Los profesores de Cerro Castillo, al sur de Coihaique, transformaron una maleta de piel de chivo en una biblioteca móvil.
La radioemisora Aluén, de Cerro Castillo, siempre al filo de la noticia, comunica la llegada de una nueva colección de libros a la escuela de la localidad. Quienes quieran leerlos deben ubicar a
la coordinadora del Centro de Recursos para el Aprendizaje (CRA) del establecimiento, María González. No es necesario trasladarse hasta allí: el propio personal de la escuela se moverá hasta su lugar de trabajo para llevar la preciada carga lectora.
Todo esto forma parte de la "Chigua de libros", una iniciativa que ha revolucionado a la comunidad del lugar. ¿Quiénes están detrás de la idea? El equipo docente de la escuela rural Cerro Castillo.
Ubicada a 110 km al sur de Coihaique, la escuela Cerro Castillo atiende a 65 estudiantes de 1° a 8° básico. La profesora de matemática y directora provisional, Ximena Almonacid, recuerda que la idea de crear una "Chigua de libros" surgió cuando notaron que había necesidad lectora de parte de las instituciones de la localidad.
La "chigua" es una maleta de piel de chivo o de vaca utilizada tradicionalmente para cargar víveres en el sur de Chile, pero desde el año pasado se ha convertido también en medio de transporte de otro tipo de alimentos.
Después de constatar que los lugareños no tenían hábitos de lectura por falta de libros, los docentes fueron a conversar con las instituciones más importantes. Así tomaron nota de que la junta de vecinos sentía la falta de manuales para redactar proyectos; que los abuelitos soñaban con llevar adelante sus propias actividades de rescate cultural; que las tías del jardín infantil textos libros de manualidades y de lectura temprana; o que los médicos del consultorio comentaban que los pacientes esperaban su turno sin tener nada con qué entretenerse.
"Los niños hicieron un listado de lo que querían", continúa Ximena Almonacid, "pidieron cómics -que acá no llegan- y libros sobre temas que tienen que ver con su entorno, como los caballos, por ejemplo. Les dimos en el gusto a todos: no fue algo impuesto, fuimos sala por sala preguntando qué libros querían y completamos la lista de acuerdo con sus necesidades".
Después de presentar (y ganar) el proyecto al Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2011, organizaron recorridos por todo el sector, con una frecuencia de 20 días. Primero llegaban a los lugares y daban a conocer el catálogo de la biblioteca. Luego, durante la siguiente visita, llegaban con una chigua llena de libros nuevos y se llevaban los que habían sido leídos.
El impacto se hizo sentir en todos: los padres se acercaron a la escuela a ver de qué se trataba el nuevo sistema, mientras que los abuelitos comenzaban a leer y contagiaban a los más pequeños.
"Nosotros no tenemos ninguna posibilidad de llegar a la lectura si no la tenemos cerca", asegura Ximena Almonacid, "por lo tanto la lectura tiene que venir a nosotros. Nuestra biblioteca ha sido el gran elemento que ha permitido incentivar a que la gente lea y buscamos todos los espacios posibles para hacerlo".
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RECOMENDACIONES PARA UNA BUENA BIBLIOTECA
Debe estar situada en un sector céntrico, no en un tercer piso ni en una esquina. Tiene que ser el espacio más cómodo y agradable de la escuela.
Sus estantes deben ser abiertos, como si fuera una tienda de videos.
Tiene que haber un lugar donde se les lea a otros, un espacio lector grato y confortable, ojalá con cojines o alfombras.
El catálogo de textos debe ser diverso, incluyendo diarios, revistas y material impreso para todos los sectores y niveles.
(Por Constanza Mekis, directora nacional del CRA).
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Este artículo es parte de la serie que el Área de Educación de Fundación Chile publica semanalmente en el diario Las Ultimas Noticias.
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