, en factores políticos, sociales y económicos.  Así se explica por qué los ejércitos estaban constituidos de una forma determinada y por qué los líderes se comportaban de una determinada manera.  Si no se consideran estos factores, las conclusiones que se obtengan pueden ser muy equivocadas.

Sin lugar a dudas, toda  historia ayuda a un sentido de pertenencia y todos los hombres, en forma consciente o inconsciente, hacen uso de ella.  En ella está la inspiración para los miembros nuevos de la sociedad a la que pertenecemos.  En lo militar, es una verdadera base de datos para análisis operacionales, sistemas de entrenamiento para comandantes prospectivos, una memoria institucional, en fin, una fuente de recreación.  Von Moltke decía: “La historia es el mejor sustituto para un ejército de paz.”

Clausewitz, por su parte, nos recuerda que la crítica histórica busca la relación entre los fenómenos y nos da la habilidad para juzgar.  Nos guía para efectuar una deducción. Es así como la historia es como una escuela de arte, se busca entender acontecimientos que son únicos y de allí que hay que descubrir los hechos, seguir las huellas de los efectos hacia las causas para conformar la investigación y la evaluación de los medios.  Así, las preguntas no pueden quedar en un solo nivel, sino hacerlas desde arriba y desde abajo, como hemos recordado.  No se trata solo de saber lo que ocurrió en determinada campaña o guerra, sino de lo que podría haber pasado, no solo de los medios usados, sino los que podían haberse usado.  Así, la crítica está dirigida solo a reconocer la verdad y no para actuar de juez.  En síntesis, saber por qué fue y cómo fue.

Por Roberto Arancibia

Bibliografía

1.    :   John Keegan , The Face of Battle, The deficiencies of Military History, Chatham, Kent,1991, p.27.
2.      Ernst and Trevor Dupuy, The Collins Encyclopedia of Military History, Harper Collins Publishers,1993, p.xix.
3.      Peter Burke, Formas de hacer Historia., Alianza Editorial, Madrid, 1990, p.287.
4.      John Keegan , The Face of Battle, ed. Ejército, Madrid, 1990, p.17 y Antonio Espino López, La Renovación de la Historia de las Batallas, Revista de Historia Militar, Madrid año XLIV, Nª91. p.160.
5.      Paul  Veyne, Como se escribe la Historia, Ed. Alianza, Madrid, 1997, p.28.
6.      Jules  Henri  Poincaré (1854-1912)The Cambridge Dictionary of Philosophy, Cambridge University Press,USA,1995, p.626.
7.      Federico Suárez, La historia y el método de investigación histórica, Ediciones RIALP, Madrid, 1977, p.121-122.
8.      Michael Howard, The causes of War, Unwin Paperback, London ,1983, p.210.
9.      Helmut Von Moltke, The Art of War, Hammersmith, New York,1990, p.45.
10.      Eliot A. Cohen and John Gooch, Military Misfortunes , The Anatomy of Failure in War, Vintage Books, New York, 1990, pp 45-46.

Información

Técnica

Descripción BreveLa historia militar es muchas cosas. Para algunos, el estudio de los generales y su gestión de mando. Para otros, el estudio de las armas y los sistemas de armas, de la caballería, la artillería, de los castillos y fortificaciones, del mosquete, la ballesta, el caballero de armadura, del acorazado y del bombardero estratégico.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

Queremos tu

Opinión