Loading

compartir

Artículo

Yoga, también para los más pequeños

El yoga infantil se ha popularizado rápidamente e incluso en algunas escuelas ya empieza a ocuparse como apoyo a las actividades pedagógicas diarias.

Carolina Búrquez y sus niños yoguis.

Paola Martínez: "Los niños empienzan a respirar diferente, toman conciencia de mantener la columna derecha, sienten el aire que entra por la nariz, lo llevan hasta la coronilla y visualizan cómo llega a la punta de los pies".

La edad ideal para partir es 4 años, aunque a los 3 ya se puede practicar con clases cortitas. Desde 3 a 5 años pueden compartir una clase, son clases mágicas, con cuentos, no se hacen posturas largas. Los de 6 a 8 tienen otros intereses.

Carolina Búrquez llevaba algunos años combinando su trabajo como educadora de párvulos con la práctica del yoga y desde un comienzo se preguntó qué pasaría si los niños hicieran algunos de los ejercicios que tantos beneficios le reportaban a ella.

Comenzó con pequeñas clases de cinco minutos diarios dirigidas a un grupo de niños de tres años y al comprobar que la motivación de los pequeños crecía, aumentó la duración hasta llegar a los 20 minutos. Con el tiempo empezó a notar algunos resultados que la llenaron de satisfacción: los más extrovertidos e inquietos se concentraban mejor, los buenos para pelear se ponían más dulces, eran capaces de acostarse en el suelo tranquilos, buscaban su mano para relajarse y no tenían problema para relacionarse con los demás. Los tímidos se mostraban a los otros y le decían en voz alta: “¡Mire, tía, ya me sé la postura de la paloma!”.

Carolina incorpora en sus clases diferentes juegos que terminan con una relajación; es un orden al que los niños se acostumbran y reconocen. Al principio, no es raro que se maten de la risa al cerrar los ojos, pero la práctica constante los va acostumbrando y empiezan a disfrutar el estar acostados y sentir cómo la fuerza de gravedad actúa de diferentes maneras sobre las partes de su cuerpo.

En opinión de Paola Martínez, educadora diferencial, profesora de yoga y webmaster del sitio www.yoganinos.cl, el actual auge del yoga infantil tiene que ver con la mayor difusión de los beneficios que reporta la milenaria disciplina, que van más allá de ejercitar el cuerpo. El niño gana en coordinación, flexibilidad y autocontrol, fortalece su habilidad para concentrarse, genera autoconfianza y disciplina, duerme mejor y es más respetuoso con los demás. Pero aparte de eso, apunta Paola, el niño aprende a ser “conciente desde el interior hacia el exterior, procurando un equilibrio entre lo que sucede dentro de sí y el entorno, para llevarlo a todos los ámbitos de la vida; hace fluir su creatividad, mientras que sus miedos, enojo y tristeza se liberan con la práctica regular”.

En su calidad de educadora diferencial, Paola encontró en el yoga una valiosa herramienta para desarrollar capacidades cognitivas y unirlas con las emocionales, “y es lo bonito porque logra un desarrollo integral” puntualiza. Ha tenido la suerte de trabajar en distintos lugares, jardines y colegios, haciendo clases a niños con síndrome de down, hiperactividad severa y otros diagnósticos. “Este es un espacio donde ellos ven que no es necesario llamar la atención; hay niños que son inquietos porque es la única forma que encuentran de llamar la atención de los papás; el ambiente que se va creando en estas prácticas es diferente, aquí sienten que no tienen que llamar la atención”, dice la docente.

Lo anterior no implica necesariamente que sea más adecuado para niños con dificultades; sin embargo, Carolina advierte que tampoco es la panacea: “Muchos papás piensan que con el yoga van a resolver todos los problemas de sus hijos pero hay que ser realistas y verlo como un complemento”, dice. Paola es de la misma opinión y añade que el yoga puede ser complementario mas nunca un sustituto a las terapias que sean necesarias.

Las clases de yoga para niños son diferentes a las de los adultos: “El niño está comenzando a sentir el mundo, por eso debemos crear una atmósfera de confianza y distensión, además de velar por una correcta disciplina, sin autoritarismos”, explica Paola. Por tendencia natural el niño quiere estar en constante movimiento, es un proceso normal de su desarrollo. Por eso es conveniente alternar movimiento físico y relajación, introduciendo la enseñanza de manera atractiva y motivadora. Carolina Búrquez, por su parte, señala que es importante que el grupo que asiste a una clase sea de niños de edades cercanas, debido a que se siguen metodologías diferentes de acuerdo a la edad.

Queremos tu

Opinión