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Cuentos y leyendas de la zona sur

Cadenas montañosas, colinas, bosques, ríos y lagos, dan el marco adecuado para el dilatado universo lleno de encanto y magia que reflejan las costumbres que han marcado el sur de Chile. A continuación, algunas historias.

En la laguna Chica de San Pedro de Concepción la bella princesa mapuche, Llacolén, es obligada por su padre a casarse con un Lonco, pero ella se enamora de un español en tiempos de lucha entre ambos pueblos.

El Trauco es un enano horrible que a los hombres les suelta inmediatamente un aire, dejándoles la boca torcida , jorobado, atontado y mudo, hasta llegar a  matarlos. A las mujeres que vagan por las montañas las aturde para desflorarlas.

En la zona austral existe la Ciudad de los Césares, lugar encantado y construido de piedras y metales preciosos. Quien logre entrar en ella alcanza la máxima felicidad.

El traucoEl Trauco (Chiloé)



a)
Ente parecido a un hombre enano y horrible (en la ilustración), su altura no pasa de 84 centímetros. No tiene el uso de la palabra. Su vida la lleva junto a una Trauca (huella), formando su pareja biológica. Junto a sus crías vive feliz. Habita en los bosques, en la copa o en el hueco de un árbol, como en cualquiera pequeña caverna. De la selva toma sus frutos. Se desprende de los murtales con su hachita de piedra, con la que da fuertes golpes a los árboles.

Se viste con traje y sombrero de fibras vegetales, quilineja, una enredadera. Es preciso evitar al ente, porque si toca la mala suerte de encontrarse cara a cara con él, le suelta inmediatamente un aire, dejándole torcida la boca, jorobado, atontado y mudo. Pero si el ente no ve al ser humano, se le puede observar impunemente. Es enteramente riguroso con los hombres. Parece que con las mujeres no es del todo malo, las atrae.

b)
Es brujo, enano, contrahecho y capaz de producir enfermedades en los niños y aun en los grandes, que alcanza a ver. Hay que evitar que él lo mire a uno porque si esto acontece puede quedar paralítico. Y si él roza, como lo hace con los niños, es mucho más grave, ya que su aliento termina con la vida de ellos. Es de mirada, aliento y contacto malsano.

c)
Sus pies, sin talón ni dedos, son unos muñones informes; su aspecto es aterrador y espeluznante, y su mirada, como la del Basilisco, mata a la persona que aún no ha reparado en él, o bien la deforma espontáneamente, dejándola con el cuello torcido y sentenciada a morir antes del año. Sin embargo, por una justa compensación, perece, si ha tenido la desgracia de ser avistado primero.

d)
Desflora a las mujeres que vagan por las montañas. No vacila en arrojarse al mar en seguimiento de su víctima, hasta sucumbir.

e)
Pasa encaramado en los árboles al acecho de las muchachas que se arriesgan a transitar por el paraje. Cuando alguna se acerca, corre hacia ella y se queda mirándola fijamente. La muchacha quiere huir, pero el extraño fulgor de los ojos la retiene. Un doloroso letargo comienza a invadir el cuerpo de la víctima y pronto cae en un alucinante sueño de amor. Cuando despierta, sonríe al verse adornada de hojas. Pero luego advierte que sus ropas y sus cabellos están desordenados. Presa del pánico corre hasta su casa, en donde cuenta que ha visto al Trauco.

Muerte del Trauco

Una vez cogido el Trauco, colgarlo sobre el fogón, donde se convierte en un palo que destila cierto aceite, con que son frotadas, con excelentes resultados, las víctimas de sus maleficios.

Llacolén (Concepción)

En la Laguna Chica de San Pedro, agua y tierra india, vivía el toqui Galvarino con su hija Llacolén, joven princesa mapuche de belleza indiana. Era de largos cabellos castaños que se los batía el viento cuando corría en medio de la selva o el agua se los distendía al nadar en la laguna. Era hija predilecta del gran toqui y la estirpe estaba latente en su gracia. Era arrogante su andar y su espíritu pronto a estallar.

El gran toqui un día pensó que la hija debía casarse y entró en conversaciones con el cacique Lonco, que tenía soltero a su hijo Millantú, mozo como de bronce y ancho pecho, que se había distinguido por su valor en varias batallas.

Ascendencia y linaje comprometieron a Llacolén y Millantú
. El orgullo y valentía de Llacolén se sintieron heridos por la elección de su padre, ella mandaba su odio y su amor. Le habría gustado ser elegida y no convenida. Pero ella acató la voluntad de su padre. Mientras, el invasor era resistido en lo espeso de las selvas, y el choque se hacía violento entre espadas y mazas. La tierra se teñía de sangre de español e indio. La conquista se hacía recia y el mapuche indomable. Llacolén veía partir a la guerra a los mocetones por lo espeso de la selva. Y en medio del bosque, como siempre, iba a nadar largas horas en la laguna. Allí esperaba y soñaba.

Un día fue vista por un apuesto y gallardo capitán español que a las órdenes de don García Hurtado de Mendoza se encontraba en las nuevas tierras. Vinieron las entrevistas y nació el romance. El amor los empezó a abrasar. Fue un amor que en ambos creció. En Llacolén había surgido el amor anhelado, distinto de aquel impuesto por la voluntad de su padre y la tradición.

Un día en alas del viento llega la noticia de que Galvarino, en singular combate ha caído prisionero y que el Gobernador García Hurtado de Mendoza había ordenado cortarle las manos para atemorizar a los indómitos hijos de Arauco. Dicen que Galvarino soportó serenamente el atroz suplicio y aún más, alargó la cabeza al verdugo para que también le fuese cortada.

Una vez terminado el castigo y puesto en libertad, amenazó a sus victimarios y corrió a juntarse con sus compañeros para excitarlos a la venganza. Estos lejos de escarmentar, al poco tiempo les presentaban batalla a los españoles, bajo el mando de Caupolicán y entre los combatientes se encuentra Galvarino, quien durante la lucha se batió valientemente a pesar de faltarle ambas manos, siendo después ahorcado junto con otros aguerridos en los árboles más altos de un bosque vecino al campo de batalla.

La hermosa Llacolén no supo entonces si amar u odiar a todos los invasores
. La desazón y la duda la invadían. Con su alma atormentada y en la mayor desesperanza, fue a buscar la tranquilidad que le faltaba, en medio de la selva, junto a la laguna. La noche descendía con su oscuridad lentamente, como envolviéndola, como escondiéndola, hurtándola de su tragedia. Y apareció la luna.

La noche y la luna fueron rotas en su silencio de paz, de armonía espiritual. Al galope de su caballo llegó el capitán español, que con palabras de amor y consuelo quería ahuyentar todo pensamiento perturbador de la mente de la joven. Mientras, Millantú, desesperado, buscaba a su prometida. Guiado por el instinto y la selva, penetró en la espesura del bosque y dio con ella.

Los celos y la traición de Llacolén hicieron presa en Millantú, y obligó al capitán a entrar en violenta lucha. La espada y la maza se cruzaron innumerables veces hasta que heridos de muerte, rodaron sobre la hierba los dos cuerpos sin vida. La luna se abre paso a través de la maraña espesa y platea con sus rayos las aguas de la laguna. Trastornada Llacolén busca refugio eterno en las profundas y serenas aguas de la laguna.

El Tué Tué

En las oscuras noches de invierno, cuando en el cielo no se ve la luna, aparece en pleno campo sureño un misterioso hombre al que nunca se le ve la cara. Dicen que para asustar a los caminantes que se atraviesan por su ruta, se convierte en un enorme pájaro diabólico. Éste canta una aterradora canción, de la cual adopta su nombre: “Tué-tué, tué-tué” entona sin cesar el maléfico espíritu.

Algunos entendidos en la materia aseguran que, con su canción, este pájaro anuncia la muerte del caminante perdido. Para evitar la maldición, el malogrado errante debe invitar al Tué-Tué a tomar desayuno a su casa a las 10 de la mañana del día próximo. Así, a las 10 am. en punto, aparecerá un hombre extraño en la casa del caminante nocturno exigiendo que se cumpla la invitación. Como ha sido una promesa con el diablo, quien ha invitado al Tué Tué debe ofrecerle el mejor de los desayunos. Solo así podrá librarse de la maldición del espíritu maligno.

En los campos de Chile hay algunos peregrinos que aseguran haber escuchado cantar al Tué-Tué, desde muy lejos, pero no lo han visto. Para echarlo del lugar, dice la gente, hay que repetir tres veces la frase “Martes hoy día, martes mañana, martes toda la semana”. De esta manera el pájaro maldito se irá a anunciar la muerte a otro lugar.

La Flor de la Higuera (de la mitología mapuche)

Cuifí ke che niey kimün (La gente antigua sabe lo siguiente):

Cada 24 de junio, en la noche más larga del  año, a las 00:00 horas en punto aparece una mágica flor en la rama más alta de todas las higueras. Ésta tiene una vida de sólo un minuto y sus poderes son inimaginables, pues es capaz de cumplir los más ocultos deseos de cualquier ser humano.

Para que esto suceda, la persona interesada debe subir a la anünmka (planta) de higuera y cortar la rama florida justo a las 00:00 horas en punto y mantenerla en su mano durante todo el minuto de vida de la flor, repitiendo su deseo en voz alta.

Sin embargo, esto no será tan fácil como parece, pues el wekufe (diablo) enviará distintos obstáculos al participante. Así, mientras trepa por la higuera, el individuo puede encontrarse con un wapo tregua (perro rabioso) del que deberá huir, una dunguy filú (culebra parlante) que intentará confundirlo con sus brujerías o bien un pun ngillüm (pájaro nocturno) que picoteará sus ojos hasta dejarlo pelolái (ciego), entre otras maldiciones. Si el interesado logra superar tales barreras, podrá pedir el deseo que quiera y éste le será cumplido.

Sin embargo, si la flor muere antes de que la persona logre cortarla, este individuo enloquecerá al instante (loconche), pues ese es el castigo para aquellos que han intentado desafiar al diablo. Y de su alma, mejor ni hablar, ya que arderá en el infierno hasta la eternidad. Fente Pui (fin).

 Así se escribe  Así se dice  Esto significa
 ¡Nutramkagne! ¡Entügne tami kümün! Nutramkañé: Entuñe tami kimún
 ¡Háblanos! Cuéntanos tu cuento…
 Füta Cuifi  Futá cuifí  Hace mucho tiempo…
 Kiñe pichi wentru pengui kidu yaulu

Kay ( significa “Y”)
 Kiñe pichi wentru penguí kizú yaulú

Kay ( significa “Y”)
 Un niño andaba pedido…  (si se quiere decir “niña” se debe cambiar el “wentru” por “domo”)
 Ngimitugney tremugney kuday alu uficha  Ñimitugñey tremugñey kuzay alú uficha  Lo recogieron para cuidar ovejas…
 Pichi tremlu kütrany  Pichi tremlú kutrañy  Cuando creció se enfermó…
 Yenguetuy winka mew  Llengetuy winka mew  Lo llevaron al pueblo…
 Lawen tu alu  Lawen tu alú  Donde el doctor…
 Pengmangelay ni kutran  Peñmañelay ni kutrán  No le encontraron la enfermedad…
 Yenguetuy ruca mew  Llenguetuy ruca mew  Cuando llegó a su casa…
 Pun malu  Pun malú  Al caer la noche…
 Pun tregua ngetuy  Pun tregua ñetuy  Se convirtió en perro…
 Antü chengueketuy  Antú chengueketuy  Pero en el día se convierte en persona…
 Fente Pui  Fente Pui  Colorín colorado, este cuento se ha acabado (o Fin).

La Ciudad de los Césares (zona austral)

Existiría en el sur de Chile, en un lugar de la Cordillera de los Andes que nadie puede precisar, una ciudad encantada, fantástica, de extraordinaria magnificencia. Estaría construida a orillas de un misterioso lago, rodeada de murallas y fosos, entre dos cerros, uno de diamante y otro de oro. Posee suntuosos templos, innumerables avenidas, palacios de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. Las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, lo mismo que el pavimento de la ciudad, son de oro y plata macizos. Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia. La campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella podrían instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esa campana llegara a tocarse, su tañido se oiría en todo el mundo. Existe también allí un mapuchal (tabacal de la tierra) que no se agota jamás.

Sus habitantes son de alta estatura, blancos y barbados; visten capa y sombrero con pluma, de anchas alas, y usan armas de bruñida plata.


Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron hace ya muchos siglos, pues en la Ciudad de los Césares nadie nace ni muere. Nada puede igualar a la felicidad de sus habitantes. Los que allí llegan pierden la memoria de lo que fueron, mientras permanecen en ella, y si un día la dejan, se olvidan de lo que han visto.

No es dado a ningún viajero descubrirla, "aun cuando la ande pisando". Una niebla espesa se interpone siempre entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la bañan, aleja las embarcaciones que se aproximan demasiado.

Para asegurar mejor el secreto de la ciudad, no se construye allí lanchas, ni buques, ni ninguna clase de embarcación.

Algunas personas aseguran que el día Viernes Santo se puede ver, desde lejos, cómo brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, de oro y plata macizos. Según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad; se desencantará, por lo cual nadie debe tratar de romper su secreto.

Información

Técnica

Descripción BreveCadenas montañosas, colinas, bosques, ríos y lagos, dan el marco adecuado para el dilatado universo lleno de encanto y magia que reflejan las costumbres que han marcado el sur de Chile. A continuación, algunas historias.
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IdiomaEspañol (ES)
AutorEducarchile
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NivelAsignaturaEje y habilidades
4° básicoLenguaje y comunicaciónLectura
4° básicoHistoria, Geografía y Ciencias SocialesTranscurso del tiempo y sentido del pasado
2° básicoLenguaje y comunicaciónLectura
3° básicoLenguaje y comunicaciónLectura

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