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24 de Mayo de 2013
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Preservando el baile de La Tirana

Conoce la escuela donde las diabladas se toman la sala de clases

fotografía Escuela Artística Violeta Parra

El establecimiento donde enseña Natalia Córdova tiene una enseñanza transcultural. Se celebran tanto las fiestas católicas como las de los pueblos originarios, entre las que se cuenta el reciente año nuevo aymara o Macha’q mara.



 

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Natalia Córdova enseña matemática en una escuela de Iquique, pero lo que más le toma tiempo es mover las sillas y transformar los espacios en una pista de baile nortino.

La vida artística de Natalia Córdova comenzó a los cinco años, bailando la diablada, uno de los cerca de diez estilos típicos de La Tirana, la fiesta que se celebra todos los años en Tarapacá en honor a la Virgen del Carmen. Desde entonces no ha dejado de participar en la celebración, sea danzando o bien cantando en las bandas, todas actividades voluntarias.

Hoy, con 28 años, se emociona al recordarlo. Y cómo no, si la vida de su familia ha estado marcada por esta festividad: tres de sus cuatro abuelos y sus dos bisabuelos maternos bailaban en la fiesta y su padre lo ha hecho por 35 años. Su madre lo conoció en una diablada y así fue también como Natalia descubrió a su esposo. "Para nosotros faltar a La Tirana es como perderse una Navidad", explica.

Ella egresó hace dos años de pedagogía en educación básica con mención en matemática. Estudió esa carrera porque admiraba a su profesora.

Lo que no sabía entonces era que su máximo desafío en la Escuela Artística Violeta Parra, de Iquique, sería enseñar su pasión por el baile tradicional.

Este año trabaja con 28 alumnos de cuarto a sexto básico. Las clases empiezan con un calentamiento físico, seguido por la enseñanza de los pasos y posturas que definen cada uno de los bailes. A veces invita a instructores para entrenar un estilo en particular. Luego se toman pruebas escritas y prácticas para evaluar el aprendizaje. Algunos de los estudiantes incluso se unen a cofradías y muestran en terreno lo aprendido con su profesora.

El establecimiento donde enseña Natalia tiene una enseñanza transcultural. Se celebran tanto las fiestas católicas como las de los pueblos originarios, entre las que se cuenta el reciente año nuevo aymara o Macha’q mara. "Se les enseña que las fiestas no son para ir a la feria ni para encontrar pololo", explica la profesora, quien hoy tiene a su cargo el taller artístico más requerido del colegio. "En general, cuando los niños entran a mi sala no se van", dice.

Familia de artistas

Gracias a las clases, los alumnos no sólo aprenden a conocer sus raíces, sino también a trabajar en equipo. "Es una experiencia enriquecedora porque todos se conocen al final. Los pequeños aprenden de la recepción de los grandes", explica Natalia Córdova.

Pese a su juventud, ella ha ganado numerosos concursos folclóricos. Su hijo mayor toca piano y es percusionista en una banda tradicional.

Esto le permitirá viajar junto con su padre y el conjunto KirkiWayra a un festival folclórico que recorrerá Europa. Y lo más probable es que su hija de 4 años siga los mismos pasos. "Mi marido dice que son muy pequeños y que les doy mucha responsabilidad", admite.

Si bien esta profesora disfruta las clases de matemática que dicta en su jefatura de tercero básico, su experiencia docente adquiere sentido con la enseñanza de la danza. "Esto me mantiene viva, es mi cable a tierra. Si no hiciera estos talleres no me sentiría completa", asegura esta profesora, para quien los bailes tocan una fibra de su vida.

FIESTA POPULAR

El 16 de julio se celebra el día de la Virgen del Carmen. Esa semana, un pequeño y deshabitado pueblo desértico llamado La Tirana, en la comuna de Pozo Almonte, se llena de coloridos, misas y bailes en su honor. Allí la chusca o polvillo fino cuentan la historia de Huillac Ñusta, hija de un sacerdote inca que se enamoró de un español.

Las fiestas se encuentran estructuradas por la masividad de sus integrantes y público. Participan grupos bien diferenciados: caporales, morenos, diabladas, chinos, chunchos, gitanos, tinkus y cuyacas, entre otros, cada uno organizado en cofradías. Este año el festejo durará cerca de una semana y comenzará varios días antes, con la preparación de los grupos, la presentación de los músicos y la misa inaugural. Es una tradición multicultural arraigada en los mundos aymara y católico, y celebrada también en Bolivia y Perú.

Este artículo es parte de la serie que el Área de Educación de Fundación Chile publica semanalmente en el diario Las Ultimas Noticias.

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