A fuerza de golpes y desengaños, la sociedad civil está aprendiendo a actuar frente a los delitos de abuso sexual. Desde el mundo escolar, la experiencia del colegio Notre Dame puede servir como guía.
Las denuncias de abuso sexual en las escuelas sólo empezaron a hacerse públicas a contar de una fecha reciente. Al colegio Notre Dame, de Peñalolén, le tocó vivir ese doloroso aprendizaje en un momento en que el sistema escolar no estaba preparado para reaccionar ante eventos de esta naturaleza.
La historia se remonta a octubre de 2006, cuando durante una reunión de trabajo, el equipo directivo supo que un apoderado había sorprendido al profesor de natación duchándose con un niño. El rector Ignacio Canales recuerda: “soy ex alumno del colegio y formé mis hijos acá, en nuestros 60 años de historia como colegio jamás habíamos siquiera imaginado una situación así. Esto explotó como una bomba en la cara”. Los abusos se habían producido durante un taller de natación que se desarrollaba fuera del colegio, debido a que entonces no contaban con piscina temperada. El rector y su equipo se dirigieron rápidamente a la casa de la familia afectada. Desde un comienzo sintieron que era imperativo denunciar los hechos ante la justicia, por lo que acudieron a Carabineros y al instituto médico legal. Al día siguiente, concluidas las pericias y ante la contundencia de las pruebas, Ignacio Canales procedió a despedir al agresor por incumplimiento de contrato al faltar el respeto y la dignidad de las personas.
Luego se puso en práctica un plan para informar a todas las instancias que merecían una explicación: alumnos, padres, profesores, auxiliares, así como a las instituciones vinculadas al colegio, con apertura absoluta a los medios de comunicación. “Por supuesto que nos daba dolor de guata salir en la prensa con un tema como este (señala el rector), pero teníamos que afrontarlo”. Durante el juicio aparecieron cuatro nuevas víctimas y el agresor fue condenado a 12 años de prisión.
Pero el trabajo no terminaba ahí, era necesario paliar el trauma que se había instalado en la vida escolar. La directiva del colegio buscó apoyo de especialistas en violencia infantil de la UNICEF. Así supieron que la manera en que habían manejado la crisis era inusual, pues otros colegios en circunstancias similares despedían a los abusadores bajo el eufemismo de “necesidades de la empresa”, por no asumir el desprestigio que significa una situación de este tipo para la institución. Además del peligro social que representa que un abusador continúe en libertad, Ignacio Canales recalca que “cuando actúas así estás privilegiando tu imagen pública antes de ir en apoyo de la víctima”.
La manera como el colegio manejó la crisis generó confianza en la comunidad de padres, por lo que no se tradujo en una merma de la matrícula.
¿Cómo prevenir?
Ignacio Canales apunta a que la prevención de delitos sexuales está desdibujada: “uno lee la prensa a raíz de la psicosis que hay hoy día con el tema y es notorio que todos los artículos se ocupan de los protocolos posteriores al evento”. En relación a las medidas preventivas, el directivo señala que se presta mucha atención a cosas que son de perogrullo, como eliminar las zonas oscuras o las salas que no tienen ventanas.
Asimismo, la entrevista psicológica a las personas contratadas es importante, pero la evidencia demuestra que es prácticamente imposible reconocer a un potencial abusador a través de ese medio. Lo esencial según Canales es la formación en el auto cuidado. “El punto es cómo enseñas a niños y niñas a protegerse, de manera que este tema no esté oculto sino sobre la mesa, por eso se conversa con naturalidad con ellos, así como puedes conversar las conductas de riesgo de incendio o caída, o a no exponerse a ser víctima de un asalto”. Lo anterior va enmarcado en un programa de formación de afectividad y sexualidad para instalar criterios de discernimiento, para no tenerle miedo a sus preguntas y ser capaces de expresarlas ante sus padres, para saber cuál es el valor de su privacidad.
El directivo subraya la importancia de crear comunidades para fortalecer la expresión espontánea de emociones y situaciones. De este modo los niños son capaces de expresar sin pudor y con transparencia qué les cae bien o mal, donde están cómodos o incómodos, o cómo expresar su incomodidad, lo que previene el abuso. “En el secreto y la falta de transparencia está el germen del abuso de poder, por eso en nuestro colegio no hay nada secreto”, concluye el directivo.
¿Cómo reaccionar frente a un abuso sexual en el colegio? Los cinco consejos del rector Ignacio Canales:
La estadística señala que el porcentaje de niños que inventan una situación de abuso es mínimo, cercano al 10%. El 90% dice la verdad, entonces no pierdas tiempo, cree en el niño y acude en su auxilio.
Detener el abuso separando al inculpado y la víctima. Cada quien verá cómo lo hace; en nuestro caso lo expulsamos del colegio en menos de 24 hrs porque el testimonio del apoderado era contundente.
Poner los antecedentes en manos de autoridades civiles lo antes posible, mientras más tiempo pasa, más distante es la información que les llega.
Informar con transparencia a la comunidad escolar e instituciones relacionadas. Mientras más abiertamente lo comuniques menos dañas tu identidad pública. Lo que no puede ocurrir es que se oculte la información.
Actuar con velocidad. Esto no significa caer en la imprudencia; el estudio de los antecedentes no toma más de una semana.
Cómo detectar el abuso
Toda la bibliografía señala que un niño abusado va a sufrir cambios de conducta: deja de controlar esfínter, llanto inesperado, rabia sin justificación, retroceso en su comportamiento social, eventualmente baja su rendimiento, se vuelve introspectivo, busca refugio por las noches en su seno familiar además de presentar signos físicos evidentes desde el punto de vista médico. “Los educadores trabajamos con eso (acota Ignacio Canales), justamente con modificación y aprendizaje, por lo tanto como escuela debemos reconocer un cambio de conducta significativo”. De ahí la importancia de que el diálogo apoderado - profesor sea habitual y espontáneo y ocurra siempre que sea necesario. “No recibo a los apoderados una vez por semestre sino todas las veces que sea necesario”, concluye.
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