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24 de Mayo de 2013
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Taller para padres:

Autoestima infantil, un seguro para la vida

cara de la terapeuta Carolina Bermejo

El nivel de autoestima que posee el niño -según Carolina Bermejo- determina su desarrollo afectivo, social, intelectual, escolar, profesional y espiritual. La autoestima incide directamente en varias dimensiones de la personalidad humana.



 cara de niño mirando la cámara

Si bien es cierto el profesor tiene un papel destacado en cuanto a mediar en cómo el niño va a relacionarse con estas materias, no debería desempeñar otro papel que no fuera este: “MEDIADOR”. 

mamá e hija

Padres con buena autoestima crían hijos con buena autoestima, padres responsables crían hijos responsables, padres sociables crían hijos sociables.

 
 

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Los niños que tienen un fuerte sentido de su propia valía crecen como individuos físicamente más sanos, más motivados para aprender y progresar, con mayor tolerancia a la frustración y mayor seguridad en sí mismos. Por eso es importante que los padres desarrollen el autoestima de sus hijos.

cintillo de las sección opinión experta del escritorio de familia

por Carolina Bermejo

Permitir que el niño se sienta querido por su propia valía constituye uno de los cimientos básicos sobre los que se construye y consolida la autoestima que tendrá de adulto. 

El nivel de autoestima que posee el niño determina su desarrollo afectivo, social, intelectual, escolar, profesional y espiritual. La autoestima incide directamente en varias dimensiones de la personalidad humana.

El objetivo del taller para padres “Autoestima infantil” que realizo, es el de enseñarles a ellos qué es la autoestima, cómo se forma, cuáles son los principales agentes formadores, que rol juegan los padres en su formación y cuáles son los canales de comunicación que más impactan en esta formación durante la niñez y adolescencia. Además, se entregan herramientas básicas para mejorar la comunicación con el menor, apuntando a consolidar una buena autoestima en él.

Durante la primera infancia el lenguaje corporal es el primer canal de comunicación percibido por el niño, incorporándose paulatinamente el lenguaje verbal. Cuando un padre o madre dice “que niña tan buena”, la niña percibe que es buena por inconcreta que sea la expresión, apoyada en los gestos de la cara de quien se lo dice, el tono de voz o las caricias que puedan acompañar la frase. La niña recicla estos estímulos y va formando en su interior un concepto de su yo.

Si la persona recibe múltiples estímulos positivos durante su niñez y adolescencia, su vida la basará sobre esos cimientos. Por el contrario, cada vez que el niño es rechazado, criticado, abandonado, sobreprotegido o sobre-exigido va cimentando en él un sentimiento de inutilidad.  Frente a estos estímulos negativos el niño, menor de 6 años, no cuenta con los filtros necesarios para diferenciar lo que puede ser real de un comportamiento irracional o neurótico, y los acepta como si fueran verdad. Después de los 6 años, el niño ya cuenta con filtros que le permiten evaluar los estímulos externos, reflexionar y concluir qué comentarios o comportamientos de otros pueden no tener base real.

Es de suma importancia y responsabilidad directa de los padres, que el niño cuente con una buena autoestima al ingresar al colegio. Al hacerlo, debe contar con las herramientas básicas de habilidades sociales y valoración, ya que es aquí cuando el niño comienza a enfrentar la vida lejos de la tutela paternal y maternal, y se tendrá que apoyar en sus propios recursos para relacionarse con su entorno.

Es importante destacar que la autoestima y los recursos de vida con que cuente el niño van a ser heredados directamente de sus padres. Muchos de ellos ven en el colegio un formador en materia de habilidades sociales, responsabilidad y valoración, y traspasan al profesorado la tarea formativa. 

Si bien es cierto el profesor tiene un papel destacado en cuanto a mediar en cómo el niño va a relacionarse con estas materias, no debería desempeñar otro papel que no fuera este: “MEDIADOR”. Es el profesor quien puede evaluar de manera objetiva los recursos con que cuenta el niño y orientar a los padres al respecto, pero sin duda son los padres quienes tienen la tarea formadora. Ellos deben enseñarle al niño cómo relacionarse con otros, reforzarle su valía, mostrarle cómo aprender de sus errores y asumir las consecuencias de sus actos.

Padres con buena autoestima crían hijos con buena autoestima, padres responsables crían hijos responsables, padres sociables crían hijos sociables.

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