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Lorna M. Earl es primera directora de la Oficina de Rendición de Cuentas y Evaluación de la Calidad de la provincia canadiense de Ontario. A lo largo de su carrera, que incluye doctorados en educación y psicología, como en epidemiología y bioestadística, ha concentrado sus esfuerzos en perfeccionar las evaluaciones de profesores y su desempeño en el aula, así como las políticas educacionales.
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Cada día los profesores, los directores de escuelas y aquellos a cargo de las políticas toman decisiones que tienen un efecto en el aprendizaje estudiantil.
Por Lorna M. Earl
No es posible ignorar en el siglo XXI el rol de los datos en la toma de decisiones. Estamos rodeados de ellos en todas las formas y a cada paso. Desde el análisis de tuiteos hasta complejos problemas de microfísica, en todas partes las personas los están utilizando para que los ayuden a entender mejor su mundo. Es también una época en que las organizaciones, que incluyen a los sistemas escolares, se están redefiniendo para adaptarse a los cambios. Para tener éxito en un mundo que se transforma y que se vuelve cada vez más complejo, es vital que las escuelas crezcan, se desarrollen, se adapten y se hagan cargo del cambio, y así puedan controlar su futuro. La explosión de datos está revolucionando a la sociedad. Al ser parte de la era del conocimiento, ésta ha centrado mucha energía en la información como un elemento necesario para tener conocimiento y usarlo bien. Cada día los profesores, los directores de escuelas y aquellos a cargo de las políticas toman decisiones que tienen un efecto en el aprendizaje estudiantil. Por ejemplo: Cómo puedo ayudar a Jessica a entender las fracciones y proporciones en matemáticas Debería comprar este costoso recurso que podría contribuir a que mis alumnos aprendan mejor Qué capacitación necesitan los docentes para poner en práctica el nuevo currículum Qué cambios de política se necesitan para respaldar el mejoramiento escolar En los últimos años, a las escuelas se las ha responsabilizado cada vez más por la educación que imparten. A quienes dirigen las escuelas y a los encargados de las políticas, a menudo se les exige que expliquen y defiendan sus decisiones y entreguen alguna evidencia de la eficacia de los programas educacionales. Varios miembros de ICSEI están estudiando cómo se toman las decisiones educacionales y buscando formas de entender cómo los educadores utilizan actualmente los datos y cómo pueden usarlos para tomar mejores decisiones. A medida que los educadores de todo el mundo se comprometen a usar datos para decidir, es importante que desarrollen algunas habilidades y enfoques para que empleen la información en forma sensata. Los datos, por sí solos, son benignos o al menos neutrales. Y no responden preguntas. Más bien, es la interacción entre éstos y las personas lo que desemboca en decisiones que influyen en las políticas, la práctica y el aprendizaje estudiantil. La promesa de la toma de decisiones basada en datos es que las acciones posteriores serán mejores. Pero pasar de los datos al conocimiento y de ahí a tomar mejores decisiones es un proceso complejo. El buen conocimiento y la toma de decisiones se basan en hacer las preguntas adecuadas, tener buena información y realizar un buen razonamiento. El proceso se define mejor como toma de decisiones basada en datos, con énfasis en el pensamiento, usando la información para ampliar y profundizar el proceso reflexivo.
Los datos proveen herramientas para el proceso reflexivo de decidir. También ofrecen a los que toman las decisiones una oportunidad para que piensen en los problemas a través de cristales distintos, consideren interpretaciones alternativas, expongan hipótesis, desafíen creencias y planteen preguntas más enfocadas. El hecho de tener buena información, a través de datos creíbles y transparentes, puede actuar como un catalizador y como un medio para conversar sobre los alumnos, los programas, las escuelas, los distritos y los sistemas educacionales.
Cuando los gestores de políticas, líderes y profesionales de la educación toman decisiones informadas, gracias a evidencia defendible, pueden enfocarse con precisión en lo que hacen a todo nivel; desde decisiones sobre qué y cómo enseñar a los alumnos en las aulas, hasta aquellas sobre dónde asignar los escasos recursos a través de un sistema. Los sistemas educacionales, los directores de escuelas y los profesores necesitan mucho más que datos para cambiar las políticas y las prácticas. No obstante, contar con información apropiada significa proporcionar un componente pequeño, pero esencial, del complejo proceso de mejoramiento escolar.
Publicado por El Mercurio, junio de 2012
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