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Juan Manuel Zolezzi Rector de la USACH y vicepresidente ejecutivo del CRUCH. |
Sí. Fundamentalmente porque va a permitir que los estudiantes más esforzados de colegios municipales y particulares subvencionados tengan una mejor opción de ingreso a la universidad, dado que recibirán una bonificación especial por su posición relativa en el curso, lo que los equipara de alguna manera a los estudiantes que cuentan con mayores recursos.
Es un parámetro adicional en el sistema que ayudará a que el ingreso a la educación superior se haga un poco más independiente de la PSU.
Lo usual hasta el momento es que a los alumnos de colegios vulnerables les va mal por definición y eso no depende de sus capacidades sino del acceso a un preuniversitario, del nivel socioeconómico de los padres, el ambiente donde estudió, etc. Por lo tanto la inclusión del ranking de notas es una manera de compensarlo, ya que permite bonificar a todos los alumnos independientemente del colegio donde hayan estudiado.
En la Universidad de Santiago implementamos un sistema similar entre 1992 y 2004, incorporando la bonificación de puntaje ponderado para aquellos estudiantes que estaban en el 15% superior de cada colegio, sólo para establecimientos municipalizados y particular subvencionados.
De acuerdo a nuestra experiencia, la mayoría de los alumnos que ingresaron por esta vía se tituló más pronto y manifestó un nivel de retención comparativamente mayor al resto; y esos son datos reales, no simulaciones.
Por tanto el ranking contribuye no sólo a una mayor equidad sino también a una mayor eficiencia, porque los alumnos que vamos a beneficiar se distinguen por su voluntad de ser los primeros del colegio y esa motivación especial se mantiene durante sus estudios superiores.
+ en educarchile:
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Loreto Cox Asesora del ministro de educación. |
Es sabido que la probabilidad de acceder a la universidad en Chile depende del nivel socioeconómico, cosa que todos queremos corregir. Esto se debe en gran medida a que nuestras escuelas no logran compensar las diferencias en el capital cultural de las familias, lo que hace necesario poner ahí grandes esfuerzos. Pero los cambios en educación toman tiempo y, mientras tanto, tenemos que jóvenes de origen vulnerable que son talentosos, pero no tuvieron una buena educación escolar, se están quedando fuera. Esto nos invita a buscar instrumentos que aumenten la inclusión en el sistema universitario, no sólo por un asunto de justicia, sino también para no desperdiciar talentos.
En este contexto, incluir el ranking entre los criterios de selección universitaria puede ser un aporte, porque el buen rendimiento relativo suele ser señal de habilidades tanto cognitivas como no cognitivas y, a diferencia de la PSU, no está correlacionado con el origen socioeconómico. Sin embargo, es necesario estudiar si la manera propuesta cumple bien con el propósito buscado, y si no hay, acaso, una mejor manera de conseguirlo. Sin una apropiada evaluación y discusión de sus efectos, se puede acabar favoreciendo (y perjudicando) a los equivocados desde el punto de vista de la equidad. Esto es especialmente grave dado que se les están cambiando las reglas del juego a alumnos que ya van a medio camino en el proceso de admisión. Ésta es la advertencia que se ha querido hacer desde el Ministerio de Educación.
Tal como la ha planteado el CRUCh, la fórmula del ranking depende del promedio de notas del colegio y de la diferencia entre la nota máxima y dicho promedio. Esto conduce a que dos alumnos de distintos colegios, que están en la misma posición relativa de su curso y tienen igual nota, puedan tener distinto puntaje ranking, hecho que es injustificable. Conduce, además, a que colegios con mayores notas y menor dispersión, se vean beneficiados. Como no hay investigación empírica sobre esta definición particular de la fórmula, es difícil conocer sus efectos. Pero, por ejemplo, hay muchos colegios municipales con bajas notas y alta dispersión, y colegios particulares pagados con altos promedios y baja dispersión. De hecho, nuestras estimaciones indican que algunos de los colegios más caros de Chile podrían estar entre los más beneficiados. En suma, en varios casos los efectos podrían ser distintos a los deseados.
Este análisis sobre las particularidades de la fórmula propuesta es fundamental para comprender si la medida contribuirá a la equidad, y dada la premura de la decisión del CRUCh, no se ha llevado a cabalidad –al menos no en el debate público–. El Ministerio de Educación apoya que las universidades busquen nuevas formas de selección, especialmente si es con el fin de fomentar la inclusión social, pero por una responsabilidad ante el país, sus mecanismos deben ser debidamente estudiados y aplicados.
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