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“Los académicos solemos valorar mucho la actitud de los estudiantes que buscan ayuda”

Poeta y admirador de Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, entre otros, reconoce que durante sus años de secundario “tenía déficit severos en áreas como química y física”. ¿Cómo los resolvió? “Estudiando muy duro”, dice.

Acercarse a los profesores, organizar grupos de lectura y seguir un horario de estudios son los tres pasos que hay que seguir para preparar una buena PSU de Lenguaje.

Acercarse a los profesores, organizar grupos de lectura y seguir un horario de estudios son los tres pasos que hay que seguir para preparar una buena PSU de Lenguaje, según Jaime Espinosa Araya, Rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, UMCE.

Estudió Pedagogía en Castellano durante la década de los ’70 en la misma casa de estudios que hoy dirige (establecimiento que antes era conocido como el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile) y hoy, como profesor en esa área, asegura que “los académicos solemos valorar mucho la actitud de  los estudiantes que buscan esa ayuda”.

Poeta y admirador de Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, entre otros, reconoce que durante sus años de secundario “tenía déficit severos en áreas como química y física”. ¿Cómo los resolvió? “Estudiando muy duro”, dice.

¿De qué manera se preparó usted para ingresar a la universidad?
Cuando yo entré a estudiar se rendía la Prueba de Actitud Académica (PAA). Estamos hablando de la época de los ’70. Recuerdo que en mi colegio se organizó un preuniversitario los días sábados, pero al final éste pasó a convertirse en una clase más dentro de las asignaturas que teníamos en la semana. Yo creo que lo que me sirvió más fue integrar un grupo de estudio con amigos del barrio que sabían de otras materias y  con la misma aspiración de llegar a la universidad. Como yo tenía mucha capacidad para el ámbito de las letras, me hacía cargo de ayudar a los otros que tenían problemas en esta área, y había otro amigo con aptitudes para las matemáticas, que hacía lo mismo con quienes tenían problemas en esa área.

¿Le sirvió esa técnica?
Claro que sí. Yo creo firmemente que cuando uno tiene la responsabilidad de dirigir un proceso de aprendizaje destinado a los demás, se tiene que preparar mucho más y se compromete a instruirse en los contenidos. Enseñar ayuda muchísimo: es un mecanismo muy exitoso para prepararse.

Específicamente, ¿le costó estudiar alguna materia?
No tuve mayores dificultades en ningún contenido mientras me preparaba. Fui más o menos parejo en todos los ramos. No porque estuviera más inclinado hacia las letras, significaba que hubiese tenido demasiados problemas con las matemáticas. Ahora, si la pregunta fuera cuál fue mi mayor dificultad en el colegio, tengo que reconocer que tenía severos déficit en el ámbito de la química o la física.

¿De qué manera solucionó esos problemas?
Estudiando muy duro. Porque con el paso del tiempo te das cuenta que éstas son materias indispensables para comprender el mundo y tener una visión más competa de la realidad. Así, lo que no se alcanza a cubrir en el colegio, para una persona inquieta intelectualmente, terminará nivelándose tarde o temprano gracias al estudio y la lectura.

A partir de esto, ¿cómo deberían prepararse los jóvenes para rendir la PSU?
Mi recomendación es seguir tres pasos igual de importantes. Por una parte hay que confiar en los profesores. A pesar de que ellos siempre están muy apremiados por los programas de estudios, por las calificaciones y por la realización de las clases, siempre tienen la disponibilidad de asistir a los alumnos, de cubrir las dudas que tengan. Los profesores solemos valorar mucho la actitud de los estudiantes que buscan esa ayuda. Hay que usar la boca de la cara para hablar. Así que es absolutamente aconsejable preguntar y exponer las dudas a quienes guían su proceso de preparación para la PSU.

Asimismo, es importante preparar un grupo de estudio con el cual estudiar en conjunto. Claramente esto estimula el aprendizaje, lo motiva y lo hace más entretenido. Los beneficios de esto son múltiples. Además, si hay materias que no conocen o que no han pasado en el colegio, gracias a Internet, hoy es posible encontrar todo tipo de materias en la red. En ese sentido es importante que los jóvenes conozcan el temario de los contenidos que entran en la prueba y buscarlos si es que no los adquirieron en la escuela.

Y por último, a esto hay que agregar un muy buen de hábito de estudios. No hay para qué pasar tantas horas al día trabajando en aprender algo, puesto que si uno desarrolla un proceso sistemático en el tiempo y de forma constante, eso rendirá sus frutos al final. Hay que advertir que quedan pocos meses para prepararse, no obstante todavía se puede desarrollar esa disciplina.

Dice usted que enseñaba a los demás sobre materias de castellano, ¿cómo le fue en la PAA de Verbal?
Bien, hice una muy prueba en verbal porque era un muy buen lector. Me gustaba la lectura. Y ese interés se lo debo a mi madre. Ella me enseñó a leer antes de entrar al colegio y ahora aprovecho de rendirle un homenaje a ella, pues fue determinante en mi interés por las letras. Además, en tiempos donde no había televisión, la lectura se presentaba como una real alternativa al juego. Siendo niño, era muy interesante para mí leer cuentos infantiles, por ejemplo.  De hecho, yo esperaba con ansiedad cuando entregaban los materiales y aparecía el texto de lectura. Para mí este era un cuerpo selecto de lectura apropiado a la edad que tenía. Claro, más adelante cuando estaba en la enseñanza media conocí a personas ligadas al ámbito de la literatura y del teatro y me empecé a entusiasmar por mucho por esas áreas, sobre todo por la poesía. Hasta el día de hoy sigo dedicándome a la poesía, así que por eso soy famoso: por lo desconocido.

¿Cree usted la frase popular que dice que Chile es un país de poetas?
Por supuesto. Creo que esa frase toma en cuenta la gran cantidad de poetas que han servido de espejo para muchos que se sienten reflejados con sus obras. Tener aquí a Gabriela Mistral, a Pablo Neruda, a Vicente Huidobro, a Raúl Zurita, a Gonzalo Rojas, a Efraín Barquero, entre otros muchos a los que admiro, tiene que ser un estímulo para nuestros ciudadanos. En esa línea, creo que somos campeones mundiales en poesía.

¿Qué les diría a los jóvenes de la enseñanza media que están comenzando a escribir poesía?
Que tengan una actitud de persistencia: persistentes como la gota que oraba a la piedra. No hay que dejar de intentarlo jamás, porque ser poeta no significa sólo garabatear en un papel, sino que también tiene que ser una actividad transformada en un estilo de vida. No importa que los demás no lo sepan, uno sabe que está mirando al mundo de una manera especial. Escribir, escribir y escribir. Ensayar hasta encontrar la propia voz que fecunde el estilo. Porque al final, lo que uno pretende es instalar un estilo, un lenguaje que sea innovador, renovador e iluminador.

¿Qué significó para usted entrar a la universidad?
La universidad en que estudié era muy pluralista, donde llegaba gente de características sociales muy distintas. De tal modo que había gente con formaciones diferentes y todos entraban en un proceso de interacción, de encuentro muy interesante. Las clases eran muy reflexivas, muy interactivas, de mucha y muy profunda discusión. En este período establecí lazos de amistad y afectividad muy fuerte que mantengo hasta hoy. En definitiva, fue el lugar donde encontré distintas personas que tenían intereses comunes.

Siendo ya un universitario, ¿hubo algún ramo que le costó más que otro?
A mi me interesaba muchísimo la literatura y la poesía en particular. Por eso, consideré tan ajenos a mis intereses los estudios de lingüística y gramática. No obstante, con las vueltas que tiene la vida, terminé especializándome en todos los ramos que en un principio me resultaban tan complejos, tan ajenos. Con los años he llegado a encontrar gozosa toda actividad intelectual que se asocia al lenguaje. Me parece que muchos misterios humanos se descifran desde la perspectiva lingüística.

Usted estudió en estas mismas dependencias, ¿qué siente ahora que está al mando de esta casa de estudios?
Es un gran honor y un privilegio. Me entrega una satisfacción, a la que tengo que responder con responsabilidad. Porque nuestra universidad, de calidad estatal, forma a los mejores estudiantes de pedagogías del país, tiene los mejores puntajes de ingreso y muy buenos resultados en la Prueba Inicia (mecanismo gubernamental de medición a estudiantes del último año y recién egresados de pedagogías). Cualquier percepción sobre nuestra casa de estudios que apunte a la denominación del “piedragógico”, me parece una caricatura, un escarnio que yo rechazo categóricamente. Es muy probable que la gente tienda a asociar a nuestra universidad con los desórdenes callejeros por lo que aparece en los medios de comunicación, pero quiero insistir que estos hechos no tienen relación entre sí. Para graficar esto, yo siempre reproduzco una frase muy hermosa que dice “cuando un árbol se cae dentro del bosque, lo hace estrepitosamente, sin embargo todos los demás árboles continúan creciendo silenciosamente”. Aquí pasa exactamente lo mismo: cuando hay bullicio, cuando hay desorden en la calle, el resto de la universidad sigue funcionando académicamente como responde.

En ese sentido, y como rector de esta universidad pedagógica estatal, ¿por qué cree que los jóvenes deben estudiar carreras humanistas y, sobre todo, relacionadas con la educación?
Porque es un deber humano desarrollarse, crecer intelectualmente. Una carrera humanista permite hacer grandes contribuciones al país. Si no hubiera humanismo, el desarrollo del hombre se vería gravemente afectado. Ahora, respecto a las pedagogías, estamos viviendo un período de mucha crítica a las carreras de educación. Todos queremos que nuestro país ostente mejores indicadores en esta materia. El problema es que cuando no se logran estos resultados, se indica equivocadamente a los profesores como los culpables. Esto genera una opinión pública muy adversa para la figura del profesional de la educación, que es alimentada por los medios de comunicación. Sin embargo, en la práctica, el mundo académico es el que más busca soluciones a esos problemas. Yo quiero decirle a los jóvenes deben tener claro que el ser profesor es la tarea más honorable que pueden asumir. Nosotros, no buscamos la rentabilidad económica, sino que estamos aquí para rendir un servicio humano, estamos promocionando al hombre y a sus valores.

Entonces, si los jóvenes quieren dedicarse a la pedagogía, deben tener claro el sentido social que tiene esta carrera.

Los estudiantes tienen que tener un compromiso social y un grado de responsabilidad que les acompañará el resto de su desarrollo profesional. La tarea que les toca asumir es tremendamente delicada, sobre todo al considerar la materia prima que le llega a sus manos: el niño o joven que quiere aprender.

Información

Técnica

Fecha de Modificación03/12/2010
Descripción BreveEntrevista a Jaime Espinosa Araya, Rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, UMCE.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

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