La cantidad de residuos sólidos producidos por los hogares chilenos hacen pensar sobre la responsabilidad de la familia y la importancia de desarrollar iniciativas que apunten a una educación por el reciclaje en la casa y la escuela.
De acuerdo a la Ley Orgánica de Municipalidades, los encargados de gestionar los residuos sólidos domiciliarios en Chile son los municipios, ellos tienen la responsabilidad de retirarlos y llevarlos hasta su disposición final. Según la normativa vigente, cada vivienda tiene derecho a entregar al camión recolector sesenta litros de "basura", cantidad que el municipio tiene la obligación de retirar, indistintamente de si la vivienda está o no afecta al pago de derecho de aseo. La responsabilidad ciudadana se limita a cumplir con las normas dispuestas por el respectivo municipio para que sus desechos sean retirados. En la ciudad de Santiago cada día se producen más de 5.000 toneladas de desechos, que son depositados en los distintos rellenos sanitarios habilitados para ello.
La reciente huelga de los recolectores de basura mostró que la ciudadanía en general percibe que ella no tiene ninguna responsabilidad frente a la creciente producción y posterior eliminación de los desechos, considera que esta es una función que le corresponde asumir a las autoridades. Esta situación puso también de manifiesto que la basura es noticia sólo cuando nos molesta, cuando la vemos porque no es recogida oportunamente o cuando es necesario construir un nuevo relleno sanitario que, por supuesto, nadie quiere en su comuna o cerca de su domicilio.
Durante los últimos meses los medios de comunicación han dado amplia cobertura a los problemas ambientales, tales como la producción de gases de efecto invernadero, la contaminación del aire, de las aguas y de la tierra, la sobreexplotación de los recursos naturales, la erosión y muchas otras situaciones devastadoras, como consecuencia de la intervención del hombre. Sin duda las conductas y hábitos de la familia en lo relacionado al manejo de los residuos tienen directa relación con esta situación. Ante esto nos preguntamos, ¿se están incentivando en Chile políticas que promuevan la participación consciente y responsable de la ciudadanía para reciclar? ¿El tema es abordado con la importancia que tiene dentro del contexto de la educación formal y del gobierno local?, ¿Se apunta a un cambio de paradigma en la forma de abordar los problemas como la producción de residuos?
Para responder a preguntas como las señaladas, se hace necesario reflexionar seriamente acerca de la necesidad de impulsar al interior de los establecimientos educacionales políticas de gestión ambientalmente sustentables, que entreguen a la comunidad educativa y en especial a los docentes herramientas que los motiven a usar estos temas como un desafío en el contexto de su quehacer cotidiano, incentivando a los alumnos y alumnas a trabajar en un plan concreto de manejo de residuos que los ayude a comprender la importancia de respetar y cuidar los recursos naturales. Hay experiencias que muestran que un programa de manejo sustentable de residuos al interior de los establecimientos, trabajado con la metodología adecuada y con toda la comunidad educativa, tiene excelentes resultados en la formación ambiental de los alumnos involucrándolos activamente en un tema que tiene hoy especial relevancia.
Desde la perspectiva del gobierno local, es preciso que los municipios empiecen a mirar de una forma distinta la gestión de los residuos producidos en la comuna, asumiendo la importancia de involucrar a la población con exigencias y normas explícitas, incluyendo incentivos y sanciones, a fin de privilegiar el bien común. Tal como ocurre en países desarrollados como Alemania, Canadá, España, Suecia y otros, la separación en origen, la recolección diferenciada, el compostaje domiciliario son formas de manejo que debieran empezar a ser evaluadas para ser aplicadas a nivel comunal. El impacto en reducción que se logra con programas alternativos a la recolección tradicional, puesto en marcha en algunas comunas paralelamente a la recolección tradicional, son experiencias valiosas, pero que al depender de la buena voluntad de los ciudadano, tienen un impacto que no supera los dos dígitos, cifra que puede ser considera poco significativa en relación a la magnitud del problema.
En Chile más del 50% de lo residuos producidos en los domicilios son de origen vegetal, ante esta realidad, la puesta en marcha de programas de compostaje municipales o domiciliarios, es una alternativa viable. Evaluaciones a programas existentes en diferentes comunas del país, muestran experiencias exitosas, en las que se logran altos niveles de participación ciudadana, y reducción en origen de los residuos, obteniendo a la vez un producto llamado compost que sirve para ser utilizado en los mismos hogares.
A partir de lo anterior, se hace necesaria la reflexión al interior de la familia en relación a sus hábitos en la eliminación de los residuos sólidos, contrastando la práctica común de entregar todos los residuos sólidos del hogar al sistema tradicional de recolección, transporte y disposición final, con prácticas de manejo ambientalmente más adecuadas, como la separación en origen y la disposición selectiva de los residuos para su posterior reciclaje o el compostaje doméstico.
- La mezcla de los residuos orgánicos vegetales con metales pesados como cadmio, mercurio, cloros, solventes, son los responsables de la generación de los líquidos percolados que dañan las napas subterráneas, los cursos superficiales de aguas y la atmósfera.
- Cada vez que utilizamos tierra de hojas extraída de la precordillera estamos contribuyendo a la erosión e impedimos que se reproduzca el bosque nativo.
- La mayor parte de lo que llamamos basura es un recurso: Mira aquí cómo aprovecharlo
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Ana María Montemurro Cambria
Nicolás Opazo Bunster
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