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4 de Mayo de 2012
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Observar, preguntar, dialogar, para mejorar

María Eliana Díaz Rojas

María Eliana Díaz Rojas es directora de la escuela Santa Emilia, Corporación Municipal de María Pinto.



 


Directivos chilenos en Canadá con cartel de bienvenida

La Ruta del Liderazgo Directivo”, fue el nombre de la pasantía impartida por el Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile, en conjunto con el OISE (Ontario Institute for Studies in Education) de la Universidad de Toronto. Este programa fue seleccionado por el MINEDUC para el Plan de Formación de Directores.

 
 

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En la siguiente columna, la directora María Eliana Díaz Rojas reflexiona sobre su experiencia como participante en la pasantía "La ruta del liderazgo directivo", realizada en Canadá durante el mes de enero recién pasado.

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Por María Eliana Díaz Rojas   

Desde que llegué a Toronto y comencé a observar sus políticas educacionales y sus escuelas, no podía dejar de asombrarme por las diferencias que tenían éstas con la realidad de las escuelas chilenas.

En efecto, mi foco estaba puesto en las diferencias. No podía dejar de admirarme por el grado de alineación/vinculación entre la investigación en educación, las políticas educacionales públicas, la formación docente y directiva, la organización interna de las escuelas y las prácticas docentes para el aprendizaje.

Menos aún podía apartarme de las diferencias culturales: una cultura donde se forma y se respira en la tolerancia, el respeto y la equidad (definida y vivida como justicia social). Todo era tan diferente a mi propia realidad que yo pensaba que nada podría llevarme, es decir pensé que no encontraría ahí “algo” concreto que me sirviera para mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes de mi escuela.

Entonces, sintiendo que no tenía nada que hacer porque los sistemas educacionales entre ambos países eran tan distintos, vino la magia: me encontré con las personas, me encontré con los estudiantes, con los docentes y con mis colegas los “principals” (directores de escuelas públicas). Ahí, en ese momento, supe que podía traerme una gran riqueza la que no tenía que ver con los recursos materiales o la infraestructura.

En todos esos colegios las personas tenían una actitud, una forma de hacer educación: Primero que todo los directores eran personas que creían fuertemente en su equipo y centraban su trabajo en mantenerlos motivados, en desarrollar sus habilidades, sus capacidades y mejorar sus condiciones de trabajo. Promovían el liderazgo distribuido (*1) como una forma de ejercer la dirección comprometiendo al equipo a trabajar unidos para integrar las acciones y lograr juntos metas complejas. Todos los directores eran personas abiertas que mantenían una actitud activa en el monitoreo de las prácticas docentes. Lo curioso es que no encontré pautas de observación. Su monitoreo estaba centrado en una retroalimentación efectiva de lo observado para mejorar los aprendizajes por medio de la promoción de la reflexión pedagógica: ¿qué hace y qué dice el docente?, ¿qué hace y dice el estudiante?, ¿cómo se trabaja el contenido?

La clave de esta retroalimentación estaba en cuestionarse, es decir, no era el director quien decía al docente lo que estaba bueno o malo, sino que, con la información recogida desde la observación, se iniciaba un diálogo del que surgían más preguntas que respuestas. Así, formularse buenas preguntas pasaba a ser la esencia de la promoción de una reflexión pedagógica conducente en sí misma al cambio y al mejoramiento educativo. De esta manera, los profesionales de la educación se constituían en Comunidades Profesionales de Aprendizaje, donde el preguntarse, y el dialogar (del griego dejar fluir) les llevaba a la mejora continua de los aprendizajes.

Ese fue mi gran descubrimiento, esa es la riqueza con la que me vine y trabajo ahora con los docentes de mi escuela, una escuela rural, con estudiantes provenientes de familias de extrema vulnerabilidad. Ya no usamos una pauta predeterminada que dé cuenta de lo que está bien o mal o si el docente cumplió o no. El observar las clases se ha convertido en un ejercicio para cuestionarnos acerca de nuestras prácticas, y promover un diálogo donde lo relevante es mejorar los aprendizajes de nuestros estudiantes. Observar, preguntar, dialogar para mejorar, es nuestra apuesta para lograr una retroalimentación efectiva que finalmente nos lleve a convertirnos en una Comunidad que aprende en forma continua y colaborativa.

(*1)    El liderazgo distribuido es un nuevo marco conceptual para analizar y enfrentar el liderazgo escolar. Supone mucho más que una simple remodelación de tareas, significa un cambio en la cultura, que entraña el compromiso y la implicación de todos los miembros de la comunidad escolar en la marcha, el funcionamiento y la gestión de la escuela. De esta forma, el liderazgo distribuido aprovecha las habilidades de los otros en una causa común, de tal forma que el liderazgo se manifiesta a todos los niveles (Harris y Chapman, 2002).

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