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Relevancia y beneficios de una buena convivencia escolar

Una serie de estudios tanto chilenos como internacionales se han abocado a abordar las infinitas ventajas que ofrece una buena convivencia escolar. Acá te mostramos algunas.

Mejorando la convivencia escolar no sólo se obtienen beneficios a nivel académico, sino que crecen todas las demás aristas que conllevan una formación integral: trabajo en equipo, mayor autoestima, competencias comunicativas, reducción de conductas violentas,etc.

Especial Bullying

Sección apoyo emocional y social

Por Claudia Romagnoli. En base al documento ValorasUC “Convivencia Escolar”, de las autoras C. Romagnoli y A.M. Valdés. Noviembre 2007. www.valorasuc.cl

Tanto el clima escolar, en particular, como la forma de convivencia escolar, en un sentido más amplio, tienen comprobados efectos sobre el rendimiento de los alumnos, su desarrollo socioafectivo y ético, el bienestar personal y grupal de la comunidad, y sobre la formación ciudadana.

Específicamente una convivencia escolar prosocial preocupada de la formación socioafectiva y ética de sus miembros, ha mostrado conllevar profundos beneficios sobre la comunidad escolar.

En primer lugar, se han encontrado fuertes beneficios sobre el rendimiento escolar. Así, por ejemplo, un estudio realizado por Juan Casassus (entre los años 1995 y 2000) arroja una elevada correlación entre la formación de valores para una adecuada convivencia y los logros de aprendizaje. Entre sus resultados, destaca al clima emocional del aula como un factor con muy elevada incidencia en el aprendizaje; así, el cómo los alumnos perciban este clima incidiría altamente en su desempeño y nivel de aprendizaje.

En contraste, el Informe “Sistematización y Estudio de las Escuelas P-900 que no avanzan” realizado por la Universidad Alberto Hurtado y CIDE (Román y Cardemil, 2001), señala que las escuelas que no avanzan en la Región Metropolitana tienen problemas de convivencia. 
 
También los autores de la publicación de la OECD (2005, en Alarcón, 2006), “School factors related to quality and equity” demostraron, a través de un estudio cuantitativo, que el clima escolar tiene una mayor incidencia en el rendimiento escolar de los alumnos, que los recursos materiales y personales.

De igual forma, estudios que han intentado explicar el nivel de logros educativos de aquellos países considerados “exitosos” por las pruebas de medición internacionales de desempeño escolar, tales como Canadá, Cuba, Finlandia y República de Corea, mencionan como uno de sus factores determinantes, el despliegue de un “clima escolar” positivo, es decir, determinadas condiciones contextuales de la escuela y el aula (Alarcón, 2006).

Según la información entregada en la Reunión PROMEDLAC VII en Marzo 2001, donde se congregaron los Ministros de Educación de América Latina y el Caribe; una buena convivencia tendría efectos en el aprendizaje en tanto incidiría en la motivación y autoestima de los alumnos, reforzando positivamente su aprendizaje (Oreal, UNESCO, 2001). Así también Juan Ruz (2003) postula que esta correlación estaría sostenida por el hecho de que una cultura de acogida, motivadora y gratificante, es decir un espacio socio afectivo adecuado, incidirá positivamente en el rendimiento de los estudiantes al concebirlos como sujetos con capacidades. Y tal como postula el Informe de la Universidad Alberto Hurtado y CIDE (Román y Cardemil, 2001), el factor central del fracaso escolar guardaría relación con la percepción o representación social que tienen los profesores y directivos respecto de los estudiantes y sus familias; así, una percepción positiva de las capacidades de los estudiantes, tendría efectos positivos sobre su aprendizaje.  
 
Estas ideas han sido apoyadas por el Ministerio de Educación de Chile (2002 a), quien señala que una buena convivencia hará que el paso por la escuela sea recordado como experiencia emocionalmente significativa; y que el trabajo colaborativo empoderaría a los niños, generándoles mayor autoestima, valoración y confianza en si mismos, y los demás. De ahí el que en su modelo de gestión de la calidad de la educación, la reforma educacional sitúe a la convivencia escolar como uno de los factores centrales que incidirían en los logros de calidad (MINEDUC, 2005).

Esto muestra cómo, el atender a la formación socio afectiva y ética para la generación de una convivencia prosocial no implica disminuir o recortar la importancia del rendimiento académico; sino muy por el contrario, se convierte en una acción preocupada por una formación integral del alumno, lo que a su vez tendrá efectos positivos en los aprendizajes académicos del estudiante (Ruz, 2003). 
 
Por otra parte, estudios también muestran que los programas que intervienen sobre la convivencia de las comunidades escolares conllevan beneficios para el desarrollo socioafectivo y ético de los involucrados. En dicha línea, el estudio de Berkowitz y Bier (2005), muestra que estos programas también inciden de manera muy significativa en competencias centrales para el desarrollo de alumnos integrales, como son el desarrollo de la cognición socio-moral (los programas tuvieron un 74% de efectividad), desarrollo de competencia emocional (64% de efectividad), mejora en las relaciones interpersonales (62% de efectividad), desarrollo de competencias comunicativas (50%), desarrollo de comportamientos y actitudes pro-sociales (43%).

Así también, una convivencia escolar positiva conllevaría efectos en beneficio del bienestar tanto personal como grupal. Entre dichos efectos se han encontrado correlaciones con la disminución del ausentismo escolar (así como un buen ambiente laboral disminuye el ausentismo laboral), la prevención y baja de conductas de riesgo, la reducción de los embarazos adolescentes y de conductas de riesgo, violencia y agresividad; la reducción del consumo de sustancias (producto de una actitud más crítica); y una menor discriminación de pares, entre otras (op.cit). Así también se ha observado una fuerte relación entre desgaste profesional y ambientes laborales; en tanto a mejor ambiente escolar, menor ausentismo docente (en alumnos se da la misma relación, y se adhiere un menor riesgo de deserción) (MINEDUC b, 2002).

Por último, evaluaciones de programas de no violencia, de promoción de convivencia prosocial y de formación valórica confirman que educar formas de convivencia prosocial es una manera de favorecer la formación de ciudadanos más comunicativos, más participativos y comprometidos, que confían y respetan a quienes los rodean y que tienden menos a la violencia. Estos estudios además señalan que el efecto de estos programas no sólo se limita al entorno escolar en que fueron aplicados, sino que se amplía también a contextos familiares, principalmente a las relaciones con los padres (www.communityofcaring.org; www.colorado.edu; www.lehrer-online.de; www.apa.org; entre otros).

La amplia variedad de beneficios que conlleva promover un buen clima de convivencia social al interior de la escuela nos debiera estimular a invertir tiempo y recursos en diseñar programas a nivel de la escuela y sala de clases que estimulen este tipo de contextos, que sin duda nos ayudará a alcanzar el logro de las grandes metas de la educación: mejores aprendizajes y desarrollo integral de nuestros estudiantes.

Se sugiere leer también los siguientes artículos relacionados:

Clima Social Escolar”, documento ValorasUC, autoras: Isidora Mena y Ana María Valdés, 2008, en Portal de Convivencia Escolar www.convivenciaescolar.cl

Convivencia Escolar”, documento ValorasUC, autora: Cecilia Banz, 2008, en Portal de Convivencia Escolar www.convivenciaescolar.cl

Información

Técnica

Fecha de Modificación28/07/2010
Descripción BreveUna serie de estudios tanto chilenos como internacionales se han abocado a abordar las infinitas ventajas que ofrece una buena convivencia escolar. Acá te mostramos algunas.
IdiomaEspañol (ES)
Autorsansaldo

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