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Religión y Astronomía
Para construir los calendarios, nuestros
ancestros debían mantener registros de las estrellas, el sol, la
luna
, por largo tiempo. Los babilonios por ejemplo, mantenían
registros detallados del sol y de esa forma fueron capaces de predecir
eclipses con una gran exactitud.
Estos dioses, a su vez, llegaron a identificarse
con objetos celestiales - la ciudad divina de Babilonia, Marduk tenía
como símbolo el planeta Júpiter; y Nurta, el Dios de la
guerra, era Saturno y así sucesivamente. Queda claro entonces que
sólo los sacerdotes podían hablar con autoridad acerca del
deseo de los dioses, ya que ellos estaban en contacto diario con los dioses
y conocían sus verdaderas caras.
Dentro de esta actitud hacia los objetos
celestes, corresponde asociar a muchos templos y monumentos el carácter
de observatorios usados por los sacerdotes en su trabajo. La torre de
Babel era un ejemplo de una estructura de este tipo. A esta torre también
se conocía como el templo de los siete ángeles mensajeros.
Aún más interesantes eran algunos templos del Egipto antiguo.
Estos fueron construidos de tal forma que en ciertos horarios la luz externa
podía pasar libremente a través de sus ejes en línea
recta hacia el santuario. Durante casi todo el tiempo el templo estaría
envuelto en la oscuridad, pero una vez al año - y aún entonces,
sólo por un corto tiempo - el santuario sería inundado con
la luz del sol. Este evento dramático, el cual señalaba
el comienzo de un año nuevo, ocurría, no por casualidad
ciertamente, en el instante del solsticio de verano, cuando el sol alcanza
el punto más alto de su trayectoria. En el caso de Egipto, el significado
de aquel evento iba aún más lejos, ya que su ocurrencia
coincidía con el comienzo de la subida del río Nilo. Este
suceso daba a la tierra el agua tan deseada. Claramente, un evento de
tal magnitud merecía ser conmemorado anualmente con un espectáculo
igualmente impresionante.
Las tablas de arcilla de los babilonios constituyeron los primeros registros
astronómicos. De particular interés son los sumerios quienes
habitaban la región sur entre el Tigres y el Eúfrates, ellos
fueron los inventores de la escritura cuneiforme en la cual cada sonido
consistía de una vocal y una o dos consonantes y estaba representado
por un carácter especial. Los sumerios basaban sus cálculos
en un sistema sexagenario de números; en lugar de usar una base
diez como lo es nuestro sistema, el sistema decimal, ellos usaban la base
60. Este sistema aunque complicado, esta especialmente adaptado para registrar
observaciones, por permitir una subdivisión mayor que el sistema
decimal actual. Nuestra costumbre de dividir un grado en 60 minutos o
un arco de un minuto en 60 segundos se remonta al sistema sexagenario
babilonio.
Los astrónomos babilonios estaban
interesados en determinar la apariencia de la nueva luna para su calendario,
pero los egipcios centraban su interés en Sirius, cuya aparición
estaba conectada con la importante subida del Nilo. En un comienzo puede
haber sido una coincidencia, pero cuando los sacerdotes egipcios notaron
que Sirius - aquella brillante estrella cerca de Orión - aparecía
en los instantes previos del amanecer, precisamente en la época
donde el Nilo iniciaba su crecida. Aquel evento era particularmente destacado,
ya que previo a este hecho, Sirius había amanecido (comenzado a
elevarse en el horizonte) después del sol y, por lo tanto, no podía
ser visto. Como resultado, los egipcios concluyeron que el amanecer de
Sirius marcaba el comienzo de un nuevo año y de hecho era responsable
por la subida del Nilo. Los egipcios fueron también los autores
de un año de 365 días. Originalmente, ellos, al igual que
los babilonios, mantenían un ciclo lunar, donde tenían 12
meses iguales cada uno de 30 días. Más tarde para que el
nuevo año coincidiera con la salida de Sirius 5 días adicionales
tuvieron que ser añadidos.
De la misma forma como los egipcios usaron
Sirius como referencia para construir sus calendarios, los mayas de América
Central ajustaron su calendario con el movimiento de Venus. Este planeta
jugaba un papel muy especial en la religión maya, porque después
del Sol era el principal o el Dios más importante, habiendo incluso
desplazado al Dios Luna. Para determinar el periodo de Venus exactamente
- el tiempo que le toma dar la vuelta completa - no es una operación
simple ni siquiera hoy, pero los mayas parecen haberlo logrado, como puede
ser visto de un antiguo manuscrito uno de los tres en existencia. Desafortunadamente
no mucho más se conoce acerca de las actividades astronómicas
de los mayas, aparte de sus calendarios, los cuales eran el motivo de
su arte y fueron usados para decorar todos sus edificios. Existe cierta
sospecha que ellos constituían un pueblo con mentalidad astronómica.
Al reconstruir las posiciones de los objetos celestes a través
de los tiempos se concluye que la cronología maya tomó su
punto de partida de un singular evento, la conjunción o unión
de la luna, venus, mercurio, marte y júpiter. Un evento como este
es raro. Ocurrió el 25 de Mayo del 482. Esta fecha se señala
como el posible punto de partida del calendario maya.
La Astronomía moderna ha recorrido
un largo camino desde estas antiguas creencias y supersticiones, pero
tiene que agradecer a los sacerdotes y astrólogos por iniciar al
hombre en la búsqueda de lo desconocido y despertar su curiosidad
- el ingrediente necesario de la investigación y entendimiento,
sin el cual la ciencia moderna no sería posible. Para continuar
a lo largo de este camino iniciado por nuestros predecesores, debemos
acercarnos un poco al entendimiento del mundo en el cual vivimos, quizás
también a un aprecio del orden y belleza que envuelve a sus constituyentes.
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