Quienes trabajan en escuelas vulnerables deben asumir desafíos mayores. Pero la recompensa está en que los cambios que se pueden lograr en la vida de los niños son mucho más significativos. Así lo grafica la siguiente historia.
La que sigue es una historia que nos legó el premiado director de escuela británico Tom Canning, durante su reciente estadía en nuestro país.
Un pequeño alumno, al que llamaremos “Ahmed”, puede tomarse como ejemplo típico de los niños que aprenden en las escuelas vulnerables: su madre está en la cárcel, él vive con su abuela, no tiene padre. Ante la perspectiva de que se reuniría con su mamá, ya que ella estaba pronta a cumplir su condena, el niño estaba tan excitado e hiperactivo que resultaba difícil de manejar en clases. Su comportamiento se había vuelto desafiante y disruptivo. “Era el niño más difícil de enseñar (dice Canning), negativo y agresivo, con baja concentración, viviendo en una familia vinculada a crímenes por droga, por tanto ha sido expuesto a situaciones que ningún otro niño ha vivido”. Ahmed estaba absolutamente ansioso por reunirse con ella, sin embargo al ser finalmente puesta en libertad, su madre lo rechazó.
Habiendo llenado su cabeza de fantasías sobre el reencuentro familiar, con la esperanza de tener lo que tenía cualquier otro niño de su escuela, Ahmed colapsó completamente cuando se enteró de que su mamá no quería estar con él. “Le tocó a su abuela y al establecimiento darle esta noticia, lo que originó un momento increíblemente dramático y emocional” recuerda el director.
Las consecuencias emocionales para el niño fueron devastadoras, y así también lo fueron para la escuela. Los profesores lo tomaron con paciencia y fueron perseverantes, pero ¿cómo mitigar el impacto que estaba causando este niño en sus 29 compañeros de clase? Durante mucho tiempo los profesores trataron de calmarlo y contenerlo, hasta que un día, fue enviado por enésima vez a la dirección. Tom Canning lo recuerda así: “mientras me preguntaba qué hacer con este niño, me senté con él, sonreí y le dije: ¿por qué, por qué nos haces esto? Este es el único lugar donde te cuidamos y nos preocupamos por ti, te damos todo porque sabemos lo que has perdido y queremos reponerlo. Él entonces me miró a los ojos llorando y dijo: “señor Canning, no puedo ayudarlo porque soy una mala persona y tenido una mala vida”. En momentos como ese tu corazón se rinde porque entiendes algo sobre la vida de los niños que de otra manera no entenderías nunca, jamás”.
Ahmed aprendió que su familia hoy está formada por él y por su abuela, y contrariamente a lo que podría esperarse, dejó de ser el niño problemático y agresivo que conocían; sabe que pertenece a un grupo y a una escuela. “Tal vez podamos esperar una reconciliación con su madre dentro de algunos años (continúa Canning) si ella reconsidera su estilo de vida y trata de recuperar a su hijo, esperemos que no sea demasiado tarde”.
El director añade: “ves algunas historias muy tristes al trabajar en escuelas vulnerables, y lo darías todo por cambiar esas vidas. Lo que tratamos en la escuela es hacer que sus vidas sean todo lo perfectas que pueden ser mientras están con nosotros para compensarlo; pero algunas veces sólo te dan ganas de tomar esos niños y darles una nueva vida en otro hogar”.
Historias como esta son las que entregan la pasión a los buenos directores para seguir adelante, porque sabemos que lo que se hace en la escuela puede traer un cambio grande en la vida de los niños. “De eso se trata educar (concluye Canning); visto desde ese punto de vista, somos realmente privilegiados”.
Comenta este artículo