Los pueblos originarios que celebran la llegada del nuevo sol junto al solsticio de invierno se encuentran fuertemente arraigados a la tierra, ya que su vida ha dependido durante siglos de los ciclos de siembra y cosecha. Toda aproximación a la religiosidad y la cultura debe considerar este aspecto esencial. Te presentaremos ahora el caso del pueblo rapa nui.
Según el mito, el dios
Make make, creador de la tierra, sentía que algo faltaba en ella. Al saludar su reflejo en el agua contenida por una calabaza y compararlo con el de un pájaro que se posó sobre su hombro, creo a su primer hijo. En un mundo aún deshabitado, quiso crear a un ser a su imagen y semejanza. Quedando disconforme con el resultado que tuvo con los peces, creó al hombre a partir de la fecundación de una roca que contenía arena roja. Un día lo hizo dormir y de una de sus costillas izquierdas formó a la mujer para hacerle compañía.
La forma definitiva de la isla de pascua se debe a las acciones de
Uoke, el dios de la devastación, quien podía levantar la tierra a su antojo. Un día se rompió la palanca que usaba y la isla tomó la altura actual, mostrando sólo las cúspides de las montañas y parte de la tierra.
Fue en mismo dios Make make quien guió el poblamiento de la isla. La divinidad se apareció en los sueños del sabio
Hau-Maka, que residía en el legendario territorio de
Hiva, que se cree era una de las islas de la polinesia. Fue él quien convenció al ariki (rey)
Hotu Matu’a a dejar Hiva, que según los sabios terminaría hundiéndose, inundándose y desapareciendo. Así fue como se dio origen a la población de la isla.
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