Celebramos hoy a Nicanor Parra. Su vida es una clara demostración de que para ser un verdadero rebelde hay que estudiar mucho.
Con su postura desenfadada e informal, los rebeldes no dan la impresión de ser muy mateos, sino todo lo contrario. Pero la verdad es que la rebeldía exige un esfuerzo doble, porque el rebelde tiene que, en primer lugar, asimilar aquello contra lo cual se rebela y en segundo lugar, proponer una alternativa opuesta, suficientemente novedosa como para llamar la atención e iniciar un cambio.
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PREMIO CERVANTES
El 23 de abril de 2012 Cristóbal Ugarte, nieto del poeta, recibió de manos del Príncipe de Asturias el Premio Cervantes otorgado a su abuelo.
Para la ceremonia, Nicanor envió de regalo su máquina de escribir, a la que llama la "máquina del tiempo" y un poema oculto en un sobre sellado con la instrucción de que se abra en 50 años.
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Nicanor Parra, reciente ganador del Premio Cervantes, es un buen ejemplo. Es el "culpable" de una completa renovación en las letras hispanas, que se inició en 1954, en oposición a la poesía "oficial" representada entonces por Pablo Neruda.
Estudioso total
Todo comenzó mucho antes de 1954. Parra, nacido en San Fabián de Alico, pueblo cercano a Chillán en 1914, era el mayor de nueve hermanos. Su padre era profesor y su mamá, costurera. Creció en un ambiente humilde y a los 16 años, como era un buen alumno, obtuvo una beca para terminar la enseñanza media en el Internado Nacional Barros Arana, de la capital. Luego, en una época en que no eran muchos los chilenos que entraban a la universidad, estudió pedagogía en matemática y física en la Universidad de Chile.
Al mismo tiempo que estudiaba, trabajaba como inspector en su ex colegio (INBA), donde se le recordaba por sus buenas notas. En 1938 publica su primer libro, llamado “Cancionero sin nombre”, y cinco años más tarde, en 1943, gracias a una beca otorgada por el Institute of International Education, viaja a los Estados Unidos a estudiar mecánica avanzada, en la Brown University. Como puedes ver era un poeta muy estudioso.
Vuelve a Chile tres años después, pero todavía quería seguir aprendiendo; por eso postula a la beca del Consejo Británico y viaja a Inglaterra a estudiar un doctorado en Cosmología, en la prestigiosa universidad de Oxford.
Todos sus estudios nutrieron su poesía y lo inspiraron a ir más allá de lo establecido. Por eso cuando vuelve a Chile, en 1951, después de toda la experiencia que había acumulado, ya estaba listo para provocar un terremoto en las letras hispanoamericanas. Ese terremoto se llamó “Poemas & antipoemas”, y fue publicado en 1954.
La antipoesía planteó el rechazo absoluto a todo lo que sonara latero, pomposo y solemne; rescató el habla popular y la cotidianidad y produjo poemas que podríamos llamar “urbanos”, por su carácter llano y directo, y a la vez campesinos, por su especial sentido del humor. Los problemas trascendentales de la naturaleza humana eran expuestos a través de frases inteligentes, aparentemente inofensivas pero que pueden leerse en muchos sentidos.
En una anécdota ya famosa, Neruda escuchó los “antipoemas” de la voz del propio Parra durante una velada en su casa de Isla Negra. Al terminar la lectura, felicitó a Nicanor y le preguntó cómo había sido capaz de escribir “a partir de la nada”. En efecto, la poesía de Parra no se parecía a nada de lo que se escribía en aquellos días, y prometía una revolución. Neruda, como representante oficial de la antigua manera de escribir, sería la principal víctima. Y así, ambos poetas rápidamente se distanciaron. Se abría de esa manera un nuevo frente en la llamada “guerrilla literaria”, protagonizada también por Vicente Huidobro y Pablo de Rokha. Pero está claro que si no hubiera sido un mateo, Nicanor Parra no habría sido el gran poeta que es.
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