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Magaly Villaseca, es rectora del colegio marista Nsa. Sra. De Andacollo, de La Serena; magister en gestión escolar, consultor educacional, educadora diferencial, profesora de estado. Ha participado en pasantías en la Universidad Autónoma (Barcelona 2003) y la Universidad de Toronto (OISE 2012).
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"Los colegios esperan los procesos de inspección externa de dos formas. Unos con tranquilidad (...) otros con temor"...
Por Magaly Villaseca
"Esto se ha puesto complicado”, “cada vez es más difícil trabajar en los colegios”, corresponden a expresiones que resuenan en el ambiente docente: el agitado mundo de los jóvenes, el nuevo status que la voz de nuestros estudiantes va alcanzando, el frenético ritmo del cambio, sistemas de inspección externa; todo esto mantiene a los profesores y asistentes educativos en un permanente estado de preocupación, haciendo sentir la necesidad de un espacio y tiempo de diálogo reflexivo al interior de las colegios, que en ocasiones es un lujo, en la apretada y activa agenda escolar.
Los colegios esperan los procesos de inspección externa de dos formas. Unos con tranquilidad, seguros de que su historial les favorece, lo abordan como un incentivo para mejorar aún más o para entrar en un estado de “comodidad organizacional”. Otros en cambio, con el temor de ser señalados como colegios con malos resultados, expuestos en cuadros comparativos de desempeño, afectados por las temidas actas B ó C. Son algunas de las estrategias que manifiestan la impaciencia, el sentido de urgencia, la ansiedad por mejorar los resultados en el mínimo de tiempo para reducir la brecha entre los mejores y peores resultados, para forzar una gestión eficiente.
Las reacciones que generan los sistemas de inspección externa detienen esta reflexión y generan las primera interrogantes ¿El foco está en la mejora o en la rendición de cuentas? ¿Las inspecciones externas son esperadas con recelo, cautela, actitud defensiva o cariñosa bienvenida? ¿Cuáles son los efectos post visitas? ¿Las visitas inspectivas, distraen la tarea docente del foco en la enseñanza, afectan negativamente el rendimiento, el quehacer docente?
Los sistemas de inspección externa no dan paso a una negociación de los juicios o estimaciones evidenciadas, o a compartirlos, al menos sobre una base común. La apelación frente a una falta no trae consigo la retroalimentación, el acompañamiento necesario para avanzar en las mejoras, entre estas, la más importante: promover la confianza en la profesión docente.
Considerar nuevas estrategias, como el cambio a un sistema secuencial que incluya la evaluación interna sistemática con respaldo externo, complementada posteriormente con sistemas de inspección externos, provocaría resultados exitosos. Un referente de ello son las experiencias de Hong Kong, o el SICI Conferencia Internacional Permanente sobre Inspección (Mc Beath, 2009).
La mirada de una visita inspectiva externa ocurre sólo una vez, es una fotografía del momento, se aplica en un marco rígido, genera resistencia, resta valor a lo esencial - la enseñanza y el aprendizaje; mientras que una autoevaluación utiliza, adapta y crea criterios relevantes, es permanente y está inserta en el trabajo de los docentes y asistentes educativos, es flexible, espontánea, está más relacionada con la mejora que con la rendición de cuentas, es una fotografía en movimiento, que evoluciona en el tiempo.
La mejora escolar requiere entender y formalizar la autoevaluación como un proceso que va más allá de la búsqueda de resultados escolares, de la aparición en rankings; la autoevaluación es un proceso que construye capacidades y es capaz de generar objetivos consensuados de aprendizaje y desempeño, permitiendo la flexibilidad, la autonomía, en concordancia con el proyecto educativo. Permite asimismo el diálogo pedagógico y la reflexión donde el colegio es “El” lugar para pensar y hablar el curriculum, para pensar, hablar y escuchar cómo aprenden nuestros alumnos o entender cómo no aprenden, qué significado tiene para ellos ir al colegio, si han descubierto ese significado o si necesitan de nosotros para encontrarlo.
Complementada con la autoevaluación, surge la importancia del asesor externo, como un amigo crítico, objetivo, que desde fuera logra interpretar los hallazgos que observa en el colegio en forma crítica. Un buen asesor invita a explorar y a re crear la gestión, y hace del proceso de autoevaluación una oportunidad para saber llevar la sana tensión, de las exigencias externas y transformarlas creativamente en un insumo para crecer y avanzar.
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