Loading

compartir

Artículo

El desafío de soñar una mejor escuela

En los tiempos de cambio de nuestro sistema escolar, los equipos directivos afrontan tres desafíos para una mejor escuela: sintonizar con la realidad, tener metas acotadas y socializadas, y combinar exigencia y afecto.

Un buen clima protege a la escuela. El desafío del directivo como del educador es ser amorosamente exigente. En la combinación de estos dos elementos, está la oportunidad de crecer. Los directivos deben abrir canales de participación para poder compartir visiones y construir juntos las metas a las que aspiran.

¿De qué manera nos estamos preparando como escuela para abordar los cambios acelerados que nuestro sistema educativo ha estado experimentando en los últimos años? ¿Hemos abierto espacios de participación para recuperar lo que nuestra comunidad escolar piensa de las transformaciones que vienen? ¿Estamos trabajando para mejorar el clima de convivencia de la escuela?

Para que los equipos directivos lideren esta reflexión planteamos tres desafíos: sintonizar con la realidad, con metas acotadas y socializadas, en una combinación de exigencia y afecto.

El cambio que aquí proponemos es el que nos hace sentir que estamos en camino y nos ayuda a mirar el futuro con esperanza. Es una apertura de la escuela a la comunidad, a la participación de los estamentos y a la combinación de afectos con la exigencia.

Sintonizar con la realidad

Una de las grandes tentaciones de la escuela es tomar el rumbo "educativo/pedagógico" sin conectar con la realidad, como si la escuela fuera impermeable a los acontecimientos que se viven en el país.

Los directivos saben que aunque a simple vista podamos imaginar que se trata de una fórmula de protección de la comunidad escolar, en realidad afecta a la gestión de la escuela. Porque sin discusión y debate educativo sobre los contextos, el directivo no tiene herramientas para administrar los problemas, con lo cual éstos se pueden transformar en crisis, contaminando todo el trabajo pedagógico y afectando los resultados.

Sintonizar con la realidad es también sintonizar con la comunidad de la escuela, implica un contexto de mayor participación y atención a los estudiantes. Recordemos que en 2006 fueron los secundarios quienes lideraron las exigencias por una educación de calidad. Pensemos de qué manera se están integrando sus inquietudes en la escuela y demos espacio para su creatividad.
También la reflexión docente tiene que estar ligada al análisis de la contingencia.

¿Sabemos cuáles son los grandes reformas y desafíos que se presentan en relación a la educación? ¿Hemos analizado de qué manera nuestra escuela va a reaccionar ante esos desafíos?

A veces relacionamos acontecimientos, pero no tenemos un sentido educativo, porque la realidad nos pilla en frío. Adelantemos la discusión en la escuela.

Metas acotadas, comunicadas y socializadas

Cada director tiene en su mente las metas que quiere lograr cada año. Pero ¿conoce claramente la comunidad escolar cuáles son esas metas?

Es deber del director plantearse los objetivos del año y lograr que desde su gestión sea capaz de traspasar esas ideas clave a todas las unidades del colegio utilizando todos los canales de comunicación que disponga.

Pero no se trata sólo de informar a los demás. El desafío está, precisamente, en generar espacios nuevos de participación e innovación. Una instancia interesante podría ser plantearse un periodo de reflexión en el comienzo del año (la primera quincena de clases, por ejemplo) para llevar la discusión de estos temas a todos los canales de reflexión de la escuela.

Se puede realizar un sesión amplia donde el director presente los énfasis que quiere dar a la escuela y que al tirar estos énfasis pueda recoger la reflexión de los profesores, porque con esa actitud de escucha logra recuperar la nueva mirada de los docentes a su proyecto.

Estas y otras reflexiones pueden hacerse públicas en el diario mural de la sala de profesores, o en el portal del colegio; transmitirlo en las primeras reuniones de profesores o con los apoderados.

Combinar exigencia y afectividad

Gabriela Mistral decía que un profesor no educa si no es feliz. La sensación de bienestar dentro de la escuela es producto de la construcción de un buen clima de convivencia, donde se generan espacios creativos que afectan positivamente en los resultados de aprendizaje.

"Un profesor no educa si no es feliz" (Gabriela Mistral).

Un buen clima protege a la escuela. En la mayoría de estudios de opinión se suele citar a las escuelas como los lugares que los estudiantes consideran más seguros, en muchos casos, más seguros que su propia casa.

El desafío del directivo y del educador es ser amorosamente exigente. En la combinación de estos dos elementos, está la oportunidad de crecer.

Información

Técnica

Fecha de Modificación20/10/2011
Descripción BreveSe plantean tres desafíos a los equipos directivos para una mejor escuela: sintonizar con la realidad, tener metas acotadas y socializadas, y combinar exigencia y afecto.
IdiomaEspañol (ES)
Autoreducarchile

Queremos tu

Opinión