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26 de Mayo de 2010
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Niños y jóvenes solidarios para un país que se valora y se reconstruye

jóvenes voluntarios de Un Techo para ChileEl país empatizó con la tragedia vivida por muchos, y se organizó para ir en ayuda de los damnificados: organizaciones civiles, universidades, colegios, empresa privada,  los jóvenes; todos y de diferentes maneras, han ido aportando para superar las dificultades de tantas familias chilenas.

 



 

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Actitudes y valores para formar en nuestros niños y jóvenes -que como adultos afrontarán catástrofes similares-, para que aprendan a construir un mejor país para todos.

Sección apoyo emocional y social

Por Claudia Romagnoli y Mariana Scott.

¿Qué actitudes y valores queremos formar en nuestros niños y jóvenes que serán los adultos del mañana, y que tendrán que hacerse cargo de catástrofes similares, y además de construir un mejor país para todos?

Justamente, las actitudes y valores que hemos visto desplegadas a gran escala en nuestro país. Se produjo una catarsis de buenas acciones y valores positivos: el trabajo por el bien común, la solidaridad, la generosidad, la empatía, la preocupación por el otro, el sentido de comunidad.

El país empatizó con la tragedia vivida por muchos, y se organizó para ir en ayuda de los damnificados: organizaciones civiles, universidades, colegios, empresa privada,  los jóvenes; todos y de diferentes maneras, han ido aportando para superar las dificultades de tantas familias chilenas.

Ha sido tal el despliegue de solidaridad de la ciudadanía, que es un hecho digno de recordar, apreciar  y aprender de él.  No debiera pasar al olvido con rapidez, como suele sucedernos, sino que, debiéramos sacarle provecho formativo, ocuparlo como estímulo para que  los valores prosociales que emergieron, sean valores deseables y posibles de alcanzar por todos.

En estos días estamos observando un tremendo trabajo de las instituciones de estado y de voluntariado organizadas de nuestro país, una eclosión de voluntariado espontáneo; miles de jóvenes se han organizado para ayudar a paliar las necesidades de quienes sufren, muchos profesionales se han trasladado a las zonas afectadas para socorrer a las víctimas, millones de chilenos han donado dinero, alimentos, frazadas, etc. para ayudar a quienes lo perdieron todo, numerosas empresas privadas han entregado aportes materiales y recursos que contribuyan a superar la emergencia y reconstruir lo arrasado. Sumado a todo esto, se están haciendo públicas muchas historias de heroísmo en que personas, tanto rescatistas profesionales como improvisados, se han arriesgado para ayudar a cercanos y a desconocidos.

La tremenda energía solidaria desplegada por tantos ciudadanos desde todos los ámbitos de nuestro país no debe ser opacada por la vuelta a la normalidad, cuando estímulos y obligaciones cotidianas nos lleven a imbuirnos en nuestros propios problemas y distracciones.

Tenemos una tremenda oportunidad para que nuestros niños y jóvenes descubran que hay muchísima gente de nobles sentimientos, que unidos en torno al bien común se siente una gran satisfacción en el alma, y que su participación regular como ciudadanos es fundamental para el logro de una sociedad en la cual el bienestar de todos es importante y que promueva el valor de servir a los demás.

La familia y la escuela tienen una misión fundamental en torno a la formación ciudadana y de valores prosociales de niños y jóvenes. Esta formación es posible, y se puede intencionar y organizar en la escuela, para esto necesitamos generar los espacios que la permitan y capacitar a los docentes en estrategias para la formación socioafectiva y ética de los estudiantes.

Hoy, más que nunca, sabemos que esta formación es necesaria y posible, hemos visto tantos valores convertidos en realidades, que podemos partir por reconocerlos, valorarlos y luego dedicar tiempo y recursos para crear las condiciones para que niños y jóvenes puedan desarrollar su potencial solidario y prosocial.

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