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Cómo gestionar una buena convivencia escolar

Una sana convivencia escolar no se da por generación espontánea, sino que es fruto de una buena gestión. Liderazgo, compromiso y un buen equipo de trabajo son algunas claves. Aquí te contamos más.

Niños y niñas requieren para un buen desarrollo de sus capacidades y habilidades, tanto académicas como sociales, de un buen clima de convivencia escolar. Los equipos directivos pueden y deben fomentar ese buen clima.

Especial Bullying

Sección apoyo emocional y social

 Por Isidora Mena E. Directora VALORAS UC

Escuelas que gestionan ambientes organizados, coordinados, que forman socialmente a sus estudiantes previenen la incomunicación, el individualismo y por supuesto, la expresión sistemática de violencia. Por el contrario, cuando no se gestiona la convivencia, puede aparecer la violencia y dentro de ella, el hostigamiento o bullying. 

La misión de la escuela es formar a sus estudiantes en una sana convivencia y no atacar la violencia. Está bien dejarnos impactar por los índices de violencia y de bullying, ya que nos hace tomar conciencia de que el problema es grave y poco hemos hecho para prevenirlo.  Es momento de la prevención y del desarrollo de climas de convivencia escolar positivos, y para eso debemos decidirnos a gestionar la convivencia.

La convivencia debe ser gestionada por tratarse de aprendizajes fundamentales en la formación de las personas y por ser la escolaridad la primera experiencia de convivencia ciudadana. Una convivencia escolar democrática, pacífica, respetuosa e inclusiva, modela una sociedad del mismo tipo y da oportunidades de aprendizaje a todas y todos los estudiantes. La convivencia, por tanto, no puede ser dejada al azar, pues sólo intencionándola es posible formar en los valores, actitudes y habilidades que requiere dicha sociedad.
 
Para lograr una escuela que conviva como una comunidad para el aprendizaje de todos y todas, es necesario gestionar, planificar, coordinar y evaluar las acciones en este ámbito.

Desde una perspectiva legal, tanto la Ley de Educación General como el Marco Curricular Nacional, junto con la Política de Convivencia, otorgan a la escuela y al liceo la misión de formar integralmente a sus estudiantes, incluyendo en ello la capacidad de convivir con otros.

Además, desde lo pedagógico, se requiere de un ambiente de trabajo donde las relaciones de convivencia entre sus integrantes sean respetuosas, solidarias y democráticas, para el logro de aprendizajes de calidad en los y las estudiantes. Estas actitudes se forman y se aprenden en la cotidianeidad de la vida escolar, así como en actividades curriculares planificadas.

a) Aprender a convivir es parte del desarrollo integral de las personas.

Aprender a ser ciudadano/ciudadana y desarrollar los valores y competencias requeridas para convivir con otros, es parte del desarrollo de una persona. Saber convivir armoniosamente con otros, expresarse, participar, dialogar, resolver pacíficamente las diferencias, afecta positivamente el bienestar psicosocial de las personas. En lo social, las personas integralmente desarrolladas, ejercen mejor su ciudadanía.

Cómo se conviva diariamente en la escuela, durante ocho o doce años, enseña un modo de convivencia. Ese modo puede estar caracterizado por enseñar a respetar a todos y todas como sujetos de derecho, a participar, dialogar, responsabilizarse, obedecer en el marco de una sociedad democrática, cuidar y solidarizar con otros y otras, reflexionar, discernir, trabajar en equipo y organizarse.

b) Formar en convivencia permite convivir en la diversidad.

Cobertura total se traduce en mayor diversidad en las escuelas y liceos, exigiendo aprender a integrar, no excluir y reconocer el valor de la fraternidad en la diferencia. No es lo mismo enseñar al 36% de la población en edad escolar (que teníamos en la década del ´60), que al 100% de ella (que tenemos ya desde los ´90). La cobertura total es un esfuerzo de país por educar a todos y todas, que exige cambiar la cultura escolar: pasar de una de elites a transformar las relaciones en base a una mayor tolerancia, apertura y solidaridad, para construir la cultura de la inclusión. Si no se enseña a los estudiantes y familias sobre los valores y las competencias para convivir en la diversidad, muchos querrán excluir a los diversos, a los que les cuesta más, a los con menos capital cultural, en vez de hacer esfuerzos por solidarizar, enseñar , aprender de los “otros”, coordinarse con ellos, respetarlos y hacerse respetar.

c) Para enseñar y aprender, la escuela tiene que organizar la convivencia interna.

Investigaciones demuestran científicamente que hay mejores aprendizajes donde hay un buen clima y gestión de la convivencia escolar. Los docentes trabajan más felices y coordinados, los y las estudiantes respetan más la institución y se sienten apoyados y desafiados a aprender, las y los apoderados se sienten confiados, se adquieren más aprendizajes académicos y socio afectivos, y se logran mejores resultados en las pruebas nacionales, entre otros hallazgos que enfatizan el alto impacto de la convivencia en los aprendizajes.
 
Para gestionar la convivencia escolar se necesita liderazgo, compromisos institucionales, compartir una visión y un proyecto educativo que promueva la prevención y el desarrollo, y contar con un equipo de profesionales que coordine esta gestión y permita generar estrategias y acciones concretas en la escuela y liceo. Es decir, además de motivación y visión, se necesitan recursos humanos y de tiempo para realmente convertir las buenas intenciones en prácticas concretas de desarrollo de nuestros estudiantes.

 


 

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Técnica

Descripción BreveUna sana convivencia escolar no se da por generación espontánea, sino que es fruto de una buena gestión. Liderazgo, compromiso y un buen equipo de trabajo son algunas claves. Aquí te contamos más.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile
Fuenteeducarchile

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