Las siguientes pinturas y grabados representan momentos de la historia de este árido Santiago, recogidos por Mauricio Rugendas, Claudio Gay, Pedro Lira y Ortega. El cerro Santa Lucía era un peñón seco y la Plaza de Armas un sitio vacío en el corazón de la ciudad. Mirando las imágenes se puede visualizar parte de la historia de Chile.
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Paseo de la Cañada, obra de Claudio Gay. En este grabado se puede ver cómo corría el agua por las acequias situadas en los bordes de la actual Alameda. Las acequias formaban un doble trazado por las calles y dentro de los patios de las casas. El agua corría de oriente a poniente siguiendo el curso natural del río. Para beber los santiaguinos iban a buscar el agua a la Plaza de Armas. La Cañada fue un lugar destacado desde el origen de la ciudad por ser uno de los brazos del río Mapocho y un límite natural hacia el sur. (ampliar)
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Plaza de la Independencia de Claudio Gay. La Plaza de Armas, fue renombrada por O'Higgins como de la Independencia, reflejo del espíritu de la época y de la Revolución Francesa. Hasta la segunda mitad del S. XIX era un espacio vacío y sin árboles en el corazón de Santiago. Se puede ver la antigua catedral, el Cabildo y la Casa de Gobierno (actual Correos). Detrás aparecen los Agustinos. El intenso tráfico que muestra la imagen se debe a que este lugar concentraba la actividad pública de los ciudadanos. (ampliar)
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La Fundación de Santiago por Pedro Lira, 1888. Esta pintura se encuentra en el Museo Histórico Nacional y representa el momento en que Pedro de Valdivia indica el lugar donde creará la ciudad. Los protagonistas están en el Cerro Santa Lucía y detrás de la bandera roja se puede ver el río Mapocho y la zona donde efectivamente se fundó Santiago. Lira incluye entre los asistentes a un grupo de indígenas que, arrodillados, presencian este momento. (ampliar)
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Desde el Cerro Santa Lucía por Mauricio Rugendas. El peñón árido del cerro Huelén captaba la atención de los viajeros que llegaban a la ciudad. En esta imagen, realizada entre 1834-1837, se pueden ver los edificios principales de la época, algunos todavía reconocibles, como el Cabildo, la Catedral, la Merced o San Francisco. Esta imagen dista mucho del actual cerro-parque diseñado por Vicuña Mackenna en 1870, mandando a buscar especies de árboles de todo el mundo y alhajando este paseo con bellos miradores y portales. (ampliar)
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Inés de Suárez, obra de J. M. Ortega. Esta mujer pudo haber sido uno de los secretos de la historia si no hubiera reaccionado como un guerrero en septiembre de 1541, cuando Santiago fue atacado y quemado por los picunches al mando de Michimalonco. Los mapuche querían rescatar a algunos caciques del valle del mapocho que estaban prisioneros dentro de la ciudad. Esta mujer cortó y mandó exhibir las cabezas de los caciques a sus enemigos. Este acto fue sobrecogedor para los picunches y abandonaron el sitio. La pintura se encuentra en el Museo Histórico Nacional en la Plaza de Armas. (ampliar)
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