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24 de Mayo de 2013
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El sentido final del análisis de resultados: conocernos y mejorar

Si los resultados que el sistema nos entrega son limitados para reflejar las prácticas de una sala de clases, es difícil enjuiciar dicha clase y por extensión la calidad de toda la escuela.

Por Mario Uribe, director del programa de Gestión y Dirección Escolar de Fundación Chile.

En estos días, en que los resultados de las pruebas nacionales estandarizadas estarán comprometiendo juicios sobre la calidad de la educación y los raciocinios técnicos y políticos darán paso a afirmaciones sobre el déficit y virtudes de un sistema caracterizado por sus inequidad y asimetría en la distribución de sus capacidades, se hace necesario hacer un esfuerzo por analizar estos resultados y preguntarse qué antecedentes entregan para entender y analizar realmente las condiciones y prácticas que contribuyen a los aprendizajes de los estudiantes, sabiendo incluso de antemano que estos están fuertemente mediados por las características personales y socioeconómicas de los mismos.

En este sentido, nada de lo que se diga en torno a los resultados debiera sorprendernos realmente. La investigación educativa y la praxis cotidiana nos están dando, desde hace algún tiempo y de manera sostenida, evidencia que hace prever que los resultados año a año no variarán significativamente y, lejos de los análisis superficiales o de las caracterizaciones positivas o negativas a comunidades educativas completas, la pregunta de fondo será entonces una vez más la misma, dónde tenemos que concentrarnos para la mejora.

Lo primero es recordar que un sistema educativo, para hacerlo realmente efectivo, necesita establecer las condiciones adecuadas para su mejor desempeño (OCDE, 2010), las condiciones son muchas y, para no evadir las fundamentales, tendremos que poner esp

Mario Uribe 
Mario Uribe, del Centro en Innovación en Educación de Fundación Chile.

ecial atención tanto en la calidad de la organización y sus orientaciones fundamentales (liderazgo), como en las capacidades docentes y la organización de la enseñanza.

En este sentido, el resultado debiese ser de tal calidad en su información, que analizado por directivos y profesores se convierta en un insumo clave para la comprensión del proceso evaluado y del contexto en que se presenta, tal como nos diría el profesor Perkins (2010) en su reciente visita a Chile. 

Si los resultados que el sistema nos entrega son limitados para reflejar las prácticas de una sala de clases, es difícil enjuiciar dicha clase y por extensión la calidad de toda la escuela.

Lo anterior toma una dimensión estratégica para la mejora. Cuando la experiencia comparada nos indica que el principal factor intraescuela que afecta los resultados escolares es la calidad de la enseñanza (Barber,2009).

Si los resultados traen consigo consecuencias para las comunidades educativas (por ejemplo, perdida de matrícula, desincentivo para atraer buenos profesores y directivos, entre otros,) es totalmente razonable pensar en un conjunto de evaluaciones que, de manera coherente y reconociendo las desigualdades de origen como base, reflejen (i) la calidad de la gestión escolar,(ii) el nivel de competencia de directivos y profesores y, fundamentalmente, (iii) los resultados en el desarrollo de habilidades y conocimientos escolares.

Para dar un juicio fundado sobre la calidad de la educación y en particular de una escuela, requeriremos más que un solo tipo de información. Evitar el reduccionismo, y ampliar la mirada en el análisis parece ser el siguiente paso en un sistema educativo que ha hecho importantes esfuerzos por avanzar.

Algunas de las claves que son posibles de atender a partir de la experiencia en la mejora, están dadas por el liderazgo educativo con énfasis en acciones de supervisión y apoyo a sus docentes; el significado que los profesores asignan a su quehacer y si su trabajo y el de la escuela en su conjunto es valorado por la comunidad (Robinson, 2010). Si se dan estas premisas es posible trabajar condiciones para mejorar sus prácticas y, finalmente, realizar un análisis de resultados con sentido de mejora, esto es, que la información recopilada permita perfeccionar los procesos y acciones propios de la didáctica escolar, la gestión pedagógica y el cumplimiento de los resultados académicos.

Desde esta perspectiva, la comparación con otros puede ser un referente a considerar, pero es ineficaz a la hora de buscar explicaciones y estrategias de mejora. Avanzar a un sistema de diagnóstico y evaluación más integral, permitirá describir mejor el impacto agregado en la formación y aprendizajes que la escuela otorga a los estudiantes que asisten a ella.


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