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Una buena convivencia se enseña conviviendo

La convivencia escolar sí se puede gestionar, pero no hay modelos únicos. Toda escuela puede -y debe- diseñar estrategias y acciones concretas en pos de crear las mejores condiciones posibles para su realidad particular. Es tarea de todos.

La convivencia escolar engloba conceptos muchos más amplios que la disclipina y la conducta. Es un proceso multidireccional, que se desarrolla en la cotidianeidad y debe ser impulsado por la escuela, aunque depende de todos los estamentos del sistema educacional.

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La convivencia escolar, es un concepto más amplio de lo que suele pensarse. Frecuentemente ha sido homologado al término “disciplina” y al de “conducta”, sin considerarse las distintas dimensiones de ésta. La convivencia escolar es una construcción colectiva y dinámica, y es responsabilidad de todos los miembros de la comunidad educativa sin excepción; no sólo es producto de las relaciones personales, sino que también alude a las formas de interacción entre los estamentos del sistema educativo.

En esta línea, la convivencia es también resultado de diversos aspectos como los estilos comunicativos que prevalecen en la escuela, la distribución del poder, los estilos de liderazgo, los criterios de toma de decisiones, el estilo de tratamiento ante situaciones conflictivas, el clima de trabajo y de aprendizaje, la presencia o ausencia de afecto en el trato, la manera de abordar las situaciones de sanción, entre muchos otros factores.

Todos estos son elementos que definirán el modo de convivir de cada escuela, de ahí también el que la forma de convivencia variará de una comunidad escolar a otra, de acuerdo a las características particulares de sus miembros y de las distintas dimensiones señaladas anteriormente. Por ello, su gestión no admite modelo único.

Aron y Milicic (1999), hacen referencia a dos tipos de climas sociales de convivencia, los climas sociales nutritivos y los tóxicos (para profundizar ver el documento: Climas sociales tóxicos y climas sociales nutritivos para el desarrollo personal en el contexto escolar, extraído de  www.convivenciaescolar.cl )

Los climas sociales nutritivos serían aquellos en que la convivencia social es más positiva, donde prevalece una atmósfera de confianza y respeto mutuo, donde se percibe reconocimiento y valoración,  se transmiten altas expectativas y anima a los alumnos a esforzarse para cumplir los objetivos educativos, donde los estudiantes sienten que es posible participar, en que hay una buena disposición a aprender y a cooperar, y donde se promueve que aflore la mejor parte de las personas.

Los climas sociales tóxicos, caracterizados por las cualidades contrarias a las antes señaladas, serían obstaculizadores del desarrollo porque tenderían a generar stress, inseguridad, descontento, disminuyendo las ganas de trabajar, afectando negativamente los aprendizajes, rendimientos y las relaciones.

 La convivencia escolar, no sólo es sinónimo de disciplina y conducta. Es una construcción colectiva y dinámica. Además, la responsabilidad es de toda la la comunidad escolar, ya que alude a las formas de interacción de todos los estamentos del sistema educativo.

Así, depende de una serie de factores, tales como:

-los estilos de liderazgo
-los estilos comunicativos
- la distribución del poder
-el clima de trabajo y aprendizaje
- la manera de abordar las sanciones


 
Los climas sociales de convivencia de la escuela y de la sala de clases tienen efectos sobre los aprendizajes y sobre la formación personal y social de los estudiantes, pudiendo convertirse en facilitadores u obstaculizadores del aprendizaje y del desarrollo (ver artículo: “Relevancia y beneficios de una buena convivencia escolar” en Portal Esencial).

A convivir se aprende en cada espacio en que se comparte la vida con otros y se enseña principalmente conviviendo. Es inevitable enseñar a convivir, debido a que estamos siempre en la con-vivencia.

Es así como la formación de valores y habilidades socioafectivas y de convivencia ocurre cotidianamente, de manera casi imperceptible. Sin embargo, el hecho de que se formen en la cotidianidad de las vivencias y experiencias, no implican que esto sea un proceso que no pueda ser direccionado e intencionado. Toda institución educativa puede diseñar estrategias y acciones concretas para crear ciertas condiciones y espacios para que la convivencia y la formación socioafectiva de sus estudiantes ocurra en la línea de lo que desea.

Como educadores, resulta importante preguntarnos cuál es el sello que deseamos dar a la convivencia, porque de ella dependerá el modo de convivir que aprendan nuestros estudiantes y el efecto que tenga sobre sus aprendizajes y desarrollo.

Si queremos formar estudiantes respetuosos de las demás personas, tolerantes, justos, empáticos con las necesidades de los demás, con buenas habilidades sociales, preocupados de ayudar y colaborar, etc., entonces tenemos que generar un clima social de aula donde se vivan y se promuevan estas actitudes, valores y habilidades.

El desafío de la escuela será entregar un modelo de aprendizaje de convivencia, y ejercicio de valores de respeto, tolerancia, no discriminación y participación (MINEDUC, 2005). El aprendizaje de valores y habilidades sociales, así como las buenas prácticas de convivencia, serán a su vez la base de la formación del futuro ciudadano (MINEDUC, 2002b).

Tal como postuló la Comisión Internacional que fue conformada el año 1993 para evaluar el perfil de la Educación para el Siglo XXI, tan relevante como el aprender a conocer, hacer y ser, es el aprender a convivir.

De esta manera, surge en forma clara la importancia y necesidad de intencionar y gestionar la formación de habilidades socioafectivas, y la promoción de un clima social de convivencia positivo o nutritivo; planificando espacios, actividades de enseñanza-aprendizaje, metodologías y tiempos para la incorporación de esta formación en el currículum escolar, de manera articulada a las actuales ofertas curriculares, que permitan ir avanzando en el logro de aprendizajes de calidad y en la formación integral deseada.

 
Se sugiere leer también los siguientes artículos relacionados:

Clima Social Escolar”, documento ValorasUC, autoras: Isidora Mena y Ana María Valdés, 2008, en Portal de Convivencia Escolar www.convivenciaescolar.cl

Convivencia Escolar”, documento ValorasUC, autora: Cecilia Banz, 2008, en Portal de Convivencia Escolar www.convivenciaescolar.cl

Información

Técnica

Descripción BreveLa convivencia escolar sí se puede gestionar, pero no hay modelos únicos. Toda escuela puede -y debe- diseñar estrategias y acciones concretas en pos de crear las mejores condiciones posibles para su realidad particular. Es tarea de todos.
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