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La Disciplina Familiar debe cambiar a lo largo del ciclo de vida familiar

La meta de la disciplina debiera ser ayudar a los hijos a aprender a ser responsables, independientes y autónomos, logrando tener una disciplina interna o autocontrol. También, enseñarles a considerar los pro y los contra de cada decisión, aprendiendo a hacerse responsable de las consecuencias de sus actos.

Entenderemos la disciplina familiar como instruir, enseñar, lo que también implica poner límites, es decir definir lo que es permitido y lo que no lo es al interior de la familia.

Si bien los estilos disciplinarios deberán ir cambiando junto con el desarrollo de los hijos, hay algunas estrategias claves que favorecen una disciplina familiar equilibrada.

Por Claudia Romagnoli, en base al material “Reuniones de Apoderados: Tarea de Padres y Profesores” de las autoras C. Romagnoli y F. Morales, 1996, Santiago, Dolmen Ediciones.

Entenderemos la disciplina familiar como instruir, enseñar, lo que también implica poner límites, es decir definir lo que es permitido y lo que no lo es al interior de la familia.

Siendo la disciplina parte de la vida familiar, va modificándose junto con los cambios que ocurren al interior de ella.  Así tenemos que la disciplina para un niño pequeño no puede ser la misma que para un joven y, aunque los valores que existan detrás sean los mismos, la forma de la disciplina debe variar. En el artículo “Por qué los jóvenes aún necesitan de disciplina familiar”, podrá conocer más acerca de este tema.


CAMBIOS EN EL TIPO DISCIPLINA FAMILIAR

En un comienzo vemos que el niño necesita este control externo, ejercido por sus padres.  Lo necesita porque así se siente seguro, protegido y, a la vez, porque así aprende cómo conducirse, aprende a respetar y a considerar a las demás personas.  Poco a poco se hace necesario aprender a equilibrar el nivel de control que se ejerce con un mayor grado de libertad y de independencia del niño.  De esta manera se facilita el desarrollo del autocontrol de su conducta, en especial a medida que va creciendo y se va acercando a la edad juvenil.  El joven, a diferencia del niño,  ya tiene ciertas capacidades de razonamiento que le permiten relacionarse con el mundo de otra manera; tiene otras necesidades e intereses que lo impulsarán a actuar en direcciones diferentes a cuando era pequeño; mantener el mismo nivel de control sobre él sin considerar estos cambios, es decir, seguir tratándolo como a un niño, es una de las mayores fuentes de conflicto entre padres e hijos en esta etapa.

Si bien los estilos disciplinarios deberán ir cambiando junto con el desarrollo de los hijos, hay algunas estrategias claves que favorecen una disciplina familiar equilibrada.


BASA TU AUTORIDAD EN EL AMOR

 Si la disciplina se da dentro de una relación amorosa, cercana, los hijos perciben mejor las buenas intenciones de sus padres y probablemente aceptarán su guía.  En un ambiente hostil, agresivo, la disciplina será vista como algo negativo, algo ante lo cual “hay que rebelarse”, no teniendo los efectos positivos que se esperan.

REGLAS CLARAS

 El uso de reglas en la familia es muy útil.  Lo importante es que el niño y el joven comprenda el sentido de las reglas y conozca las consecuencias si las transgrede.  Estas reglas tienen que ser claras, dando una pauta acerca de cómo comportarse. Además, tienen que ser reforzadas consistentemente por ambos padres, de manera que el joven desarrolle un sentido de responsabilidad y seguridad respecto a lo que se espera de él. Por ejemplo, se pueden fijar reglas en la familia sobre: el horario de las tareas, horarios de salidas y llegadas, no beber alcohol hasta que se tengan 18 años, reglas de buen trato, por ejemplo no golpear o maltratar a los hermanos, tratar bien a las personas que trabajan en la casa, etc.

NO PASAR POR ALTO LA TRANSGRESIÓN DE UNA REGLA

 Nunca debe pasar por alto la transgresión de una regla, pues de lo contrario, el niño o joven se acostumbra a hacerlo y la regla pierde validez.  Es importante que si se trasgrede una regla (no considera la regla que se puso para cierta actividad o de convivencia en la familia, etc.), exista alguna consecuencia, por ejemplo, quitar un privilegio.  El tipo de sanción dependerá del estilo de los padres y de las características del hijo, con la salvedad de que nunca es recomendable el castigo físico.  Una buena manera de sancionar es acordar con el joven en qué consistirá ésta.  La participación de él en establecer la sanción le ayudará a hacerse responsable de sus actos, la hace una sanción más realista, posible de cumplir y, en esta medida, más efectiva.

PERMÍTALES VÍAS LIBRES

 Es muy útil darles libertad en ciertas áreas como una forma de canalizar la oposición “natural” que muchas veces aparece en la edad juvenil.  Así se sentirán más independientes al poder decidir sobre materias personales.  Por ejemplo, su manera de vestir, su corte de pelo, la música que oyen, etc.  Si se les da libertad en algunas áreas, probablemente no necesitarán demandarla en otras.

CADA HIJO ES ÚNICO Y DIFERENTE

 Los jóvenes no sólo difieren en cuanto al control que necesitan,  sino también en cuanto al control que pueden soportar.  Cada hijo es una persona única, con su propia personalidad, con necesidades particulares.  Es de gran importancia balancear la independencia y el control, tomando en cuenta que debe ser distinta para cada hijo.


USANDO NUESTRA INFLUENCIA INDIRECTAMENTE

 La influencia de los padres no tiene por qué ser siempre directa.  Algunas formas muy efectivas y positivas de guía paterna son indirectas.  El estimular a los hijos a desarrollar habilidades artísticas, deportivas o intelectuales son lo que podríamos llamar un “control indirecto” ya que los encaminamos a usar su tiempo libre de manera sana y positiva, sin imponerles una manera de ser y de pensar.

 Otra forma de guía indirecta es el refuerzo.  Esto apunta a estimular o enfatizar los buenos comportamientos de los hijos y, de esta manera, incentivarlos a que sigan comportándose así.  A veces tendemos a centrarnos más en las malas conductas y problemas que en los logros y buenos comportamientos de los hijos.  A ellos los hace sentir muy bien el que los reconozcamos y hagamos saber sus logros y cualidades; además los motiva a continuar en esa misma línea.  Esto puede hacerse de muchas maneras, dependiendo del estilo particular de cada padre.  Algunas maneras de reforzar son: una sonrisa, decirle “buen trabajo, estoy orgulloso de ti”, una palmadita en la espalda u otro cariño físico, alentarlo diciéndole “buen intento”, “sigue tratando, sé que es difícil”.

 Las reglas familiares se puede crear frente a diversas situaciones: las horas de llegada a la casa, el aseo de la pieza, las salidas con amigos, etc.  Nunca está demás, antes de aplicar alguna, conversarla con el niño o joven y asegurarse de que ambos entiendan lo mismo para evitar malos entendidos.  También es importante que a los hijos les quede claro el sentido de la regla; así podrá cumplirla más fácilmente.  Si en la familia no están habituados a establecer este tipo de reglas es recomendable comenzar probando con una o dos, partiendo con aquellas con mayores posibilidades de llegar a éxito.

 Si queremos formar niños amables, sociables y respetuosos, debemos como padres, estimular este desarrollo, y esforzarnos por crear una disciplina familiar firme pero amorosa, que enseñe a convivir, a respetar reglas importantes, reglas que tienen como base el amor que tenemos por ellos, y las ganas de que se desarrollen positivamente.

Información

Técnica

Descripción BreveLa meta de la disciplina debiera ser ayudar a los hijos a aprender a ser responsables, independientes y autónomos, logrando tener una disciplina interna o autocontrol. También, enseñarles a considerar los pro y los contra de cada decisión, aprendiendo a hacerse responsable de las consecuencias de sus actos.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile

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