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La importancia del juego en la educación temprana

Invitada a exponer sus investigaciones en el campo de la educación al simposio sobre educación temprana organizado por la Universidad de Chile recientemente, Kathy Hirsh-Pasek, profesora del departamento de psicología de la Universidad de Temple, insistió en la importancia de la educación temprana para el desarrollo cognitivo de los niños y niñas, y en particular, del juego como herramienta educativa. Apoyándose en evidencia científica, la especialista señaló que las diversas estrategias que combinan el juego y el esfuerzo estructurados son aceleradoras efectivas para el aprendizaje de los niños en el colegio y su desarrollo a largo plazo.

Kathy Hirsh-Pasek, PhD University of Pennsylvania. Co-director del Infant  Laboratory del departamento de psicología de la universidad de Temple. Es asesora de numerosas empresas de divulgación y entretención infantiles como Plaza Sésamo, Fisher Price y Los Museos de los Niños a través de Norte América.

El juego tiene un efecto positivo, flexible, que deja contentas a las personas.

La cantidad de tiempo que los niños pasan jugando con sus pares es proporcional al vocabulario que van a manejar a los 5 años.

El niño puede verse como un recipiente vacío en el que se colocan fechas y números, con tiempos de estudio separados para diferentes asignaturas; pero también puede verse como un explorador activo de su entorno, ávido de interactuar con él. Esa es la diferencia que hace Kathy Hirsh-Pasek entre una educación con y sin apoyo en el juego.

No sólo es importante reflexionar sobre qué enseñar sino también sobre cómo hacerlo, y según sostiene esta especialista, los niños aprenden mejor en ambientes lúdicos, a través de juegos guiados, con contenidos apropiados.

Para que una actividad pueda ser catalogada como juego, debe causar placer espontáneamente, incitando a una participación activa con algún elemento de imaginería. Por añadidura el juego tiene un efecto positivo, flexible, que deja contentas a las personas. La especialista prosigue diciendo que no solamente es deseable que los niños salgan a jugar, que tengan tiempo no estructurado, sino que igualmente importante es estimularlos a través del juego guiado, y cita como ejemplo a los juegos de bloques y de tableros para aprender matemática:

- “Cuando tenemos un juego guiado (cuenta) los niños realmente pueden aprender y participar, pueden comprometerse con estos sistemas académicos, pero los profesores tienen que tener ciertos objetivos en mente, tienen que saber cómo dirigirlos estimulando el aprendizaje”. Por lo anterior la profesora señala como necesaria la capacitación de padres y profesores, para que estén en condiciones de aprovechar todo el potencial infantil.

Horas dedicadas al juego

Sin embargo, en la práctica la tendencia en los EEUU va en sentido contrario: en 1981 los niños norteamericanos usaban el 40% de su tiempo para jugar, mientras que en 1997 el New York Times informaba que esta cifra había bajado al 25%. Asimismo, el tiempo dedicado al juego en las escuelas, para niños de 4 a 5 años ha bajado del 41% del tiempo de clase, en 1998, al 9% en 2002. “Se pretende que lo niños sepan datos y nada más, el niño del siglo XXI tiene sólo los hechos en la punta de los dedos, sin embargo para convertirse en ciudadano necesita ser creativo para poder utilizar esos datos y convertirlos en otra cosa. No estoy diciendo que los datos no sean importantes, los niños tienen que saber multiplicar, pero tenemos que encontrar un equilibrio y creo que el juego es el tipo de actividad que se requiere para llegar a ese equilibrio”.

Otros países, sin embargo, han definido una política respecto al juego como estrategia educativa. En Japón, por ejemplo, el ministerio de educación recomienda expresamente hacer jugar a los niños en el área preescolar. Los profesores son instruidos para actuar simplemente observándolos y guiándolos hacia ciertos objetivos.

El juego proporciona el contexto ideal para la práctica de las habilidades adquiridas, le permite al niño participar en roles sociales y tratar de crear y de resolver problemas complejos que le servirán para hacer frente a tareas desafiantes, lo que es muy importante y genera conocimiento. Los niños con más juegos libres son capaces de reconocer mejor las emociones y de controlarse. La evidencia demuestra la importancia de las capacidades sociales para la aptitud emocional y el crecimiento intelectual.

Merecedora de numerosos premios entre los que destacan Miembro de la Asociación Americana de Psicólogos, del comité CIVITAS y del consejo para America's Promise, Kathy Hirsh-Pasek añade que la cantidad de tiempo que los niños pasan jugando con sus pares es proporcional al vocabulario que van a manejar a los 5 años. “El juego reduce el estrés infantil y los problemas de comportamiento, a la vez que entrega más motivación para ir al colegio”, señala.

La tecnología no surte efecto por sí sola

En su presentación en la casa central de la Universidad de Chile, Kathy Hirsh-Pasek enunció investigaciones que dan cuenta de la importancia de estructurar o guiar el juego y la interacción con la tecnología.

Una investigación comparó la efectividad de los libros electrónicos, o consolas que se iluminan y muestran textos  al apretar diferentes botones, con los libros tradicionales. Se observó que los libros electrónicos permitían una menor interacción padre-hijo. Al final, la mayoría de los niños prefirió los libros tradicionales. “Cuando se enfrentaban a los libros electrónicos, era como si los padres hubieran sido instruidos mecánicamente con órdenes como: empuje aquí, oprima este botón, etc”. El experimento resaltó la validez de los libros tradicionales, debido a que posibilitan un mayor intercambio con los niños, ya que el adulto se siente con mayor libertad para conversar con ellos y se abren canales de comunicación afectiva que tienen que ver con la voz y los gestos. Como resultado los niños obtienen más vocabulario y más capacidades de lectura.

La psicóloga mencionó también experiencias que demuestran que al mirar clips de TV destinados a enseñar palabras a los niños, estos eran mucho más capaces de aprender cuando había adultos presentes. “La gente es realmente importante, la capacidad social es tremendamente importante”, concluyó.

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