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Colegio nuevo, vida nueva

Cambios de casa, traslados, problemas económicos o mala conducta de los hijos, obligan a sus padres a cambiarlos de colegio. Pero decidir cuál es el indicado es vital para que los niños se adapten.

Es esencial que se considere las necesidades de los niños en esa determinación: “Para escoger el nuevo colegio, se debe analizar las características del niño y ver si cumple con un ambiente donde calce esa personalidad", señala la sicóloga Virginia Urrutia.

La sicóloga Eliana Carmona subraya la necesidad de hablar con los hijos sobre el cambio, sobre todo cuando se trata de motivos económicos. “Este año, por la crisis, veremos niños que van de colegios particulares a subvencionados o municipales y los padres deben explicarles a los chicos por qué deben dejar su antiguo colegio, no esconderles la realidad, decirles que la situación ha variado y que ellos harán todo lo posible para que sean felices en ese nuevo colegio”.

Éxodo masivo
El cambio de colegio será un tema particularmente sensible durante este año. Este año será recordado por un contexto de crisis económica mundial, difícil para el bolsillo y presupuesto familiar y que repercutirá en la educación de los más pequeños en muchos hogares del país. Sin ir más lejos, recintos de educación subvencionados y municipales del sector oriente de Santiago aumentaron su matrícula entre un 10 y 20%, en respuesta al mayor número de postulaciones. La causa más frecuente entre los padres para cambiar a sus hijos de un colegio particular a uno subvencionado, ha sido la intención de disminuir gastos para hacer frente a la crisis, ahorrar y no pagar de más por educación de calidad. (Fuente: La Tercera).

Marzo de este año sería muy diferente para Camila. Ya no usaría el jumper que la acompañó por más de 7 años y se calzaría una falda escocesa roja para ir a su nuevo colegio, María Teresa Cancino. A sus 12 años, esperó con nerviosismo ese primer día en que enfrentaría a profesores diferentes y salas de clases que no conocía, pero lo que más le preocupaba era ser acogida por sus compañeras.

La realidad de Camila es vivida por muchos niños en Chile, pues diferentes factores llevan a los padres a cambiar a sus hijos de colegio. Hay veces en que causas externas motivan esta decisión, como el traslado de comuna o de ciudad, debido a requerimientos del trabajo, o bien, problemas económicos que implican mover a los niños de un establecimiento particular a uno subvencionado o municipal. En otras ocasiones, la determinación nace en los padres, que ven que sus pequeños presentan mala conducta o no logran repuntar sus calificaciones y buscan una oportunidad mejor en un colegio distinto.

Y como las opciones son variadas, la elección no puede ser al azar, pues de una buena decisión depende que los niños no sufran de inadaptabilidad. Virginia Urrutia, magíster en Docencia Universitaria y estudiante de doctorado en Psicología en la Universidad del País Vasco, señala que es esencial que se consideren las necesidades de los niños en esa determinación: “Para escoger el nuevo colegio, se deben analizar las características del niño y ver si cumple con un ambiente donde calce esa personalidad. Por ejemplo, si el niño es hiperactivo y le cuesta el aprendizaje, no se le puede inscribir en un lugar con muchos alumnos, porque se va a asustar”.

Asimismo, es trascendental que los padres busquen un colegio similar al anterior para facilitar la integración de los niños. La psicóloga Urrutia explica que hay que buscar la pertinencia entre los valores y condiciones de la familia y el nuevo colegio. “Si son religiosos y el niño viene de un colegio religioso, repetir la experiencia; mantenerlos en el mismo entorno socioeconómico, para que puedan entenderse en el mismo lenguaje con sus compañeros y profesores”.

También debe tenerse en cuenta cuándo es el momento preciso para realizar ese cambio. La terapeuta familiar Eliana Carmona cuenta que “algunos padres deciden cambiar a sus hijos a mitad de año o al terminar el primer trimestre y lo ideal es que el cambio se haga una vez finalizado el año y el niño haya podido pasar de curso, porque de lo contrario no podrá formar vínculos y se sentirá aislado”.

Durante todo el proceso, desde la decisión de trasladarse de colegio hasta la inserción del niño en su respectivo curso, el diálogo entre padres e hijos debe estar presente de manera constante. “Los jóvenes deben sentirse integrados a través de las conversaciones, porque es una decisión que los influye directamente”, enfatiza Virginia Urrutia.

Su colega, Eliana Carmona, coincide con esta opinión y subraya la necesidad de hablar con los hijos sobre estos cambios, sobre todo cuando se trata de motivos económicos. “Este año, por la crisis, veremos niños que van de colegios particulares a subvencionados o municipales y los padres deben explicarles a los chicos por qué deben dejar su antiguo colegio, no esconderles la realidad, decirles que la situación ha variado y hay que adaptarse y que ellos harán todo lo posible para que sean felices en ese nuevo colegio”.

Los primeros días son los más complicados, porque los niños deben enfrentar muchos cambios al mismo tiempo. Por ello, ambas especialistas recomiendan a los padres que traten de ir a buscar a sus hijos al término de la jornada escolar y les pregunten cómo se sintieron, cómo la pasaron, cómo se llevó con sus nuevos compañeros. Carmona, dice que “a los niños les atemoriza perder a sus antiguos amigos, entonces, hay que darles la certeza de que eso no va a ocurrir y por el contrario, encontrarán nuevos amigos en el colegio al que ahora asisten”.

Urrutia, en tanto, cree que los padres también deben integrarse, creando redes sociales en el nuevo colegio. “En la primera reunión de apoderados, deben conseguir los teléfonos de los otros papás y estar conectados con ellos. En algunos casos, los profesores tienen blogs del curso y los padres pueden preguntar y opinar allí, para saber cómo ha ido adaptándose su hijo”.

Carmona añade que los padres deben bajar las expectativas que tienen sobre el rendimiento de sus hijos, dado que el proceso de adaptación es largo y probablemente el primer año les cueste más. “Si se exige mucho a los niños, pueden desarrollar cuadros de estrés o fobias escolares, manifestando que no quieren ir al colegio con dolores de cabeza, de estómago e incluso vómitos”.

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