En su columna, el investigador Ignacio Jara, señala por qué los recientes resultados del SIMCE TIC debieran servir para identificar aspectos críticos y avanzar.
Por Ignacio Jara, investigador CEPPE-UC
Como parte de la batería de evaluaciones escolares del Ministerio de Educación en las últimas semanas, el día jueves santo se publicaron los resultados de la nueva prueba SIMCE TIC. Lamentablemente, la fecha elegida para informar esta medición restó visibilidad a sus resultados y la subsecuente aparición de las pruebas SIMCE de cuarto y octavos básicos inhibió una discusión más profunda de sus implicancias.
Es importante, sin embargo, que se entienda el alcance de esta prueba y se discutan sus resultados, de manera que pueda cumplir el propósito de orientar políticas públicas y el trabajo de docentes, escuelas y ministerio en un ámbito tan relevante para el futuro de país como son las tecnologías de información y comunicación (TIC). Asimismo, la simple interpretación negativa que se le dio a sus resultados (que muestran que poco más de la mitad de los estudiantes supera el nivel básico de habilidades digitales), no hace justicia de los avances del país en esta materia, y tampoco entrega claves de lo que es necesario hacer para mejorar.
Si queremos comprender los resultados del SIMCE TIC, éstos deben analizarse en el contexto de lo que este nuevo instrumento está realmente midiendo, más allá de su nombre y de los porcentajes aislados. En efecto, el primer obstáculo para la comprensión del SIMCE TIC es justamente su nombre, que da a entender que se está evaluando la destreza de los estudiantes para manejar las diferentes aplicaciones computacionales.
Sin embargo, el SIMCE TIC apunta a evaluar las competencias digitales necesarias en el siglo XXI, mucho más allá del simple uso del computador. Se busca medir habilidades de gestión y transferencia de información en el ambiente digital. Por ejemplo, los estudiantes deben saber investigar en Internet, analizar datos en una planilla electrónica y discutir resultados por correo electrónico. Para desempeñarse bien en este tipo de problemas, es necesario saber usar la tecnología, pero más importante aún es la habilidad para buscar, evaluar, analizar, presentar y comunicar información en forma pertinente, usando las herramientas computacionales.
Se trata de habilidades íntimamente vinculadas con las posibilidades de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, de crear conocimiento e innovar en el siglo XXI. Esta combinación de habilidades es, a diferencia de otras áreas de larga tradición escolar como lenguaje o matemática, relativamente nueva y no cuentan aún con un currículum real específicamente orientado a desarrollarlas en forma masiva. Esto es así no solamente en Chile, sino también en los países desarrollados donde es muy reciente la incorporación de estas habilidades en los planes de estudio e instrumentos de evaluación. De hecho, el primer estudio internacional que evaluará estas habilidades, ICILS, será realizado el próximo año y Chile será el único país latinoamericano que participará. La prueba SIMCE TIC aplicada en 2011 representa, por tanto, dificultad y novedad para el sistema escolar chileno, y desde este punto de vista no resulta razonable juzgar como negativos los resultados de esta primera medición.
En general la prueba muestra que buena parte de los estudiantes cuenta con una buena base de capacidades de gestión de información en el ambiente digital, la que probablemente se ha desarrollado a partir del contacto cotidiano con las TIC disponibles en la mayoría de las escuelas y hogares del país. Pero en particular detecta también que son muy pocos los estudiantes que destacan en la prueba, haciendo evidente que el acceso a las TIC es necesario, pero no suficiente para un desarrollo pleno de estas habilidades: es necesario además que los docentes de las diferentes materias realicen un trabajo pedagógico específicamente orientado a inculcarlas en sus estudiantes. Promover este trabajo en las escuelas debiera ser, por tanto, prioridad de las futuras políticas en esta área.
Adicionalmente -y como era esperable-, los resultados del SIMCE TIC repiten las diferencias por niveles socio-económicos que estamos acostumbrados a ver en las demás mediciones educativas, probablemente agravadas en este caso por las desigualdades sociales en el acceso a Internet: mientras casi todos los hogares de los estudiantes de nivel alto tienen acceso a la red, sólo un tercio del nivel bajo posee esta conexión.
Queda en evidencia que los estudiantes de los quintiles más pobres enfrentan, además de las carencias educacionales y familiares, la falta de un piso mínimo de acceso a la tecnología necesaria para desarrollar habilidades del siglo XXI.El acceso a Internet en el hogar permite a los estudiantes una práctica que hace diferencia.
El Gobierno tiene un plan para corregir esta carencia de Internet en las escuelas más pobres, pero requiere complementarse con estrategias para masificar banda ancha en los hogares, llegando hasta los últimos quintiles de la población.
Los resultados del recién estrenado SIMCE TIC no debieran dejar tranquilo a nadie, pues todos aspiramos a que todos nuestros estudiantes desarrollen estas habilidades y casi la mitad está bajo los mínimos aceptables. Si bien se ha avanzado, es mucho más lo que queda por hacer. Esta primera prueba debiera permitir establecer una línea de base, identificar aspectos críticos, y avanzar. Esperamos que se adopten medidas urgentes en esta materia, dando mayor fuerza a las políticas públicas en esta área. Caso contrario, las futuras mediciones del SIMCE TIC podrían servir sólo para volver a lamentarse.
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