Los pueblos originarios que celebran la llegada del nuevo sol junto al solsticio de invierno se encuentran fuertemente arraigados a la tierra, ya que su vida ha dependido durante siglos de los ciclos de siembra y cosecha. Ejemplos de esto son las denominaciones para la Madre Tierra como Ñuke Mapu por parte del pueblo mapuche. Toda aproximación a la religiosidad y la cultura debe considerar este aspecto esencial. Te presentaremos ahora el caso del pueblo aymara, que se refiere a la tierra como "Pachamama".
Al igual que el pueblo mapuche, los aymaras centran su espiritualidad en la tierra (
pachamama o pacha mama), siendo el agua el elemento esencial de sus invocaciones. La vida está estrictamente organizada en torno a los ciclos naturales, la geografía y la sabiduría ancestral. El término
tinku es usado para referirse al equilibrio perfecto que determina el justo momento y medida de sus acciones como comunidad, dando origen a las jerarquías. De aquí vienen también la diferenciación de los tipos de vínculos que tiene el hombre: las relaciones sociales, las que tiene con los dioses y los antepasados y aquéllas que lo ligan con la naturaleza. Su religiosidad es una integración entre las tradiciones precolombinas y el catolicismo.
Los ciclos económicos y las actividades sociales, festivas y religiosas están determinados por un riguroso calendario, a su vez definido por los ciclos de la tierra. La naturaleza es concebida como una unidad de fuerzas opuestas y complementarias.
Se cuenta que fue el agua la que salvó a los seres humanos luego de la irrupción del “mundo del sol”, que incendió la tierra un día que sólo se conocía la luna. Los únicos hombres que sobrevivieron fueron aquéllos cuyas casas fortificadas se hundieron en el agua. De ahí las ceremonias de culto al agua como la limpia de canales que se desarrolla durante es solsticio de invierno y en donde converge el trabajo y el ritual con oraciones a la virgen y los santos. En esta celebración masiva donde se juntan las comunidades junto con invitados y parientes de centros urbanos se ofrecen banquetes en donde se expresa el respeto por la naturaleza que fue capaz de otorgarlo.
Las ceremonias en donde se adora a la pachamama son encabezadas por un
purikamani, elegido periódicamente por la comunidad, mientras que el
yatiri es el anciano sabio que conoce las costumbres ancestrales. En los ritos también se invocan a los antepasados y a los
mallku o cerros tutelares, que son considerados divinidades. Se realizan ofrendas de hoja de coca y alcohol, entre otros, que se depositan en cántaros de cerámica. La estructura de la fiesta está rigurosamente ordenada por un protocolo que obedece a las jerarquías y regula el uso del tiempo. También se ofician fiestas religiosas a los santos y los patrones de cada pueblo.
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