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Escuelas compartidas: una experiencia exitosa

Conversamos con la directora del establecimiento anfitrión, Cristina Vilicic, quien nos cuenta su visión y experiencia en torno a cómo operar positivamente con la escuela huésped.

"El ejemplo concreto es que, sin que yo dijera una palabra, nació de los propios alumnos, que tienen jornada completa, apadrinar a los niñitos de la otra escuela. Les dije que tenían que ser muy generosos, porque venían niños iguales a ellos, pero con otras circunstancias, por lo tanto tenían que desocupar la sala y ayudar a los auxiliares a dejar lo más limpio y ordenado posible, porque tenemos 15 minutos para entregar las salas y ahí se dio la iniciativa del apadrinamiento", comenta Cristina Vilicic

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Experiencias

Opinión experta

El pasado 17 de abril en la comuna de Talcahuano -una de las más afectadas por el terremoto- y con la presencia del ministro de educación, Joaquín Lavín, se daba inicio al año escolar en la escuela Arturo Prat Chacón, colegio particular y dependiente de la armada. Sin embargo, había una novedad, un invitado.

La escuela municipal F-502, con sus 140 alumnos, llegaba a alojarse de manera transitoria a las dependencias del colegio de la armada. Y si este ejemplo de solidaridad entre colegios privados y públicos llama la atención, más lo hacen sus resultados: un clima de convivencia escolar satisfactorio y con muchas lecciones positivas.

Conversamos con la directora del establecimiento anfitrión, Cristina Vilicic, quien nos cuenta en las próximas líneas su visión y experiencia en torno a cómo operar cuando dos colegios comparten un mismo espacio.

La verdad es que lo hicimos de tal forma que ambos colegios pudieran mantener su autonomía, sin estar 100% separados. De hecho, esta escuela que llegó tiene 140 alumnos de enseñanza básica (un solo curso por nivel), y mi colegio que tiene 530 alumnos (21 cursos, uno o dos por nivel) y es de pre kínder a 4º medio.

Para nosotros ha sido una experiencia muy gratificante. Siempre hay un temor cuando se te dice que va a venir una escuela entera a tu “territorio”, sobre todo de parte de los apoderados. La verdad es que pusimos en práctica algo que llamamos “proyecto de formación en virtudes”, esto yo lo planteé como una forma de vivir y sentir la generosidad y la solidaridad.

El colegio F-502 ocupa sólo un par de pabellones en la tarde, porque son relativamente pocos alumnos, entonces nosotros desplazamos a nuestros cursos que a esa hora tienen clases a otros pabellones más atrás.

Ellos almuerzan en el mismo casino que nosotros, tienen su espacio, hay alumnos nuestros que también almuerzan en el mismo horario y no hay problema alguno, aunque tampoco hay demasiada relación. En cuanto a la convivencia entre los alumnos, no ha habido ningún problema. A mí me ven y me dicen tía, o sea, me ubican perfectamente, yo me acerco, voy a conversar con ellos.
Además, y por iniciativa propia, mis alumnos apadrinaron a los niños que llegaron y con los cuales compartían sala de clases. Fue algo que les nació a ellos con sus profesores jefes. Yo no intervine para nada. Les mostraron la escuela, les dieron la bienvenida, les hicieron afiches. El otro colegio es sólo de básica y por ende tienen harto material didáctico que se queda en las salas sin ningún problema, nunca se ha perdido nada.

Yo mantengo muy buenas relaciones con la directora del otro colegio y tenemos conversaciones seguidas para ir monitoreando el tema. Yo le pasé una oficina, que funciona como sala de entrevistas para nosotros, y en la tarde, cuando ella llega, esa es su oficina, su espacio. El oratorio que teníamos, que en realidad no se estaba ocupando, se le cedió a la profesora de diferencial.

Cuando eres generosa en el acoger, siento que no tendría por qué haber conflictos. Imagínate que hicimos la vacunación en nuestro colegio y junto con nosotros, también se les hizo a ellos. O sea, ellos se sienten parte de algo, tienen ya algún sentido de pertenencia.

Tuvimos la iniciación del año escolar de forma conjunta, con la presencia del ministro. Después, por ejemplo, estuvo acá parte de la directiva del colegio para la celebración de las glorias navales -por horario no se pudo invitar a los alumnos- y esperamos que, cuando mejore el tiempo y venga el aniversario del colegio, podamos hacerlos parte de esta celebración. Pero en el trato diario, no hay espacios de convivencia o reunión, salvo la hora de almuerzo.

Ellos llegan acá a almorzar alrededor de las 13:10 y se van a las 18:00 hrs. Lo planificamos de tal manera que tengan su espacio. Este colegio tiene distintos pabellones. El primer pabellón y el patio techado, se los pasamos para que lo ocupen libremente. Nosotros ocupamos el segundo y tercer pabellón y la verdad es que no hay ningún problema, estamos súper bien organizados.

No somos un colegio religioso, lo nuestro pasa por otro lado, somos un colegio de valores, eso le inculcamos a nuestros alumnos y creemos que es la mejor forma de obtener buenos resultados académicos. Hicimos un proyecto que se basa en las virtudes humanas. Todos los meses vivimos una virtud particular, por ejemplo los niños más chicos, de acuerdo a la edad, viven la virtud del orden, la virtud de la laboriosidad, de la responsabilidad, de la tolerancia, etc. Y se desarrollan toda una serie de trabajos y conversaciones en torno al tema específico.

Este fue un argumento poderoso cuando tuve la primera reunión con los apoderados para contarles que se venía una nueva escuela para acá y que en el fondo había que demostrar en la práctica lo que se estaba predicando, estos hábitos y virtudes que uno quiere fomentar en los alumnos. Porque no sacamos nada con quedarnos sólo en el proyecto y en el bla bla si no lo vivimos en la realidad.

El ejemplo concreto es que, sin que yo dijera una palabra, nació de los propios alumnos, que tienen jornada completa, apadrinar a los niñitos de la otra escuela. Les dije que tenían que ser muy generosos, porque venían niños iguales a ellos, pero con otras circunstancias, por lo tanto tenían que desocupar la sala y ayudar a los auxiliares a dejar lo más limpio y ordenado posible, porque tenemos 15 minutos para entregar las salas y ahí se dio la iniciativa del apadrinamiento. Ahí se ve que se plasma lo que tratamos de formar.

Al principio sí hubo inquietudes en algunos apoderados, que me las hicieron llegar, pero con la reunión general que se hizo y la forma como se planteó, en realidad se asumió de inmediato que era un acto de solidaridad que nos correspondía asumir y era acorde a los valores que queremos generar en nuestro proyecto educativo. Y lo terminaron tomando muy bien, entendiendo la complejidad de la situación.

Por el momento sabemos que compartiremos salas hasta fin de año, no sabemos qué pasará de ahí en más. La parte más importante de la otra escuela quedó inhabilitada y entiendo que están trabajando, pero no manejo el detalle de lo que se está haciendo.

Es muy difícil hablar de otros colegios y dar razones de por qué no habrá funcionado la relación, pero debe ser por la forma de plantearse. Acá no ha habido ningún problema, porque somos muy ordenados, disciplinados y tenemos reglas claras. Compartimos un espacio de la escuela -no toda, porque no cabemos-, algunas actividades, pero siempre con un respeto mutuo, y puedo asegurar que no es tan difícil.

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Descripción BreveConversamos con la directora del establecimiento anfitrión, Cristina Vilicic, quien nos cuenta su visión y experiencia en torno a cómo operar positivamente con la escuela huésped.
IdiomaEspañol (ES)
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